Philomena
El film se refiere a diversas
situaciones, trata distintos temas que tienen que ver con la moral, con el
nacionalismo, con el amor, con las relaciones filiales entre amigos, familiares
y otro tipo de personas. Philomena es
una obra que fácilmente puede arrancar una o dos lágrimas, tiene el raro poder de irlo preparando a uno
paulatinamente hacia un desenlace que
conmueve, porque previamente el director nos ha enredado en una trama
que afecta las fibras más sensibles como
humanos, como espectadores que nos conmovemos con las situaciones entretejidas
por unos personajes que van entablando relaciones frías, que lentamente se van tibiando hasta converger en
una historia sólida, bien contada, con grandes actores.
Una madre adolescente debe abandonar a su pequeño hijo
debido a que las monjas del convento, en el que vive, la obligan a hacerlo,
aduciendo motivos de corte moral, ya que la
joven no se encuentra casada con el hombre que la deja en embarazo. Con
el tiempo, la mujer rehace su vida, pero el recuerdo de su hijo la impele a
buscar el paradero de aquél. En algún momento, un periodista de temas políticos, recién despedido de su trabajo, le ayuda en la búsqueda. Entre ellos se desarrolla una
relación de complicidad, hasta que
finalmente reciben noticias de aquel hombre al que buscan.
El tema del perdón se encuentra en el centro
de aquella historia. ¿Hasta qué punto se puede mensurar el dolor de una madre a
la que por los imperativos que la moral impone, se le obliga a desprenderse de su hijo? No obstante, Philomena, una mujer
que es más una víctima de las circunstancias, que es presa de una moral
sobre determinante, a la que es difícil escapar por la presión social,
ha dulcificado su corazón con el tiempo.
Sus razones son las razones de la sabiduría que el sufrimiento, que la
ausencia, que la espera, han llenado su
corazón. Son las razones de una madre
que siempre fue presa de la ausencia del hijo al que nunca vio crecer,
pero que siempre ardió como una llama en el sentimiento vivo de su memoria. Ese
ejercicio, tan necesario en los tiempos que corren, es mostrado magistralmente
por el director británico Stephen Frears, el mismo hombre que hizo Las Relaciones peligrosas, película
aclamada por un grueso sector de la crítica.
En el momento más álgido del film,
Martin, interpretado por el actor inglés Steve Coogan, irrumpe en una habitación trasera del convento, lugar
en el que se halla la monja que hizo a su asistida, separarse de su hijo. Se
entabla entre ellos una discusión en cuya última frase exige un perdón por parte de la monja, que
finalmente nunca llegará. Detrás de él llega Philomena e interrumpe aquella
discusión, perdonando con palabras sabias a aquella anciana monja, a la que
excusa a pesar del dolor que le causó durante
tanto tiempo. Solo puede perdonar la víctima, sobre todo si está viva y está cerca para llevar a cabo el ritual.
Asimismo, el nacionalismo es reflejado en el origen de ambos, madre e
hijo, personas que nunca, a pesar del tiempo y de la distancia geográfica, han tenido a su país de nacimiento como el único sitio
al que vale la pena llegar para morir. En las banderas, en las frases,
en aquello que constituye un modo de ser colectivo se encuentra un orgullo por
la pertenencia a la Nación que los trasciende como ciudadanos. Irlanda es el
país de la tradición, en donde la familia ocupa un espacio central en el
corazón de las personas que nacen en ese lugar apartado, católico y olvidado
del planeta y re confeccionado en los Estados Unidos por los inmigrantes.
Philomena, una película ascendente
por la intensidad con la cual se van desplegando los acontecimientos, nos habla
del amor. Entre madre e hijo, entre amigos, entre personas comunes y personas
notorias que tienen distintas maneras de percibir el mundo. Martin, un
periodista prepotente que sólo quiere trabajar en el mundo de la política y
entrevistarse con grandes personalidades, desdeña inicialmente la encomienda de
escribir un artículo sobre un hecho tan banal en el que está implicada una
madre en búsqueda de un hijo perdido hace mucho tiempo. La razón para trabajar
en ello, es solo la razón que los sentimientos le ofrecen. El desgarramiento
del amor contenido por el tiempo, por la pena de no saber cuál es la vida
presente de alguien que tan sólo es un recuerdo ya difuso, es el motivo
preponderante para acceder a ayudar a aquella mujer.
Y así como esta señora, interpretada
por la gran Judi Dench, miles de mujeres de diversas edades tienen que luchar
con la incertidumbre de una pérdida como esas. ¿Cuántos casos de las mismas características no existen y que por la variedad de cada uno
de estos sucesos, deben condenarse al olvido?
Philomena es el prototipo de millones de mujeres, enredadas en las
complejas urdimbres de la moral, o de la guerra, o de otras circunstancias
sociales, que se han separado de sus
hijos.
La película es la adaptación
cinematográfica de la novela The lost child of Philomena Lee, escrita por el inglés Martin
Sixsmith. La historia está basada en un caso real acaecido a Philomena Lee, una
mujer que efectivamente buscó a su hijo durante 50 años, hasta que finalmente
tuvo noticias de él.
Philomena es una película de buen nivel. Su historia es conmovedora. La manera como se construyen los acontecimientos, hace de ella un film que
vale la pena ver. Hay algo en él que nos va colocando al lado de esta mujer encantadora.
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