Me escondo tras una
máscara
De Orson Welles
Orson Welles es tal vez el
director de cine más criticado de toda la historia, el más vapuleado por sus
proyectos ambiciosos y llenos de un aura de misterio que siempre alimentaron
las expectativas del público y uno de los más innovadores estéticamente en un
género en el cual la estructura ya no parece cambiar significativamente. En
1971 inicia un proyecto cinematográfico que anunció durante mucho tiempo pero
que nunca logró estrenar en vida. Esa película tiene un nombre poético: “Al
otro lado del viento”.
Aunque él siempre lo negó, esta obra es un reflejo de
su rol como director de cine. La historia
consiste en el relato del último día de vida de un director que había
triunfado en Hollywood y luego cae en picada. Hay dos películas dentro de la
misma obra, la primera es la del propio director viviendo los momentos previos
y posteriores a su exhibición; la segunda, es una historia de amor cuyas
imágenes son un homenaje o una burla a las películas de atmósfera europeas,
especialmente las de Antonioni. Personajes de su generación como su gran amigo
John Huston es el actor que interpreta al director “Jake”Hannaford; su amante
Oja Kodar es la protagonista de la otra historia; su amigo Peter Bogdanovich es
el otro director al cual Welles satiriza tal vez por su éxito publicitario que
lo elevó a la cima de las taquillas de la época. La crítica de cine que
persigue a Hannaford para formularle
preguntas mordaces es Pauline Kael. La esposa de Bogdanovich se convierte en
una actriz desastrosa.
“Al otro lado del viento” tiene
imágenes geniales en una o dos escenas, pero el resto de la obra es una
reconstrucción un tanto desordenada de miles de rollos fílmicos que el propio
Welles dejó archivados, al lado de cientos de papeles, anotaciones e
instrucciones que luego el productor Frank Marshall se encargó de editar para
sacarla a la luz después de 47 años. La más comentada de todos los críticos es la escena de sexo en el
auto entre los dos protagonistas, por iniciativa de la dama que a través de un
juego de seducciones ambientada por una lluvia pertinaz, le hace el amor a su
amante ante la mirada ladeada de un conductor indignado. Las imágenes sugeridas
son de una elevación simbólica que magnifica las sugerencias, no las imágenes
explicitas de sexo, propensión que siempre rodearon los filmes del director
estadounidense, envueltos en un manto de pacatería que Welles defendía diciendo
que este tipo de escenas distraen la atención del público para detallar el
arte.
En un documental que el mismo
Frank Marshall produce, llamado “Me amarán cuando esté muerto”, se muestran
algunas claves de la realización de la película de Welles, con frases y
momentos de plena espontaneidad que muestran a un hombre encantador, firme con
sus respuestas pero siempre jocoso. Welles era ese tipo de individuo que llenaba
los espacios con su figura maximalista y con esa personalidad arrolladora que,
bajo la forma de hombre bonachón, lanzaba frases de un hombre sabio, al cual
vale la pena seguir como uno de los grandes genios del siglo XX. En este visor
fílmico, el director estadounidense habla de su obra para generar una ansiedad
de críticos por ver la nueva obra de un director que había decidido exiliarse
en Europa por dos décadas, dejando a sus admiradores huérfanos, porque el cine
de la época estaba sombreado por las películas de público masivo como “Tiburón”
de Steven Spielberg.
A Welles, lo rodearon los
problemas de financiamiento, como se pudo apreciar en el discurso de la
ceremonia del Oscar honorífico entregado en 1971 a toda una vida, en la que en
tono de broma habla de su necesidad de dinero. En esa ceremonia se exhibe una
escena de la película, con lo cual la fama de la obra se acrecienta. Esa
expectativa tan sólo fue una de las
manifestaciones del perfeccionismo del director a quien acusaban de improvisarla.
“El otro lado del viento” parecía un barco sin rumbo porque Welles planificaba
la historia día a día. La enorme confianza de sus colaboradores era suficiente
para seguir el ritmo de trabajo cotidiano. Algunas escenas parecían fruto de
falta de ideas claras: la escena de los enanos subiendo por unas escaleras, o
la de los maniquíes sobre el carro en movimiento.
Muchos de los miembros del equipo
realizador de la película, tuvieron que trabajar en proyectos alternos para
poder sobrevivir porque no había presupuesto para los sueldos ni para las
locaciones. Su camarógrafo Gary Graves se vincula a películas porno con un
seudónimo y en un hecho anecdótico el
mismo Orson Welles dirige una escena de ducha en una de esas tantas filmaciones
que realizara su colaborador estrella.
“Al otro lado del viento” es el
gran proyecto inacabado, como la obra que aparentemente iba a reivindicar la
celebridad cinematográfica de un genio y en la que homenajea a varias estrellas
de la época, pero que en realidad era simplemente una máscara detrás de la cual
un genio se ha escondido para no delatarse. Pero la figura de aquel es tan
grande que su luz no podía pasar desapercibida en un medio en el cual los ojos
se agudizan para percibir los más pequeños detalles.
Orson Welles ya era un hito del
arte cinematográfico antes de esta película. Su carrera se inicia
sorprendentemente temprano, y se acaba alarmantemente temprano. “Ciudadno Kane”
es su cumbre pero también su partida de
defunción, lo demás son citas a pie de página.
