Primera plana

De Thomas McCarthy

Gran parte de los guiones actuales priorizan las historias en las que los personajes son héroes que  deben enfrentarse contra toda suerte de adversidades, venciendo las opiniones y las actitudes de otros, quienes se sobreponen a los primeros por el poder que ostentan. No es que esto sea una tendencia nueva en el cine pues a las personas nos gusta imaginar que podemos acceder a todo aquello que se nos prohíbe por las diferencias de clase o de género o de raza…Es una aspiración muy humana. Lamentablemente los hombres y mujeres encargados de crear historias para representar este tipo de hechos, se han engolosinado  y sobrecargado tanto con ellos que saturan medios expresivos tan diversos como el cine.

El director  estadounidense de 49 años, Thomas McCarthy, no ha sido ajeno a esa manera de hacer cine. Con su más reciente película, “Spotlight”, el poder dominante que se expone al escarnio público es el de la Iglesia católica. A ella siempre se le han dirigido ataques más o menos frontales por la supremacía espiritual que ostenta hace 1500 años sobre sus feligreses. Pero el aparente auto enjuiciamiento que las declaraciones del papa actual conllevan, parece dar un poco de vuelo a quienes representan la realidad a través de expresiones estéticas tan importantes como la cinematografía mundial. En la película, protagonizada por una constelación de estrellas hollywoodenses como Mark Ruffalo, Stanley Tucci, Rachel McAdams, Michael Keaton, y Lie Schreiber, entre otros, se desnudan las actuaciones de cientos de sacerdotes pedófilos  de Boston, Massachusetts, Estados Unidos y encubiertos sistemáticamente por la Institución a la que siempre protegieron otras instancias del poder público con el ánimo de mantener su buena imagen ante la opinión mundial. Los héroes en este caso, son exaltados por  Thomas Joseph McCarthy, aclamado director de “The visitor”, con una buena puesta en escena que muestra el papel fundamental que tienen los medios de comunicación en la formación de ideas en la opinión pública, mucho más ahora que los medios virtuales permiten acceder a información diversa y de orden mundial. El periódico que se ganó un premio Pullitzer “al servicio público”(ante la incompetencia de los organismos de control de un país tan poderos y tan democrático como los Estados Unidos para investigar estos delitos), se constituye en la contraparte minoritaria por los múltiples obstáculos que tuvo que vencer para encontrar la verdad sobre estos casos de pedofilia. Sus investigaciones ocurrieron mientras el mundo sufría un cambio profundo en términos de la geopolítica por la caída de “Las torres gemelas” y la entronización de una nueva era “antiterrorista” que dio pábulo a una serie de invasiones imperiales sobre países árabes.

El proceso investigativo puede resumirse así: un nuevo editor del periódico “Boston Globe” decide proponer un tema novedoso de investigación. Para ello, el mejor equipo de trabajo es el que se conoce como “Spotlight”. Éste menciona algunos casos de pedofilia que en algún momento se destaparon pero que rápidamente se archivaron por el mismo periódico. En el proceso de trabajo el equipo encuentra que la iglesia ha protegido a los sacerdotes implicados mediante una serie de recursos jurídicos. De la búsqueda de archivos sobre traslados a los sacerdotes pederastas, se encuentra que hay un patrón que prueba el encubrimiento no sólo de la Iglesia sino de otros órganos públicos y de la comunidad católica en general. Con los testimonios de los curas y de los individuos abusados, se obtienen nuevos argumentos para reabrir el caso, menospreciado unos años antes por el mismo jefe del grupo periodístico sobre el cual ahora corre la investigación.

Como narración, la linealidad de la historia es apropiada para contar la serie de acontecimientos que descubren los casos de pederastia. Con la buena dirección de arte se logra mostrar el ambiente físico de la ciudad de Boston. No se incurre en la enfatización de caracteres que en esta ocasión recae en periodistas serios que enfrentan el poder de la institución católica y especialmente de la comunidad que es reacia a contradecir los postulados morales de la religión iniciática con la cual se formaron en familia. La sobriedad de las actuaciones, la economía de diálogos sin excesivas fórmulas éticas,  no constituyen una apología al periodismo por los diálogos sino por el compromiso como divulgador y orientador de la opinión pública.  El filme desarrolla su trama correctamente pero quizá la sobriedad de su puesta en escena hace que el director no explote un poco más las escenas en las que la tensión dramática pudo potenciar la obra. Quizá los diálogos entre los periodistas y los abusados y también uno de los sacerdotes implicados, habrían podido tensionarse más. No obstante, esta lacónica expresividad dialógica ayuda a componer una obra servil  a los motivos de la película que no es otra que la revitalización de la prensa como servidora pública que puede ayudar a rastrear las pistas que conlleven al esclarecimiento de la verdad.

 En la próxima ceremonia de los premios Óscar, seguramente este filme será galardonado en alguna de las tantas categorías que se otorgan allí. No puede decirse que estamos ante una gran película pero la fortaleza indiscutible que tiene radica  en la proporcionalidad de sus componentes que se desmarcan de las enfatizaciones que son tan demandados en la industria fílmica presente. “Spotlight” es por ahora, el mejor documento de conocimiento público que mejor expone los delitos de sacerdotes pedófilos que deberían empañar ese dudoso 6 % de “ovejas descarriadas” que presumen los mismos jerarcas de la Iglesia católica.

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