El corto vuelo de una paloma negra



"Muerte y vida de Marsha P. Johnson" de David France, el mismo director de "¿Cómo sobrevivir a una plaga?" es una película que cuenta la historia de esta activista de la comunidad transgénero en los años 60 y 70 del siglo XX. La muerte de esta mujer, dejó serias marcas en varias personas, entre ellas en Sylvia Rivera, otra de las líderes del movimiento LGTBI, quien muere desolada. Se especula sobre un asesinato, pero la muerte oficial dice "Suicidio", aunque no parecía tener una personalidad depresiva ni  parece propensa a este tipo de actos. La abogada Victoria Cruz emprende una campaña por ahondar un poco más en los sucesos de aquella muerte enigmática. En realidad, el documental muestra la vida de Marsha, de sus amigos, su lucha política y existencial; muestra una serie de entrevistas a personajes sensibles y aislados por la sociedad que aun considera a los travestis como especímenes raros.
 
Producida por Netflix, es una muy buena película que vale la pena ver. Este documental pertenece a esa serie de obras que intentan reivindicar los derechos de muchas comunidades aminoradas por la discriminación en el mundo entero, pero especialmente en los Estados Unidos, país que se destaca por promover este tipo de grupos, por su reconocimiento como parte integrante de una sociedad en continua explosión. Si bien es cierto, que dicho reconocimiento es un punto a favor de la defensa de las libertades civiles, es un hecho innegable que los señalamientos son frecuentes y que la proliferación de los extremos generan agrupaciones de consumada tolerancia que son un desprendimiento de los muchos movimientos históricos pro defensa de la individualidad como eje central de la sociedad. En este sentido, el documental sigue cumpliendo su propósito fundamental que consiste en el análisis crítico de acontecimientos históricos, empezando por la promoción de las denuncias audiovisuales de hechos que les suceden a personas que el rasero del olvido tienden a desconocer. Ese es el principal mérito de este filme porque visibiliza situaciones ocurridas en un momento álgido en favor de las protestas sociales en cuyo seno la sociedad se expresa para sentar su inconformismo en contra del autoritarismo generado en las décadas anteriores, propulsado por los años de guerras infernales que sumieron al planeta en un descontrol extremo. No sólo por ser transexual, sino por su origen afro descendiente, Marsha fue un ser que se erigió en un símbolo de las luchadoras sociales, a las que un gran bloque del conjunto estadounidense, intentó suprimir, mediante el señalamiento directo o mediante la indiferencia. La película es cuidadosa en mostrar los rasgos de carácter de este ser admirable, por cuanto destaca el timbre de su voz, las picardías de mirada, la espontaneidad para decir lo que decía, las demostraciones de afecto a sus amigos y las sutilezas de afecto ofrecidos a los que se opusieron a las discriminaciones en los tormentosos años sesenta y setentas del siglo anterior.
En el año 1960 ocurrieron algunos disturbios en el pub Stonewall Inc, localizado en el barrio newyorkino de Greenwich Village, punto y medida de la lucha que emprendió la comunidad LGBTI por primera vez contra la represión de la fuerza pública. Este hecho, por ese motivo, se considera iniciático de las luchas posteriores que dicha comunidad realiza, teniendo como enemigos a las fuerzas policiacas que fueron respaldadas no solamente en contra de la población afro, sino contra “los depravados inmorales” que los moralistas señalaron como pervertidores de “las buenas costumbres americanas”. La muerte de Marsha quedó sumida en una sombra.  Si bien, las autoridades oficiales dictaminaron que aquella defunción se debió a un suicidio, algunos hechos que rodearon el fallecimiento de aquella mujer, no quedaron claros. La personalidad de ella no tenía, según los especialistas, los rasgos depresivos que generalmente muestran los suicidas. Los mismos policías motivaron las dudas  debido a su renuencia a hablar de este caso polémico. Pero, el punto que ofrece más controversia en esta muerte, es presidido por la intervención de la mafia en el asunto.  El bar Stonewall Inn era propiedad de los mafiosos de Nueva York; allí se reunían gais, lesbianas, transexuales, prostitutos masculinos, con el fin de disfrutar de la compañía de su congéneres, aunque fundamentalmente como un refugio ante la estigmatización. Marsha, en algún momento tuvo sus diferencias con los dueños de este pub. Esta disputa desproporcionada podría haber originado una hipótesis de asesinato. Pero lamentablemente, las obstrucciones empezaron a generar una atmósfera sombría en contra de quienes quisieron remover el caso, entre ellas, de victoria Cruz, una abogada que también es miembro de la comunidad LGBTI y en cuya historia también se encuentran las marcas del abuso. A ella, la violaron de niña, la maltrataron y la discriminaron por su condición de género. Por eso su lucha  se convierte en la lucha de toda la comunidad.
El director David France, tiene el mérito de mostrar apartes importantes de  las vidas de estas dos mujeres a las que se une  la activista legendaria Sylvia Rivera, quien termina desalojada por la policía de Nueva  York de esos predios construidos de cartón, en las orillas del río Hudson. El documental es una protesta bien delineada artísticamente, sin los panfletos escuálidos de algunos críticos sociales, es una película que hace un bello homenaje al cine porque eleva la denuncia pública como una obra bien llevada, de calidad estética innegable, que termina siendo efectiva porque conmueve con la exposición de argumentos en favor de una causa importante para la sociedad mundial.

La visibilización en el arte  y por el arte de la vida de algunos individuos borrados del mundo por la discriminación, le quitan presión a los deseos de violencia que la naturaleza humana promueve como parte fundamental de su existencia. Este documental es un atenuante de esa condición.

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