El cisne negro y la secta de Buda.





"Holly hell"(2016) de Will Allen. Documental que muestra la entrega espiritual de un grupo de 150 personas durante 22 años, quienes siguieron a un maestro fundador de una secta llamada "El campo de Buda" en los Estados Unidos. La continuación de un modo de vida hippie, con su amor al prójimo, a los animales y al mundo, es una recreación de las comunas californiana de los sesentas. Los miembros de este grupo profesaron una adhesión reverencial por "Michel", ese maestro carismático que les ofrecía un escape para sus debilidades: ser homosexuales, ser violados, no tener dinero... Con regresiones, "Andreas", nuevo nombre del maestro, instigaba a los jóvenes a confesar sus intimidades a este ex-actor de Hollywood. Pero detrás del miedo siempre hay oscuridad. Jaime Gómez era su nombre, venezolano él, ex-actor porno gay resultó ser un impostor que abusaba sexualmente de los muchachos a los que impregnaba de sus cientos de kilos de maquillaje que se aplicaba en ese cuerpo que cuidaba desmesuradamente y lo exprimía hasta la saciedad en sus clases de ballet; las regresiones fueron un trampolín para violarlos sistemáticamente; sus ínfulas de divo, sólo permitieron la admisión de hombres y mujeres físicamente bonitos.
El documental es una denuncia, pero no explica adecuadamente esa adhesión ciega a un hombre como éstos. Los mismos ex-miembros de aquella secta hacen sus declaraciones ante la cámara del documentalista que también sufrió los atropellos de "Reiji", nuevo nombre del maestro que ahora vive en Hawaii. Jaime Gómez, en verdad hizo lo que hacen todos esos pastores actuales, incluidos los cristianos y católicos, jugar con los vicios espirituales de las personas, a las que reclutan como un ejército de esclavos que entregan su alma a los farsantes que se arrogan el monopolio de la fe.
Sin duda, un hombre como él, un venezolano que se hace notar en un país diverso como Estados Unidos, pero al que las puertas de los extranjeros  se cierran sistemáticamente, es un personaje muy especial. Sus ademanes, sus posturas pensadas escrupulosamente, su manierismo, su disciplina y, especialmente su poder de convencimiento lo destacan como un típico exponente de la dominación carismática de que hablaba Max Weber en  ese monumental libro llamado “Economía y sociedad”. Jaime Gómez desarrolló una versatilidad insospechada pero que corresponde a aquello que los líderes religiosos hacen adherir a emanaciones divinas, cuando en realidad, detrás de todo ese corpus “espiritual” corren profundos complejos emocionales que requieren de personas sumisas para que aquellos personajes puedan eclosionar a la vida pública y aún más, para darle sentido a una vida privada que necesita de continuas adulaciones para que la vida privada no se desmorone. Ese es uno de los méritos del documental, que es capaz de captar todo el proceso de convencimiento de los nuevos adeptos a  esa secta, tal como lo había hecho cuatro décadas antes el líder de la “Cienciología, Ron Hubbard. Los miembros del “Campo de Buda”, vieron, en sus comienzos, a un hombre con un dón de liderazgo que suelen tener ciertos pastores de ciertas iglesias o de ciertas sectas, pero la diferencia de este hombre estribaba en que usaba gafas deportivas de marca, pantalonetas deportivas y podía hacer bromas juveniles   arrojando una impresión de distensión, poco  comunes para este tipo de líderes.  A medida que van pasando los minutos, el documental, muestra algunos excesos de Jaime Gómez, que siguen siendo aceptados ciegamente por los miembros del grupo. Sin embargo, cambios de humor, exigencias desmedidas como la separación absoluta respecto de los padres o hermanos, degeneraron las buenas relaciones entre los integrantes y de éstos con respecto al maestro. Entre estas exigencias se hallaba la sumisión absoluta de algunos servidores personales de Gómez que incluso en momentos posteriores de la reclusión, convierte a éstos en esclavos sexuales y cuya explicación, recaía en pruebas de fe como si fueran requisitos impajaritables para dar más cohesión a dicha secta.
El documental es una crítica social no de intelectuales sobre el fenómeno religioso, sino un sentido grito de ayuda a la sociedad en general  de las “víctimas” para que se dé cuenta del negocio privado que constituye ciertas sectas.  Si bien, uno puede exculpar un poco el comportamiento de Jaime Gómez debido a que su obrar se alimentaba de la persuasión. Salvo los casos de esclavitud sexual, las personas que decidieron adjuntarse a este grupo  se atuvieron a las condiciones iniciales de membresía, si bien es cierto, que con el paso del tiempo, cambiaron y algunos de ellos, se retiraron a tiempo. No obstante, otros de los miembros, permanecieron en la secta, porque vieron en él un modo de vida que satisfizo los deseos y las carencias formados durante todas sus vidas. Tal vez, la monotonía de la vida pública de algunas personas, sea el combustible principal para la fácil adhesión a grupos que ofrecen alternativas de vida distintas; en este caso, Jaime Gómez, con sus métodos creativos y sobretodo, con su enorme carisma, supo proporcionar un modo de vida neohippie, con esas hondas ilusiones  en la generación de energías supra terrenales que hablan del amor universal.

En esencia, el documental,  quizá sin intención, sugiere que los hombres y las mujeres de este mundo moderno, necesitamos modos de vida distintos; que en el mundo, el dolor y el sufrimiento, requieren paliativos que pueden mitigar ostensiblemente lo insoportable de la existencia. Mientras sigamos viviendo en medio de tanta incertidumbre, seguirán proliferando varios Jaimes Gómez que continuarán aprovechándose de estas necesidades emocionales.

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