Cazador de luz Hay una angustia fundamental en el rostro de aquel hombre. Lo adivinamos cuando, atado a un mástil, en un bote, decide captar la fuerza de la tormenta, en medio del mar, mientras su sensibilidad se forja nuevos instrumentos espirituales para captar la realidad por medio de la paleta. Y la vemos también en aquellos largos momentos, frente a la playa, en un cuartucho desvencijado por el tiempo y regodeado por la plena naturalidad que, las embestidas del mar, emprenden, arrojando sus nuevas sensaciones sobre el pintor nacido en Convert, Garden, Londres, Inglaterra. Pero sobre todo la vemos en ese rostro impertérrito, perdido en el horizonte, mientras clava sus ojos en el transcurso de cada momento, milímetro a milímetro, de los insondables paisajes que intentaba construir en su mente para no traicionar el flujo natural. En ello hay una profunda admiración a un mundo que se le aparecía irreconocible, incluso a su aguda percepción. Er...