La habitación
De Lenny Abrahamson
Una mujer y un niño conviven en
un pequeño cuarto. Ella le cuenta historias a él mientras lo cuida. Ambos
parecen tener una relación normal. La pequeña habitación tiene los objetos
usuales: una cama, una imberbe cocina, un sanitario expuesto, unos cuadros, una
claraboya…Luego de unos minutos, nos damos cuenta de que la pareja se encuentra
secuestrada, que madre e hijo han inventado un universo particular para comunicarse.
Ella habla de Nick como un enemigo que el niño aprende a temer mientras éste se esconde en el armario cuando aquel
hombre llega. Poco a poco se van
ofreciendo pistas sobre la verdadera situación en la que se encuentran
enfrascados los dos personajes. Todo
esto se muestra en la primera película. Una hora basta para que empiece la
segunda, cuando por medio de un ingenioso plan la madre decide utilizar a su
hijo para liberarse del secuestro. De ahí hacia adelante se exponen las
circunstancias que acarrea un proceso tan difícil como el de la socialización y
resocialización de dos personas que han sido privadas de la libertad. Eso es “Room”, un filme que se desdobla en
dos películas distintas, no por la continuidad de la historia sino por el inmenso
contraste que se advierte entre las partes. La primera hora de película se
compone de una ambientación oscura, de una claustrofobia delirante y de una
historia confusa que va tomando claridad con el correr de los minutos. Los
otros cincuenta y siete minutos están llenos de una iluminación que corre
pareja con la normalización de las relaciones que entablan ambos personajes con
sus familiares cercanos y con vecinos y periodistas que quieren conocer el
detalle de los acontecimientos que desencadenaron el secuestro.
De la escritora Emma Donoghe, la
novela con el mismo nombre inspira la película del director irlandés de 49 años
“Lenny” Abrahamson. “Room” es una obra fílmica que ha causado gran revuelo en
los cines del mundo, especialmente en los Estados Unidos. Gran parte de su
éxito internacional radica en el progresivo desvelamiento de la verdad que no
es otra cosa que un caso trágico de un fenómeno social como el secuestro. Pero
un crimen tan usual en la sociedad contemporánea, se sale de los tópicos comunes que las
historias de este tipo suelen contarse en el cine. Ese es el gran mérito de la obra: que los
rufianes y las víctimas se escapan de ese halo policiaco en el que se crea una
historia más de detectives que del mismo sufrimiento de quienes padecen tamaño
flagelo. Los ritmos de la trama están marcados por personajes que expresan todo
su dolor no desde la exacerbación dramática de enfatizaciones expresivas sino
desde la narración audiovisual en que las acciones van construyendo una serie
de situaciones que arrojan un resultado final bien contado.
El secuestro es todo un proceso
que la película deja entrever. No sólo se requiere la voluntad para salir del
trauma que implica una experiencia tan dolorosa. La familia debe prepararse
para colaborar en el restablecimiento de relaciones sanas entre aquellos que fueron privados de su libertad.
La madre del niño asume su papel de un modo autoritario, seguramente por los
resquicios de aquellos momentos que vivió con su hijo en ese cobertizo,
construido por el hombre que se atrevió a sumirlos en semejante drama. El niño
es una semilla natural de un ser que apenas ingresa a una sociedad humana con
la cual no tiene relación directa. El mundo que construye es un mundo
imaginario, lleno de historias pletóricas de metáforas en donde habitan seres
perfilados. Por ello, las personas y las cosas son sólo una aproximación al
mundo tangible en tiempo presente. En una de las escenas de la película, la
madre le explica a su pequeño niño que la televisión es sólo un artefacto que
muestra las figuras de las personas, que éstas son representaciones pero
no las personas mismas. El aislamiento puede ser una buena causa para
la fabulación y la imaginación. El hombre es un ser que aprende por imitación y
ésta recae fundamentalmente en las imágenes que nos forjamos de las otras
personas. Por ello el reconocimiento es una consecuencia necesaria de nuestra
vida en sociedad.
El filme tiene su fortaleza en
que los aspectos que construyen la trama se van engarzando paulatinamente con
la participación del espectador. Las dosificaciones de información coadyuvan en
el progreso de la historia. No tenemos claridad de cuál es el papel del padre
de la mujer secuestrada en el desarrollo del secuestro. Y qué motivos ocultos
existen en las relaciones que construyen el cuadrado de abuelo, abuela, madre y
padre que orbitan en el universo del niño. El
secuestrador aparece unas tres veces en la película dejando su estela de
enigma que enriquece el misterio de la trama.
Ad portas de la anunciación de
las nominaciones de los premios Óscar, la actriz de 26 años, Brie Larson,
desempeña un papel aceptable que seguramente le granjeará una nominación como
mejor actriz protagónica. Su trabajo ha
transcurrido especialmente en el mundo de la televisión estadounidense. Por su
parte, el niño Jacob Tremblay, de 9 años y nacido en Vancouver, Canadá, cumple muy bien con su papel, con el cual
también será nominado como mejor actor de reparto. Los demás actores, el siempre magnífico Wiliam Macy y Joan Allen
efectúan bien su trabajo.
“Room” es una película virtuosa
con puntos altos y bajos pero que no alcanza el nivel de calidad por el cual
se está hablando de ella.

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