Los huérfanos celtas
De Chris Pine
David Mackenzie se avizora como
uno de los directores más relevantes de las próximas décadas. De su
“Comanchería” se advirtieron los mejores comentarios no sólo por el público especializado
si no por la crítica purista. En esa obra, se contaba la historia de dos
hermanos que robaron un banco para salvar una granja familiar. Más que esa
simple advertencia de historia, esa película es un viaje al corazón de las
profundidades estadounidenses, que llega a desplegar una bella estética que
atmosféricamente muestra al ser humano solo ante el espacio físico pero sobre
todo a la indiferencia y a la frialdad del otro frente a los problemas propios.
Ahora, ese director, nos presenta
una obra que seguramente viene concebida desde su entraña como persona que ha
nacido en un país acostumbrado al autoritarismo del imperio inglés. “El legítimo
rey” es protagonizada por el buen actor californiano, Chris Pine, de 38 años,
cuya participación en “Comanchería”, tuvo buena recepción del público. La
historia es la de un hombre con título pero sin poder, un rey con una corona de
poco peso, porque la guerra de rebelión emprendida por el revolucionario
William Wallace, fue apaciguada sangrientamente por los ingleses y había dejado
sumidos en la confusión a los escoceses que se desperdigaron para la lucha en
los innumerables clanes. El rey Roberto I Bruce asume entonces las banderas de
Wallace por motivos egoístas primero por sentir vulnerado su derecho de sucesión
y luego por las injusticias cometidas por el rey Eduardo I de Inglaterra, a
quien le habían jurado lealtad. De ahí en adelante, la película reitera los
atropellos físicos y psicológicos contra los humildes campesinos escoceses. La
rebelión es una muestra de la enjundia de unos pocos soldados que no
permitieron la opresión del imperio hasta que pactaron la tregua los dos reinos
en el año 1302.
Desde el juramento de lealtad al rey de Inglaterra,
la ruptura con aquel, debido al excesivo
régimen tributario y a la confrontación con el imperio, el director construye
una atmósfera opaca como si el paisaje determinara las oscuras intenciones del ejército de Eduardo I.
Como telón de fondo las nubes, los
suelos pantanosos y las montañas que adivinan mal tiempo, la película es
enfática en que la naturaleza, al estilo shakespereano, extiende sus ecos en la personalidad de los
seres humanos. El mundo físico tiene vida y habla por la boca de los hombres.
Además, sin la espectacularidad bélica de “Bravehearth”, pero con la sobriedad
de una película menos comercial, “El rey legítimo” construye toda una personalidad a los
principales individuos: a Roberto I Bruce, le endilga razones de peso político
pero no especialmente, las personales, para justificar su levantamiento ante
los ingleses. La relación que establece con su reina se teje lentamente, con
plena relevancia para la historia. Pequeños detalles como la marcada autoridad de los hombres sobre las
mujeres pero también el amor que se genera entre ellos (mostrado correctamente
en la escena de cama), aunado al respeto religioso a la sucesión entre los
herederos de la corona, particularmente entre hermanos, suman a la calidad de
la obra. También, el director, no es muy atenuador de las escenas que denotan
una gran cantidad de violencia; la sangre, al igual que en “Bravehearth”, corre
desmedidamente por los suelos escoceses. La astucia de un ejército,
prácticamente de descamisados, es un
factor común con la película referenciada y que se observa en los últimos veinte
minutos de aquélla. El engaño del terreno fangoso donde el ejército rebelde
acribilla al ejército inglés se mueve en una burbuja de inverosimilitud, porque
este ya había transitado miles de veces por esa topografía agreste. El paisaje
es un infierno poderoso para quien desconoce sus numerosos baches, pero se
convierte en el paraíso para los celtas que han luchado toda su historia con
sus inclemencias.
Un lugar especial en la película
es el del plano secuencia largo, en el cual los nobles escoceses conciertan obediencia
al imperio inglés. Su inicio está en el
interior de una tienda, en ésta se
encuentran Eduardo I de Inglaterra, sus cuatro hijos, incluido el heredero al
trono, Roberto I de Bruce, su padre, el legítimo rey de escocia y sus hijos,
continúa con una salida continuada de la cámara que sigue a varios de los
asistentes a la reunión, para finalizar en una batalla entre Roberto I de Bruce
y el heredero al trono inglés, que se convierte en un preámbulo de la
confrontación final entre los dos reyes a campo abierto. El plano-secuencia, denota un dominio
admirable de los recursos técnicos y estéticos del cine para poner al
espectador en una atmósfera inicial de tensiones entre los nobles.
Finalmente, “El legítimo rey”, a
pesar de sus imprecisiones históricas (como el asesinato por mano propia de
Cumin, el noble escocés también heredero al trono, cuando quienes en realidad
lo mataron fueron sus lugartenientes), no mella la calidad de la obra, porque
se entiende que las funciones estéticas se enriquecen con las licencias
históricas. Con esta película, Chris Pine, se muestra como un hombre de
confianza de un buen artista que ya eligió a su actor fetiche. Si bien, esta obra no tiene la altura
estética de “Comanchería”, se convierte en una ratificación del trabajo bien
planificado de un hombre que lleva más de 16 años de carrera, pero que apenas
ahora logra un reconocimiento importante.
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