Orson Welles es tal vez el
director de cine más criticado de toda la historia, el más vapuleado por sus
proyectos ambiciosos y llenos de un aura de misterio que siempre alimentaron
las expectativas del público y uno de los más innovadores estéticamente en un
género en el cual la estructura ya no parece cambiar significativamente. En
1971 inicia un proyecto cinematográfico que anunció durante mucho tiempo pero
que nunca logró estrenar en vida. Esa película tiene un nombre poético: “Al
otro lado del viento”.
Aunque él siempre lo negó, esta obra es un reflejo de
su rol como director de cine. La historia
consiste en el relato del último día de vida de un director que había
triunfado en Hollywood y luego cae en picada. Hay dos películas dentro de la
misma obra, la primera es la del propio director viviendo los momentos previos
y posteriores a su exhibición; la segunda, es una historia de amor cuyas
imágenes son un homenaje o una burla a las películas de atmósfera europeas,
especialmente las de Antonioni. Personajes de su generación como su gran amigo
John Huston es el actor que interpreta al director “Jake”Hannaford; su amante
Oja Kodar es la protagonista de la otra historia; su amigo Peter Bogdanovich es
el otro director al cual Welles satiriza tal vez por su éxito publicitario que
lo elevó a la cima de las taquillas de la época. La crítica de cine que
persigue a Hannaford para formularle
preguntas mordaces es Pauline Kael. La esposa de Bogdanovich se convierte en
una actriz desastrosa.
“Al otro lado del viento” tiene
imágenes geniales en una o dos escenas, pero el resto de la obra es una
reconstrucción un tanto desordenada de miles de rollos fílmicos que el propio
Welles dejó archivados, al lado de cientos de papeles, anotaciones e
instrucciones que luego el productor Frank Marshall se encargó de editar para
sacarla a la luz después de 47 años. La más comentada de todos los críticos es la escena de sexo en el
auto entre los dos protagonistas, por iniciativa de la dama que a través de un
juego de seducciones ambientada por una lluvia pertinaz, le hace el amor a su
amante ante la mirada ladeada de un conductor indignado. Las imágenes sugeridas
son de una elevación simbólica que magnifica las sugerencias, no las imágenes
explicitas de sexo, propensión que siempre rodearon los filmes del director
estadounidense, envueltos en un manto de pacatería que Welles defendía diciendo
que este tipo de escenas distraen la atención del público para detallar el
arte.
En un documental que el mismo
Frank Marshall produce, llamado “Me amarán cuando esté muerto”, se muestran
algunas claves de la realización de la película de Welles, con frases y
momentos de plena espontaneidad que muestran a un hombre encantador, firme con
sus respuestas pero siempre jocoso. Welles era ese tipo de individuo que llenaba
los espacios con su figura maximalista y con esa personalidad arrolladora que,
bajo la forma de hombre bonachón, lanzaba frases de un hombre sabio, al cual
vale la pena seguir como uno de los grandes genios del siglo XX. En este visor
fílmico, el director estadounidense habla de su obra para generar una ansiedad
de críticos por ver la nueva obra de un director que había decidido exiliarse
en Europa por dos décadas, dejando a sus admiradores huérfanos, porque el cine
de la época estaba sombreado por las películas de público masivo como “Tiburón”
de Steven Spielberg.
A Welles, lo rodearon los
problemas de financiamiento, como se pudo apreciar en el discurso de la
ceremonia del Oscar honorífico entregado en 1971 a toda una vida, en la que en
tono de broma habla de su necesidad de dinero. En esa ceremonia se exhibe una
escena de la película, con lo cual la fama de la obra se acrecienta. Esa
expectativa tan sólo fue una de las
manifestaciones del perfeccionismo del director a quien acusaban de improvisarla.
“El otro lado del viento” parecía un barco sin rumbo porque Welles planificaba
la historia día a día. La enorme confianza de sus colaboradores era suficiente
para seguir el ritmo de trabajo cotidiano. Algunas escenas parecían fruto de
falta de ideas claras: la escena de los enanos subiendo por unas escaleras, o
la de los maniquíes sobre el carro en movimiento.
Muchos de los miembros del equipo
realizador de la película, tuvieron que trabajar en proyectos alternos para
poder sobrevivir porque no había presupuesto para los sueldos ni para las
locaciones. Su camarógrafo Gary Graves se vincula a películas porno con un
seudónimo y en un hecho anecdótico el
mismo Orson Welles dirige una escena de ducha en una de esas tantas filmaciones
que realizara su colaborador estrella.
“Al otro lado del viento” es el
gran proyecto inacabado, como la obra que aparentemente iba a reivindicar la
celebridad cinematográfica de un genio y en la que homenajea a varias estrellas
de la época, pero que en realidad era simplemente una máscara detrás de la cual
un genio se ha escondido para no delatarse. Pero la figura de aquel es tan
grande que su luz no podía pasar desapercibida en un medio en el cual los ojos
se agudizan para percibir los más pequeños detalles.
Orson Welles ya era un hito del
arte cinematográfico antes de esta película. Su carrera se inicia
sorprendentemente temprano, y se acaba alarmantemente temprano. “Ciudadno Kane”
es su cumbre pero también su partida de
defunción, lo demás son citas a pie de página.
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