Spike Lee, 30 años atrás



“Nora Darling”, es una de esas películas clásicas para cierto sector de la sociedad que ve en el cine una posibilidad de lucha política, dentro de la cual, esos incansables activistas de la condición de género  han tomado como un ícono cinematográfico que, en los años ochenta, marcaron el inicio de una de las carreras fílmicas más prometedoras de la historia del cine. El señor Spike Lee no sólo empieza su recorrido por este arte, sino que le dice  al mundo que, a su servicio, piensa poner todo su empeño como uno de esos enérgicos luchadores sociales, de contenidos antirracistas. Y es que su trabajo no ha sido uno más de la lista ya larga de directores que han hecho del cine el medio para exponer y defender sus ideas políticas. El director, nacido en Atlanta, Georgia, pero que ha vivido sus mejores años en Brooklyn, se ha establecido como el artista más marcadamente defensor de  los derechos de la población afroamericana, realiza esta obra notable, en una de las películas más importantes de esa década.
Ahora, a más de 30 años del estreno de esta obra, Netflix decide hacer una serie televisiva de  diez capítulos que retoma la historia de esta mujer, que expresó sus sentimientos a través de una vida sexualmente activa, sin los usuales escrúpulos impuestos o autoimpuestos por influencia de una sociedad censuradora.
Nora Darling, interpretada por Tracy Camila Johns, es una artista estadounidense que mantiene una relación triple con hombres con personalidades enfáticamente distintas, casi típicas. Uno de ellos es un hombre romántico, que se deja llevar por las sensaciones en la determinación de sus relaciones afectivas, que  esboza un temperamento fuerte pero comprensivo e impulsado por una celotipia tremenda. El otro, es un hombre prepotente que abusa del dinero para intentar comprar los afectos de las mujeres con las que se acuesta y que vive preso de la apariencia física  a través de sus constantes y duras jornadas de ejercicio corporal. Finalmente, el último de ellos es un hombrecito, interpretado por el propio Spike Lee, que tiene un carácter alegre, cuya marca de identidad recae en el buen sentido del humor y en el relajamiento de todas sus actuaciones. De los tres, como se concluye en uno de los múltiples diálogos entablados por el cuarteto, cada uno de esos hombres es  parte constitutiva de un único hombre; Nora no concibe la vida si no en la combinación monolítica de los tres. Esa tamaña sinceridad sexual y afectiva resuena como una declaración cínica de una mujer liberada de los prejuicios impuestos por una sociedad que no sólo condena las dudosas prácticas sexuales sino la condición de raza, que  intentó ser lo más auténtica posible, sin las mentiras usuales de la típica infiel. Sus relaciones no sólo fueron una demostración de independencia, sino una forma de vida que al final termina por mostrar que  el estado ideal para alguien que decide vivir su vida de este modo, es la soledad. Una autonomía del espíritu que termina por imponerse por su diafanidad  y por el desafío no consciente de una manera de ser.
Cada una de las relaciones establecidas por Nora tiene características distintas pero que en el fondo obedecen  a una misma personalidad, a unas mismas necesidades y quizás a unas mismas carencias.
Con Jamie, Nora encuentra  a un hombre patriarcal, alguien que le ofrece esa protección paterna que no tuvo  o que no pudo aprovechar convenientemente. De esa dulzura de carácter, esta mujer toma la gentileza que siempre buscó en un hombre, pero tanta sobreprotección terminaba por envolverla de tal modo que, siendo la mejor opción, según sus propios razonamientos, no termina por llenarla.  Con Greer, encuentra que la figura fuerte de este hombre preocupado por el dinero, le proporciona una seguridad económica que su honda racionalidad le aconseja constantemente, pero que finaliza como una falsa promesa de acompañamiento y de estabilidad. De su último amante, Mars, toma el buen semblante, los chistes y un carácter desenfadado, que brindaba esas condiciones de equilibrio para un carácter tambaleante como el suyo, pero al final, esa falta de sentido práctico, no permite encajar dentro de un mundo estable y seguro que necesita.
Para Nora Darling la exclusividad residió en la capacidad de adaptación a los sentimientos de los otros, pero teniendo en cuenta sus propias determinaciones. De ese enorme despojo de amor se desprendían demostraciones de sinceridad. El valor de su vida residió en su actitud desafiante, en su sentido de la honestidad y en la libertad por llevar su vida sin pensar demasiado en las represivas miradas de una sociedad doblemente limitada. La película, en blanco y negro, con algunos momentos adornado por el color, es un ejemplo típico del cine independiente, que con un guion bien elaborado se gana el favor de una crítica que ve a un joven de escasos 30 años irrumpir en la escena mundial, con una fuerza inusitada. Por su papel pionero en el cine de “genero”, Spike Lee, es sin duda un  director comprometido con sus creencias políticas, un defensor de sus convicciones que han hecho de la población afrodescendientes, un conjunto menos invisibilizado.

Como siempre, el cine de este artista estadounidense, muestra una frescura que sigue comprometiéndose con ciertos movimientos sociales, de naturaleza crítica, en un país estrictamente discriminador hacia las poblaciones más vulnerables, como las mujeres y la “población negra”.

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