Woody Allen, la ilusión de lo inmediato

De Woody Allen

 Las fabulaciones de Woody Allen no son simples trucos de comedia para que la gente ría sin consideraciones. No. Las películas de Woody Allen son reflexiones profundas sobre la existencia con el humor como su mejor excusa para construir historias cinematográficas. Ninguna de sus obras pretende divertir a través del humor sin tocar, más o menos profundamente, ansiedades acendradas en los individuos por experiencias que moldean la vida de uno u otro modo. Es claro que el director newyorkino se debate entre el “drama puro” y la comedia para mostrar sus puntos de vista sobre algún problema específico. Cuando opta por lo primero, encontramos al Allen más bergmaniano que nunca; cuando prefiere lo segundo, deja ver su lado más cáustico por medio de ocurrencias que han sido pensadas largo tiempo con el fin de burlarse de ciertos personajes y grupúsculos sociales con los cuales, el, seguramente se siente identificado. Por eso el humor del cineasta aparece más enconado cuando crítica a los de su clase, porque los conoce, porque sus vivencias son el más puro extracto de aquellas pildoritas encendidas de la más auténtica comedia negra.

Puede ser cuestión de gusto. Cuando Allen transita el sendero del drama, sus películas avanzan por suelos seguros. Sus pisadas reconocen cada detalle del camino como si lo hubiera construido él solamente. Pero está claro que su maestro Bergman se ha empotrado en él permitiendo que surjan sus mejores obras. Filmes como  “Interiores”, Septiembre” “Otra mujer” y “Blue Jasmine”, son obras maestras del drama contemporáneo que ha sido expresado cinematográficamente por el artista más versátil que se haya encarnado en el hermoso arte de lo audiovisual.

Ahora, cuarenta y nueve años después de haber filmado su primera película, el cineasta nacido en Brooklyn, Nueva York, nos regala “Irrational man”, una obra que habla sobre las elecciones. Éstas pueden marcar el rumbo de los estados de ánimo. Asumir la vida con cierta actitud también es un asunto de decisión que  determina todas las derivas futuras de una vida. El temperamento es un obstáculo vencible por la fuerza del carácter, parece decirnos el autor. Entre las posibilidades que da a elegir la vida, el camino de la obediencia fiel a los sentimientos, trae consecuencias que al final pueden darle la razón  a alguien que no tiene mayores herramientas intelectuales para pensar en contrario. Pero seguir la dirección que propone la razón puede olvidar que la convivencia no sólo depende de aquella para obrar correctamente. Las decisiones que toman las personas devienen actitudes éticas que necesariamente impactan la vida de los otros.

“Irrational man” es un filme protagonizado por el actor Joaquín Phoenix, un hombre que ha superado largamente no sólo la fama  sino el talento de su hermano fallecido, River Phoenix. Su personaje es un profesor de Filosofía en una Universidad estadounidense que sufre un estancamiento de creatividad para escribir un libro sobre Heidegger. Entre su aburrimiento y el cambio de rumbo de su vida aparece una estudiante destacada que interpreta la actriz Emma Stone, cuyo afecto es simplemente un cruce necesario para cambiar de actitud ante las “determinaciones del destino”. Woody Allen vuelve su mirada nuevamente sobre la actriz estadounidense, que la verdad sea dicha, cumple  a cabalidad con las exigencias del personaje. Y surte buena compañía la versatilidad dramática de Phoenix, que, frente a otra actriz, seguramente la hubiese opacado.

Con esta película el director demuestra que la filosofía no es un terreno extraño para  él. Sin embargo la toma para debatir una diada ética que se disfraza de chanza ridícula pero que en el fondo está cargada de un profundo desgarramiento existencial. Como suele suceder, los intelectualoides disertan sobre el cine de Allen, citando los pormenores eruditos sin comprender que el autor expide sus angustias con aquellas tramas cargadas de problemas humanos inveterados y con aquellos personajes que hablan por boca de él, con argumentos en contrario y a favor de sus propias apreciaciones al respecto. Esa dialéctica permanente de orden estético que ofrece, hacen del artista un conocedor de la condición humana situada por su condición de clase sin recurrir  a panfletos sino haciendo uso de la más fina ironía. Porque para él la vida es una ironía que se impone y envuelve a las personas hasta que no les queda otra opción que obrar en consonancia con aquella y a lo que tal vez hemos de llamarle destino.

Aspectos técnicos como la fotografía no ofrecen mayores problemas. La música sigue en la misma línea de siempre. En general la dirección de arte cumple con las necesidades del proyecto. De la trama, tal vez los personajes suenan demasiado estigmatizados en la pareja actoral. El profesor presa de sus propios demonios que ve en el mundo exterior el auspicio para su alcoholismo y que decide no fijar los ojos en nadie por una especie de condición existencial irremediable. La estudiante que ve en su profesor una figura de admiración con la que se identifica por sus propias búsquedas intelectuales pero que decide optar por “lo correcto”.

El hombre irracional es una fábula. Su extremada actitud de “lógica intelectual” no coincide con la  lógica de los acontecimientos que simplemente sucede por una suerte de advenimiento espontaneo que se asienta en la vida pública. En el fondo, el filme es una disertación que radicaliza la oposición entre el mundo de las ideas y el mundo tangible que, según el director, se resuelve desde la ética.

 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog