La gran belleza Algunos planos parecen provenir del cine más auténtico de Fellini. Roma se infiltra por las imágenes como si el gran director italiano estuviese aun en funciones, alegrando nuestras vidas con nuevas obras fílmicas. De Roma quedan ecos en las secuencias en donde los personajes ruedan por las calles y por los claustros de los lugares que esa bella ciudad alberga, envolviendo a una gran cantidad de individuos en busca de esas obras del pasado. Esa majestuosidad, revivida magistralmente por Luchino Visconti en unas décadas anteriores, renueva el maximalismo de la ciudad imperial, tan imponente y todavía presente en los muros, en los edificios, y en sus columnas, representadas en imágenes. Encontramos quizás la nostalgia de un director llamado Paolo Sorrentino, un digno heredero de los cineastas más importantes de un lugar en el mundo, cuyos lentes reflejan el cine desde siempre. La ...