El diablo viene del norte


De Sofía Coppola

“The beguiled” es una película distinta  de la obra fílmica estrenada en 1971 por Don Siegel. Ambas están basadas en el libro homónimo de Tomas Culinan, “Panted Devil”. La versión actual nominada para Latinoamérica como “El seductor” es la obra de una autora, esencialmente, aquella que tiene títulos importantes como “Lost in traslation”, protagonizada por Bill Murray y a la cual la crítica cinematográfica ha lanzado múltiples reconocimientos, a pesar del halo omnipotente que le ha dado el hecho de ser hija de uno de los directores más importantes de los Estados Unidos y uno de los más famosos a nivel mundial. O más bien por ser la hija cineasta de un autor que ha tenido buenos ratos, que ha hechos películas encomiables como “La conversación”, por ejemplo, en la minoría de los casos, pero que, en su mayoría, se ha dedicado a insuflar demasiado helio a los proyectos grandilocuentes que han contado con el aval de la industria de Hollywood, en detrimento de sus posibilidades estéticas, que sea dicho de paso, son muchas. No obstante, Sofía Coppola, es una artista que se ha hecho camino por méritos propios si tenemos en cuenta su mirada particular sobre los sentimientos, las ansiedades, las obsesiones, la cercanía y el alejamiento del sentir femenino, de su distancia con relación a los hombres, de sus temores manifiestos en sus películas casi como un resentimiento o una aprehensión difícil de precisar por las ambigüedades existenciales que sus personajes mujeres expresan ante la presencia de los individuos masculinos, y ante las grotescas amenazas que el mundo proporciona a esos seres desprotegidos y necesitados de afecto, porque los otros siempre contienen un mundo de posibilidades desafiantes que de vez en cuando muestran dosis suficientes de amor, pero a los que se les debe temer por su esencia humana. Los seres humanos son duales, ambiguos o ambivalentes dependiendo de las circunstancias, nadie es enteramente puro, no hay esencias determinantes de la condición de ser hombre porque la constitución falible de la humanidad ha igualado a hombres y mujeres en los temores, aunque el miedo haya podido tomar formas más visibles en las féminas.
“The Beguiled” conserva la imagen edénica del bosque como un ambiente propicio para salvaguardar el carácter tierno y dulcificado de las mujeres que no han sido manchadas aún por el pecado. La niña del bosque, camina en busca de unas setas para llevar a sus compañeras de reclusión. En ese ambiente hosco que trae la guerra, un conflicto sanguinario que acabó con la vida de cientos de miles de personas en la terrible década de los sesenta del siglo XIX, en eso que algunos llamaron “Guerra de secesión” y a la que se unieron miles de hombres inocentes seguros de paso hacia la muerte. Por eso los temores del soldado, interpretado por Colin Farrell, que yace al pie del árbol como una especie de premio o de hongo comestible parece también como una presa; esa combinación de manjar y veneno, se brinda como una aparición novedosa en medio de los dolores de la sangre que trae esa incruenta guerra norteamericana. Un soldado escapado del ejército Yankee, en una casa donde florecen las mujeres, es una manzana idílica que irremediablemente habrá de atraer la división. Eso hace que la mujeres aúnen fuerzas para deshacerse de semejante amenaza, que inicialmente es la de la carne para luego convertirse en una escisión inevitable de las habitantes de aquella casa perdida en los bosques de Virginia, reducto de los soldados del sur. La perversión cunde como una amenaza a pesar de que Coppola suaviza la repercusión del soldado en las prevenciones de las internas. El trato acaramelado de aquel hombre, a quien las fuerzas del mal han herido su pierna, son un anuncio de que algo malo se cierne sobre las vidas de aquellas hembras desprotegidas. La libido, se erige como un elemento provocador, pero sin énfasis; es simplemente un hecho natural de la constitución de la mujer, nada más, lo otro es  el desencadenante de las ansiedades que la soledad y el aburrimiento traen, en el desierto de la abstinencia. Cada una de las mujeres tiene su propia visión de mundo, la maestra protectora, interpretada por una puesta Nicole Kidman, solo busca mantener el orden y el bienestar de las otras mujeres, de las adolescentes y las niñas, sin chistar los deseo eróticos que le despiertan aquel sujeto maltrecho por el dolor en su pierna. La joven, incrédula del amor, quien recibe el cariño del soldado, entrepretada por una actriz fetichizada por Coppola, Kirsten Dunst, es una mujer que se entrega ante las palabras seductoras del hombre quien al parecer le corresponde seriamente. Ella, entrega su cariño incondicional, hasta que la solidaridad de género le habla como un condicionante de la vida que lleva  en aquel lugar desolado. La tercera Interpretada por Elle Fanning, en orden de edad, es una joven libidinosa, provocadora de los instintos sexuales de ese hombre abandonado y que ha desertado del ejército norteño. Las otras niñas, son ángeles apenas que pasan sus días en medio de los juegos y del trabajo abrasivo bajo esos soles sureños de los Estados Unidos.

Lo que la vida promete, la muerte arrebata; esa desorientación momentánea de los propósitos comunes  tan sólo son una pequeña desconcentración, al final prevalece la vida de las personas. Las  mujeres son solidarias en sus miradas. Se entregan a sus pasiones pero nunca dejan de mirar el norte autoprotector y para eso toman rienda de los mejores aparejos que la vida les ha dado, esa solidaria estancia de féminas que son amenazadas por el mundo.

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