La serpiente de tres cabezas Los cantos de la memoria se extinguen fácilmente. Algunos personajes se van durmiendo lentamente después de haber sido celebrados por un grueso de la población. Stanislaw Szukalski es uno de esos hombres, es uno de eso raros especímenes que las tendencias políticas y el movimiento de la cultura obnubilan o arrojan a luz para brillar eternamente. Nació en un pueblecito de Polonia en las postrimerías del siglo XIX cuando su tierra natal estaba huérfana de grandeza. Hijo de un hombre que tuvo que emigrar a tierras estadounidenses para ganarse la vida como obrero de fábrica como solían hacerlo miles de europeos que veían en América la única posibilidad de ganarse la vida. Su amor por aquel hombre no terminó nunca y esa reverencial admiración ni siquiera culminó el día que cargó a su padre hasta la morgue local por las calles de los Ángeles, luego de que un automóvil lo atropellara y de cuya experiencia, según él, quedara ese increíble ...