Las
obsesiones de Darren Aronofsky en “Mom”.
Si hay
un cine polémico ese es el de este director newyorkino. Acostumbrado a las críticas ácidas de
diferentes flancos; unas, pese a lo cáusticas, no desconocen el talento de este
artista que ha sabido leer el espíritu de la época actual; las otras, imbuidas
de un sarcasmo malsano que desconocen el buen trabajo que el cineasta ha venido
realizando desde los últimos 20 años. "Madre" es una repetición
novedosa de su obra anterior. La película tiene referencias bíblicas innegables.
Adán y Eva expulsados del paraíso, la costilla que se fractura y de la cual
salen los deseos esa tentación de comer la fruta prohibida, esa lucha encarnizada
entre hermanos que recuerda la muerte de Abel por parte de Caín, esa casa
enorme que asemeja un paraíso que luego se va convirtiendo en la residencia del
infierno al cual se sacrifica el hijo venido del amor. En el marasmo de la
maldad siempre surge la figura protectora de la madre que ofrenda su propia
vida por salvar al hijo venido de sus entrañas, a pesar de las presiones
externas por entregar a un niño que ya no es patrimonio privado sino público.
Jamás, a medida que va transcurriendo la trama, la atención sobre los hechos se
pierde, debido a que se van introduciendo nuevos elementos que acumulan el
suspenso, las posibilidades de seguir una historia que todo el tiempo trae
nuevas sorpresas, con esa combinación de planos bien hilvanados, pensada precisamente
para contar cada micro fragmento de la narración.
Si hay un cine polémico ese es el de este director newyorkino. Acostumbrado a las críticas ácidas de diferentes flancos; unas, pese a lo cáusticas, no desconocen el talento de este artista que ha sabido leer el espíritu de la época actual; las otras, imbuidas de un sarcasmo malsano que desconocen el buen trabajo que el cineasta ha venido realizando desde los últimos 20 años. "Madre" es una repetición novedosa de su obra anterior. La película tiene referencias bíblicas innegables. Adán y Eva expulsados del paraíso, la costilla que se fractura y de la cual salen los deseos esa tentación de comer la fruta prohibida, esa lucha encarnizada entre hermanos que recuerda la muerte de Abel por parte de Caín, esa casa enorme que asemeja un paraíso que luego se va convirtiendo en la residencia del infierno al cual se sacrifica el hijo venido del amor. En el marasmo de la maldad siempre surge la figura protectora de la madre que ofrenda su propia vida por salvar al hijo venido de sus entrañas, a pesar de las presiones externas por entregar a un niño que ya no es patrimonio privado sino público. Jamás, a medida que va transcurriendo la trama, la atención sobre los hechos se pierde, debido a que se van introduciendo nuevos elementos que acumulan el suspenso, las posibilidades de seguir una historia que todo el tiempo trae nuevas sorpresas, con esa combinación de planos bien hilvanados, pensada precisamente para contar cada micro fragmento de la narración.
De las películas anteriores, Aronofsky
conserva el carácter controvertido de los temas que trata. El consumo y abuso
de drogas estupefacientes en “Requiem
por un sueño”, el encuentro del hombre y de Dios y el hombre como un asunto
obsesivo en “Pi, el orden del caos”, la posibilidad de la vida eterna en “La fuente de la vida”, la búsqueda de la
muerte como fin de la obra de arte en “Black Swan”,la recuperación del tiempo
perdido, en “El luchador”, el germen de la vida espiritual como un dictado
bíblico en “Noe”. Todos temas que tienen un alcance espiritual en que el hombre
aspira a trascender su vida corpórea como un paso más en la evolución de la
existencia. Además, aporta un juego de imágenes que por el vértigo del
movimiento de cámaras o por el impacto de las imágenes diegéticas, atrae
siempre la atención del espectador. Una de sus marcas de identidad comprende el
talento innegable para narrar de tal modo que siempre le suma nuevas
expectativas a sus historias, le suma una provocación permanente que colma la
sed del público pero a la vez, genera una espera de nuevos acontecimientos a la trama general de sus películas.
Ahora
con “Madre”, el cineasta estadounidense, ratifica su estilo. Los temas bíblicos se convirtieron en un
punto recurrente de esas obsesiones religiosas como búsquedas implacable de
respuestas a los interrogantes
existenciales que se pueden advertir en los temas. Las atmósferas de la
película logran captar ese ambiente dicotómico que alterna la calma con la
turbulencia, el paraíso con el infierno, la falta de inspiración con el parto
de nuevas y brillantes ideas. El escritor, interpretado por Javier Bardem es
quizá una caracterización de la propia vida del realizador fílmico que ha parido
sus ideas durante mucho tiempo, pero que
surgen luego de un suplicio intelectual muy profundo. En la obra de arte se
conjugan los deseos más siniestros por dar a la luz una nueva obra, con lo
sublime de ver un trabajo realizado como asiento de un brillo espiritual
perseguido como un asunto de vida o muerte.
Asimismo,
los personajes han sido claramente delineados. El escritor, como un resultado
de su egocentrismo, descuida atenciones con su esposa, una mujer que pasa
desapercibida y que es funcional en la
medida que permite la generación del talento creativo de aquel. Su personalidad
impulsiva, no admite recriminaciones ni cuestionamientos, sólo cumplidos ante
el trabajo del genio que ha entrado en una crisis de alumbramiento de ideas
valiosas. Por su lado, aquella esposa denodada, vive aislada en su propio mundo
pero siempre alerta de las necesidades de su esposo. Su papel es de
intermediaria entre el escritor y la obra. Los dos visitantes imprevistos son
asechadores de la pureza que irradia la casa, un paraíso artificial que sirve
para el parto majestuoso de un libro largamente esperado. Esa pareja intrusa
aparece paulatinamente, llenando el vacío de una música extraña en medio de la
costumbre. Entre el mal y la emoción de vivir hay una conexión innegable que
termina con una nueva vida. El dolor es un mal necesario que trae momentos de felicidad
temporal como un sucedáneo de la evolución. La irrupción en el cuarto secreto
es una invasión predicha por el destino del hombre, la curiosidad es un hecho
normal de la vida humana que siempre está buscando respuestas para saciar la
sed de conocimiento. El carácter mágico de la casa, su vida inmortalizada por
lo idílico, alumbra la existencia de los seres humanos, pero la sentencia del
“pecado” es un mal impostergable del que es imposible escapar. Aronosfsky da
vida a lo que no tiene vida, contrasta
con planos cerrados en interiores con poco movimiento con planos abiertos que
desnudan el carácter aislado de la casa en medio del campo.
Entre
imágenes vertiginosas, se destacan las actuaciones de Jennifer Lawrence, Ed
Harris, Michelle Pfeiffer y Javier Bardem, dirigidos por un cineasta que ha
dejado su impronta como un gran creador. Todos ellos, arrojan buenas
interpretaciones, consiguen analizar unos perfiles de vida que construyen una
historia sólida que sacian esas obsesiones privadas del artista. La polémica suscitada por esta obra la hacen
más valiosa porque hablan del creador que es fiel a sus ideas más recónditas y
que las expone audiovisualmente.

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