La dama del espejo
De Tom Hooper
Hoy que la teoría ha hecho
avances en la construcción de conceptos que definen no sólo la identidad sexual
sino la orientación sexual, se tiene ya una larga acumulación de casos que soportan
el estudio de comportamientos que aún en las primeras décadas del siglo XX,
eran consideradas aberraciones. Los responsables de estos apelativos recayeron
en los médicos psiquiatras que son los
sacerdotes de la verdad, reproduciendo así el poder de las instituciones que
dictan sentencia sobre lo que se considera normal o no. En la Copenhage de los
años 20 del siglo pasado el ambiente cultural seguía prendado de un conservatismo
que invadía casi todos los aspectos de la vida ordinaria. Por eso el joven
pintor Einar Mogens tenía que deslizarse por aquellos caminos empedrados como
un animal nocturno por temor a la
censura social. La fama de la que gozaba
se debía en gran parte a sus pinturas, apreciadas por los intelectuales amantes
del arte que no le brindaban la misma atención a su esposa, la pintora Gerda
Wegener. Toda esta reprimenda social
hizo que la pareja se trasladara finalmente a París, en donde los niveles de
apertura mental eran más amplios. Allí, la liberación de un artista que además
se convirtió en una celebridad por las cirugías que le practicó el médico
alemán Kurt Warnekos, se hizo realidad.
Ahora que Hollywood tiene una seria carencia de ideas, se decide
realizar una película que está basada en el best seller de David Ebershoff, la
novela: “The danish girl”, del año 2001. Con esta presuposición de éxito, se va
a la fija con otro director de indudables cualidades cinematográficas pero de
enorme acomodamiento artístico: el inglés Tom Hooper. Su nombre ha tenido
reconocimiento desde la película que dirigió en el año 2010 denominada “El
discurso del rey”, algo reafirmado por “Los miserables”, un filme musical basado en la obra del escritor francés Víctor Hugo. Este director oscarizado conoce los códigos que permiten el
otorgamiento de premios. Sus obras
redundan en clisés en los más
mínimos detalles que le han dado una fama inmerecida de buen director pero que,
en sus manos, los buenos actores deben mermar sus cualidades para adaptarse a
obras que están encaminadas indiscutiblemente a ganarse el favor del gran
público con la anuencia de los críticos fílmicos que “legitiman” las películas
haciéndolas parecer como buenas.
“The danish girl” es una película
que habla de la libertad. Habla de la posibilidad que tenemos los seres humanos
de expresar nuestros sentimientos más profundos sin recibir el reproche de nadie por hacerlo. Como el
gran combustible de la vida sigue primando el amor que no puede generarse solo,
sino con el advenimiento de quienes nos rodean en este gran tránsito azaroso que
constituye la vida en todas sus manifestaciones. Los soportes carnales que un
día las misteriosas fuerzas del universo se agolparon para generar un cuerpo
también le dieron nacimiento a fenómenos sociales como la discriminación sexual
y de género. Y esta lucha que ha intentado revindicar lo que ha dejado en el
olvido a miles de personas con talentos inimaginables, se ha hecho más notoria en la
actualidad. Pero lo que los activistas de las causas de género han conseguido
por su trabajo denodado, es la semilla que han recogido de la tierra bañada con
la sangre de miles de mártires escondidos y olvidados por la historia.
La película muestra no sólo la
lucha de Lili sino la de su esposa Gerda. Ambos papeles personificados por
Eddie Redmayne y Alicia Vikander respectivamente, guardan proporciones de
calidad equiparables. Bien pudiera escribirse un libro sobre Gerda en donde se
cuenten sus experiencias, muchas de las cuales son tan admirables como las de
su primer esposo. Redmayne, luego de su Óscar con la película “The theory of
everyting”, ahora vuelve a
interpretar un papel a la medida de las
carencias afectivas de Hollywood, para quien los “lisiados”, “travestis”,
“afrodescendientes”… alivian un poco el
remordimiento de la sociedad estadounidense de haber maltratado sistemáticamente a sus minorías. Si bien, las aparentes
características del papel, proyectaban una interpretación “enfatizada”, su
desempeño luce correcto. Sus movimientos faciales y su manejo del cuerpo le
erigen como un actor importante que
escapa a las rigideces estilizadas de las actuaciones inglesas. Por su
parte, la actriz sueca Alicia Vikander,
despliega una verdadera clase de comprensión ante su compañero de actuación. En
los momentos de crisis de Gerda, la actriz deja volar aquellos sentimientos de
amor que demuestra cuándo la persona con la que comparte su vida necesita de
afecto.
La dualidad que experimenta Einar
requiere la muerte del hombre que no siente. Con el despertar de Lili, la trama
de la película extiende su virtuosismo técnico a través de la dirección de
arte. Los momentos en los que Lili luce sus vestidos son los más notorios de la
obra. Las manos del actor proporcionan toda la sensibilidad que exuda el
artista en su afán de expresar la fuerza contenida por la represión. Las
pinturas describen la sensualidad de una joven mujer que ha cometido un
suicidio y le ha dado pábulo a su otro yo para que se presente públicamente.
También, los objetos y las construcciones en interiores y en exteriores,
muestran aquella vida doble que lucha por fusionarse en el cuerpo de un hombre
que busca lograr verdadera condición sexual.
Ahora que el cine también
participa de los nuevos vientos culturales, la apertura sexual y de género,
constituye un buen ejemplo de que el arte cumple un papel importante en este
tipo de luchas.

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