La tristeza de un
hombre solo
“El primer
hombre” es una película basada en un libro del mismo nombre, cuyo escritor es James R. Hansen. Cuenta la vida del astronauta estadounidense,
Neil Armstrong, en los años que comprenden el periodo que va de 1961 a 1969,
cuyo desenlace es nada más ni nada menos que el alunizaje del hombre en nuestro
satélite natural. Su dirección corre a
cargo de Damien Chazelle, joven cineasta que tiene dos éxitos taquilleros: “Whiplash”
y “La La Land” y que ya cuenta con la confianza de los productores de Hollywood
para paliar un poco el exceso de comercio bajo el manto de películas que
parecen “de autor”.
La grandilocuencia temática de las obras de este director,
continúa con este biopic reciente, cuyo personaje es uno de los prototipos del
héroe americano que representa todo el empuje del ciudadano estadounidense. En
“Whiplash”, vimos a un joven músico que se sobrepone a todas las dificultades
con el fin de lograr sus sueños en un medio hostil. En “La La Land”, un hombre lucha contra las
prerrogativas de un mundo difícil que impide su autorrealización como artista.
Ahora, Chazelle, resalta el universo psicológico de un astronauta que se
convierte en uno de los referentes aeroespaciales del planeta, cuidando los detalles
de personalidad, en que la muerte de la pequeña hija de Armstrong y sus deseos
de encontrar una nueva perspectiva sobre el hombre como especie, hacen de este
individuo un personaje complejo. La expresividad del astronauta tiene una
conexión directa con sus afecciones familiares y un deseo ferviente de
convertirse en un pionero que perseguía el sueño de alcanzar un recodo más de
los enormes desconocimientos que los humanos tenemos de nuestro universo. Sólo
dos momentos de la película abren el espectro expresivo del personaje central.
El primero de ellos ocurre cuando el director de la misión Viaje a la luna le
pregunta cuál es la razón personal para hacer esta exploración; Armstrong
contesta sin inmutarse que sus razones son de orden trascendente, que de ese
modo los seres humanos podemos conocernos más y vernos en perspectiva frente al
espacio; el segundo, corresponde a la conversación que, la esposa obliga a
tener con sus dos hijos; este padre elusivo, contesta parcamente las preguntas
de los niños. Una de la marcas de personalidad del astronauta que se puede
apreciar en la película es su lúcido pragmatismo, que se difumina formalmente
en los actos al lado de sus seres queridos. Tal vez, la obra se queda corta en
la construcción de los senderos que muestren al espectador la erección del
liderazgo que lleva a este héroe del espacio a encabezar la misión más
importante de los Estados Unidos en su historia aeronáutica. Las escenas lo
muestran como un ingeniero dedicado, y las escenas se hacen de manera aislada,
de modo que hay que suponer demasiado
para entender cómo Armstrong ha reunido los méritos suficientes para imponerse
a los otros astronautas.
Creo que ese es el mérito de la película: describir las
características de personalidad de un hombre común que se convirtió en el
hombre más popular del planeta. Los hechos que marcaron el alunizaje y el
revuelo de haber alcanzado un logro tan importante no son especialmente
espectaculares. Las escenas de acción, aquellas que muestran la preparación en
artefactos construidos por la NASA, el entrenamiento para el abordaje a los
cohetes espaciales y el descenso a un nuevo mundo oscuro y extraño, apenas
irradiado por una tenue luz solar, acompañan el desarrollo del filme. Por eso
esta película se desmarca de las de este tipo, como “Apolo 11”, por ejemplo,
cuyo brillo parece recaer en el planteamiento y resolución del alunizaje. Éste
sólo comprende un bello desenlace del
sueño de un hombre que parecía destinado a este hecho memorable para la
humanidad y que parece quitarle el sueño a los conspirólogos que han visto en
este hecho, un plan secreto para dominar ideológicamente al mundo entero.
Las secuencias finales constituyen un logro bien desarrollado
por el director general y por el
director de fotografía por conseguir una coloración lumínica bien lograda. Los
pasos de Armstrong sobre la luna no obedecen a esos tics repetidos y faltos de
creatividad si no que aquí tienen una sutileza digna de admirar. La luna es simplemente un paso más en la larga
marcha de la humanidad por encontrarse a sí misma en los confines del espacio.
El camino de un solo hombre es un viaje
a las profundidades de la humanidad.
En este proyecto fílmico resaltan las actuaciones de Ryan
Gosling, actor de confianza del director y de su denodada esposa interpretada
por la actriz Claire Foy. La construcción del personaje de Armstrong está bien
hecha; la poca gestualidad, la economía de palabras y la participación del
astronauta en las escenas de acción denotan un trabajo bien medido. Del hombre público tenemos noticia por la
prensa y la información audiovisual, pero del hombre privado que se enfrenta a
una crisis afectiva por una pérdida reciente, la película arroja buenas luces.
Su esposa sufre en silencio, comprende la importancia que este hombre que la
acompaña en la vida tiene para el mundo, pero no puede desligarse de sus
propios afectos, de la influencia que su esposo tiene en sus propios hijos. Armstrong
es mostrado como un padre ideal, pero sumamente entregado a su trabajo como
para quedarse como un mero hombre de familia.
“El primer hombre” es una obra sobre la vida de un individuo
que se volvió famoso sin proponérselo y cuya tristeza provocada por los golpes
de la vida se transformó en un gran impulso creativo que lo llevó a la fama.

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