Los desperdicios cibernéticos de George Lucas
                                                     
                                                                       De J.J.Abrams

“El despertar de la fuerza” es una producción gigantesca que deja impertérrito el género de la Ciencia Ficción. “El evangelio de Lucas”, según el crítico de cine ya fallecido, Luis Alberto Álvarez, basa su éxito económico en la continuidad: desde la música compuesta por el galardonado John Williams, pasando por el arsenal de efectos especiales que, puede decirse, han sido rediseñados casi en su totalidad por el director norteamericano, hasta los mismos actores que aparecieron en los episodios 6, 5 y 4.
Este espectáculo pirotécnico pretende reemplazar la profundidad de una buena historia, la posibilidad de ahondar en las derivas del alma humana y el desentrañamiento de los aspectos esenciales del ser humano, por la reducción de la vida a un mundo de luz y de sombra, para el cual, los puntos medios no admiten existencia alguna. Semejante actitud es una copia de los comics que basan sus historias en personajes que se debaten entre el bien y el mal, sin un universo psicológico creíble y por eso son más bien caricaturas propias para el divertimento fácil, que cala profundamente en la cultura popular. Pero populares también son o fueron las revistas de “Kalimán”, “Arandú” y “Águila solitaria”; “Capulina”, “el Chavo” y “el Chapulín colorado”; las novelas y los corridos mexicanos y hasta “Laura en América”.
Ahora, en la película número 7 que se estrena 38 años después del episodio 6, el director J.J. Abrams, tiene la responsabilidad de mezclar a actores jóvenes y desconocidos para muchos, con los actores de los primeros episodios, para hacer creíble esta resurrección cinematográfica que supera a la misma verosimilitud de la trama. Si desde el segundo episodio, “El imperio contraataca”, ya se podía uno ahogar en un mar de bostezos, ahora que sabemos que vienen otros dos, tenemos asegurado un sueño profundo. Abrams, ya ha tenido la oportunidad de mostrar sus credenciales como guionista y productor de bodrios fílmicos como “Armagedon” y “Misión imposible III”, obra que también dirigió.
De las nuevas estrellas, la joven Daisy Ridley, en el papel de Ray, es la que mejor funciona. Sus facciones “crisiadas” se expresan creíblemente en la pantalla y su innegable versatilidad física la ensalzan como una actriz con proyección cinematográfica que rápidamente podrá pasar a protagonizar otro tipo de películas y soltará de una vez por toda esa imperturbabilidad del personaje de “Leia” interpretado por la intrascendente Carrie Fisher. El personaje de Ray resulta creíble por la actuación de su estrella pero sorprende su repentina aparición de habilidades sobrenaturales que “la fuerza” le imprime. De una carroñera que sobrevive en el día a día, recolectando sobras mecánicas para intercambiarlas luego por comida, despunta como una heroína interestelar capaz de combatir de igual a igual con el pupilo del “supremo”. Aquí pastan las ovejas de Hollywood con alimento sagrado que proviene de un populismo desbordado que ensancha las esperanzas de los más “débiles” socialmente hablando y que ven en el éxito, una posibilidad real de vida. Por su parte John Boyega, el actor nigeriano que interpreta al ex imperialista “Finn” parece débil en su papel. Se muestra deslucido en casi todas las escenas, especialmente en las de acción, siempre a la saga de Ray y de Solo. El súbito despertar de bondad que se configura en él, hace que no solamente los miembros de “La primera orden”, sino sus nuevos mejores amigos de “La resistencia”, desconfíen de él. El último de los actores jóvenes es el ya experimentado Adam Driver, que ya ha trabajado en películas importantes como “Frances Ha”, “Inside LLewyn Davis” y “J. Edgar”. Su papel como “Kylo Ren” es la continuidad de “Darth Vader” y su interpretación es convincente más por las cualidades histriónicas del actor que por la construcción del personaje.
Capítulo especial merecen los veteranos “Han Solo”, “Leia” y “Luke Skywalker”. El primero de ellos hace su aparición como un viejo capitán de un grupo de legendarios rebeldes que aún conserva sus dotes para el tráfico de objetos. De su condición proactiva de la primera trilogía, sólo quedan los consejos de un viejo decrépito que apenas puede con su cuerpo. En este capítulo “Solo” tiene un hijo, uno más de los clisés que las sagas repiten para asegurar sucesiones de tramas que no admiten un milímetro de profundidad por parte de esos guionistas que escriben películas con ese temor de la taquilla, propio de recetas fílmicas que tan bien calan en el publico fácil. La segunda, mantiene su halo intrascendente como líder simbólico de un grupo de rebeldes que la reverencian pero a la que no le endilgan ninguna utilidad práctica. Las escenas en las que se encuentra con “Solo” son un monumento al melodrama. La rememoración de un amor objetivado en el hijo que ha sido arrebatado por el lado oscuro, en lugar de redundar en beneficio de la historia, surge como un sanedrín de viejos “chochos” que fungen como íconos de lucha. Finalmente, la aparición en la pantalla de “Luke Skywalker” como un viejo barbudo, contemplando la inmensidad del mar, nos asegura, la continuidad de la saga, cuya octava película está anunciada para el 2017.
El impero de Lucas, contraataca, monopolizando así la taquilla cinematográfica mundial. Toda una vida haciendo catarsis por sus frustraciones como autor fílmico que vé como se le va la vida recopilando dinero sin aportar nada al arte audiovisual. Sólo el cine de ingenieros que ha encumbrado a la cibernética fílmica a los primeros puestos de la industria del espectáculo se ha consolidado como la principal fuente del mercado cinematográfico actual.

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