Y si aquellas
miradas.
De Todd Haynes
El director más emblemático de lo
que se ha denominado en llamar el New
Queer Cinema se llama Todd Haynes. Es un hombre de 55 años, dedicado a la
realización cinematográfica de historias
iconoclastas. Su celebrada “Poison” es un reconocimiento al talento artístico
de Jean Genet, un escritor genial y denostado por la censura moral en su país
Francia. También su obra “Velvet goldmine” advierte la importancia del “Glam
Rock” como un movimiento musical derivado de esa tendencia pop de los años
ochenta del siglo pasado. Además, se le deben películas como “I´m not there” un
biopic sobre Bob Dylan en la que Heath Ledger y Cate Balnchett asumen la
interpretación del músico estadounidense y “Mildred pierce”, adaptación fílmica
de la novela del mismo nombre de James M.Cain.
Ahora el director de origen
estadounidense, surge en el espectáculo cinematográfico con una nueva obra que
tiene nombre de mujer: “Carol”. Es una historia de amor. Sus protagonistas son
dos personas aferradas a una vida anterior que las sojuzga por sus nuevas
experiencias amorosas. La mayor, es una señora que tiene dos hijos y cuyo
marido todavía quiere su permanencia en el hogar a pesar de sus infidelidades
pasadas con otras mujeres. La menor, es una joven veinteañera que tiene
sentimientos confusos hacia su novio. La atracción es inmediata. Se puede ver
en el juego de miradas de las dos mujeres en la tienda de juguetes que atiende
la joven mientras una seductora mujer mayor la observa con atenuaciones en
medio de la gente. Carol, interpretada por la genial actriz australiana, Cate
Blanchett, sufre una serie de contradicciones que se estiran entre su amor de
madre y la moral pública que la conminan a continuar aferrada a un matrimonio que ya no quiere y
la pasión reciente que empieza a experimentar hacia esa joven ingenua, que no
ha entablado una relación auténtica con nadie y para la que el amor homosexual todavía es un tabú.
Therese, interpretada por la actriz estadounidense, Rooney Mara, aparece como
una suerte de víctima por las conflictivas relaciones de Carol, con quien no se produce una comunicación
fluida. Ese amor es una serie de silencios duraderos que despedazan paulatinamente
el alma de Therese. Ese es el precio que debe pagar un espíritu joven para
quien las experiencias no han esculpido la voluntad, aún frágil, por la
juventud que la determina.
La película prioriza las miradas
en un constante juego de espejos que se desarrolla detrás de los vidrios de los
automóviles, cuando las distancias amenazan con socavar cualquier reencuentro
entre las dos mujeres. Ese velo es una metáfora de un amor difícil, que espera
pero que llega. Las circunstancias que debe arrastrar una mujer es un precio
muy alto que a veces sacrifica el amor.
La moral puede tornar la vida de alguien en una tormenta interior que
funciona como un verdadero infierno. Quizá los momentos de plenitud en que la
pareja tiene sexo, demuestran la calidad estética del director. Los cuerpos se
tocan con la glamorosa sensación de los deseos aplazados pero por fin
satisfechos. Las sensaciones que logran proyectar las protagonistas de esta
tormentosa historia de amor, logran obnubilar las posibles miradas escrutadoras
de una relación homosexual. Esa exquisita dirección de actores seguramente se
facilita por el enorme profesionalismo de Blanchett y de Mara. Aquélla hace
gala de su maestría como intérprete, obviando cualquier ambición privada de
tremendismo actoral que un papel como éstos podría sugerir. Por el contrario,
logra construir un rol parejo, inundado de turbulencias interiores y con esa
suficiencia que acumulan los años en la vida de las personas mayores. Ésta, continúa
con su carrera ascendente en el mundo cinematográfico pare el cual, autores
como David Fincher, ya había dado su voto de confianza en su película “The girl
with a dragon tatoo”, una versión hollywoodense de la célebre novela “Los
hombres que no amaban a las mujeres” del escritor sueco Stieg Larsson. Mara es
una actriz que en su papel de Therese se ha logrado reinventar. Su candor es
una transformación increíble que incluso le imprime un cierto parecido a la
hermosa actriz belga Audy Hepburn. Por esta buena interpretación recibió el
premio como mejor actriz en el festival de cine de Cannes.
“Carol” es una propuesta estética
seria sobre el tratamiento de las relaciones homosexuales entre las mujeres.
Por el silencio que han mantenido por el machismo y la moralidad religiosos
especialmente, las persona lesbianas quizá han sido censuradas de un
modo más contundente. La puesta en escena es una construcción bien
planificada de significados que ascienden a categoría universal por la
delicadeza como se tratan. Los sentimientos humanos están por encima de las
orientaciones sexuales que las personas han desplegado a lo largo del tiempo.
Hay en el filme un tinte melancólico que van en paralelo a las dificultades de
una relación reprimida que en algunos momentos de la película convergen. El
encuentro de dos mundos distintos se vuelve uno mediante la identificación de
sentimientos. La iluminación, por ejemplo, tonifica de manera opaca la mayoría
de las escenas. Los personajes ríen poco. La historia se encarga de hacer
cómplice al lector de esa relación de pareja que debe volverse subterfugia por
la contaminación que las miradas lanzan. Sin atenuantes, “Carol”, es un filme
que habrá que estudiar en profundidad para entender el cine que intenta indagar
en el amor.

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