PARA DECIR ADIÓS AL MAESTRO



Leonardo favio

El  5 de Noviembre del año en curso ha dejado de respirar el artista audiovisual más original, más completo y  más genial que ha dado esta parte del mundo en las últimas décadas. Dudo mucho que el empobrecimiento promedio de las expresiones cinematográficas actuales, pueda siquiera aproximarse a la hondura y sutileza de una obra tan grande como la del cineasta argentino y que por ello mismo, el envilecimiento de las propuestas presentes permita la superación del hoyo negro en que nos encontramos en esa materia.
Jorge Fuad Jury nace en  Las catitas, Mendoza, un 28 de mayo del convulsionado año de 1938, un año antes de la segunda gran conflagración mundial y a unos pocos lustros de que su gran amor, el general Perón, se encaminara a la Casa Rosada, para erigirse por siempre en el motivo de inspiración de su vida pública. Y es que su pasión por aquel militar no puede decirse, ni mucho menos, que sea impostada, precisamente porque su devoción estuvo siempre cargada de un inmenso fervor que elevó su magia cinematográfica hasta lo más alto, algo que podemos observar en las casi seis horas de su Perón, Sinfonía de un sentimiento (1999), película recomendada para quienes  recién incursionan en la militancia política.
En su no prolífica obra contamos  nueve largometrajes, variados todos y llenos  de innovaciones en lo temático. Desde Crónica de un niño solo (1964), la película que nos muestra su enorme desgarramiento por las condiciones en las que viven los niños de las Villas miserias de Buenos Aires, pasando por Juan Moreira(1973), un viejo tema de la literatura argentina sobre el renegado que se rebela contra el Estado, hasta la última de su creaciones que es Aniceto (2008), un musical que nos muestra a un Leonardo Favio pletórico de plasticidad y siempre renovado con personajes que han actualizado sus biotipos faciales acordes con los nuevos tiempos que, para él, pasaron como un huracán dejando sus películas como verdaderas piezas de colección, encontramos una creación fílmica  sólida y  a la espera de nuevas reinterpretaciones por las múltiples posibilidades de comprensión que ofrece. Y esto en razón de que su propuesta estética abunda en imágenes de acabados únicos y de finos hilos de hermosura casi extinta por el cáncer de la industria cinematográfica que arrasa con la sutileza creativa de numerosos artistas.
Sus influencias cinematográficas inician con la colaboración al lado del director argentino Leopoldo Torre Nilson, de quien Favio admite fue su principal mentor en el oficio  de la dirección. Asimismo, Robert Bresson, el gigante director francés, con su película Un hombre condenado a muerte se ha escapado, contribuye a la distancia con esa primera película arriba referenciada y que causó tanto impacto en la manera como se apreciaba el cine a nivel mundial. Esos dos personajes llenaron su mundo, mucho antes de que la música, algo que hiciera casi por simple circunstancialidad. No obstante, desde su primera canción Fuiste mía un verano, ya veíamos a un cantante popular que marcó las vidas de millones de personas en Hispanoamérica. Ninguna de nuestras madres, ninguna de nuestras tías estuvieron exentas de su presencia como cantante en alguna radio lejana o en el murmullo de un vecino que tarareó alguna vez alguna de sus canciones.

                                                     Nazareno cruz y el lobo-Leonardo Favio

Su obra, para decirlo de una vez, constituye un auténtico cine de autor. Crónica… es para los argentinos una de su mejores películas y si en algunos casos no existe tal acuerdo, Nazareno Cruz y el lobo(1975), se alza como el film más querido por ese país, acostumbrado desde siempre a parir grandes directores. Lo que nos propone es un conjunto de planos que, tomados en conjunto, apuntan a recuperar ese amor por el otro, comprendiéndolo en sus contradicciones y exaltando además un tejido metafísico que nos encauzan la mirada hacia nuevos ángulos con el fin de adentrarnos en los problemas fundamentales de la naturaleza humana. En sus hermosos encuadres dilucidamos pinturas en movimiento que nos despliegan tanto la grandeza de los hombres como los egoísmos más simeros de personas que por momentos parecen caricaturas, pero que al mirarlos mejor, resultan una fotografía bastante fidedigna de nuestro verdadero rostro.
Su cine nos devuelve el convencimiento de que existe el detalle, de que ciertas personas pueden inspeccionar la realidad con el bisturí de su sensibilidad y diseccionar el alma como si fuesen cirujanos que tienen la cura para el vacío espiritual en que habitamos todos. Su sensibilidad se reproduce como un paliativo para la desazón de los tiempos presentes y su talento direcciona la esperanza de quienes se atreven a tomar una cámara y mostrar la realidad bajo el lente de su mundo interior. 
Ha muerto el maestro… pero  nos queda su cine como un testimonio del arte latinoamericano que, quizás, por primera vez, ha levantado la mano ante el mundo para decir, presente. Nunca le tuvo miedo a la muerte, siempre fue, en sus propias palabras, un “careculo”, “un perdedor”, un exiliado de su país por la dictadura perversa de Videla que sacudió a la Argentina y que lo llevó a refugiarse en Mexico y en Colombia durante diecisiete años, el hijo de una actriz de radiotelenovelas  tan entregado al difícil arte de la filmación para captar esa esencia inmaterial de la humanidad mediante la imagen audiovisual.
Paz en su tumba. Resta, como un homenaje, deleitarnos y estudiar cada una de sus películas, con la idea de seguir subiendo el listón a los que hoy empiezan la exigente labor de la filmación cinematográfica.

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