La maldición de un proscrito 




                                                                 Kárhozat-Béla Tarr                                                  

Kárhozat, La condena en español, constituye la quinta película del director húngaro Béla Tarr, en la que se aprecian algunas de las características de su obra, presencia imprescindible de la creación cinematográfica contemporánea. Uno puede obviar el cine de algunos cineastas, incluso si cumplen con los mínimos de calidad que requiere el medio para seguir siendo arte, pero no es posible desprenderse de las películas de Murnau o de Eisenstein, de Hitchcock o Bresson, de Visconti o de Sica, de Buñuel o Bergman, de Lynch o Lars Von Trier… y… de Béla Tarr. Su sensibilidad estética desafía los modelos acuñados por la industria cinematográfica actual, cine de ingenieros para un público que cada vez exige menos del medio, y nos devuelve la esperanza de un universo cinematográfico que se sigue redefiniendo, que permanece buscándose en el proceso mismo de creación y que continúa ofreciendo instrumentos existenciales y metafísicos para pensarnos como seres humanos, particularizando la mirada de regiones singularizadas por su propias condiciones.

El trabajo al lado del escritor, Lászlo Krasnahorkai, ha tenido réditos importantes, pese a que Béla Tarr, se desmarque continuamente en sus obras debido a su carácter único expresado en imágenes en movimiento, especialmente por el halo de poesía recreado sin veleidades retóricas, sino a través de planos limpios que priorizan la contemplación más que la historia, podríamos decir, suplemento perecedero que no agrega nada a la belleza de los encuadres, siempre bien logrados y de una sutileza como pocos en la actual producción cinematográfica. La música sigue jugando su papel central en la construcción de los largos planos- secuencias, juguetones y cargados de ángulos y movimientos que nos descubren puntos de vista variados y múltiples como si la fenomenología de los acontecimientos se rebelara contra el autoritarismo de los planos estandarizados, producción masiva de las actuales películas desarrolladas por la excrecencia hollywoodense. Mihály Vig, da vida a un universo que no es separable de la obra, sino que sale desde su misma naturaleza interior, como si fuese un organismo vivo, con el fin de acompañar los sufrimientos de los personajes que se acompasan con las condiciones exteriores, en una especie de canto a la desazón humana, arropada o castigada por la lluvia que vuelve fango la tierra yerma de los magiares.Y la fotografía continúa con ese estilo bien dirigido, exaltando los rostros y las texturas de los objetos en unos planos medios y primeros planos que de vez en cuando encuentran respiro con planos generales, en medio del encerramiento que los interiores construyen para hacer del espectador una víctima privilegiada de aquello que desgarra al hombre contemporáneo, pese a lo específico del contexto que nos muestra el director.

La Condena devuelve el privilegio que tuvo, en directores como Andrei Tarkovski, esos planos largos, que intentaron explorar los ángulos difíciles de los paisajes y de los personajes que siempre están a la espera de que algo pase, no una esperanza para deshacerse del sufrimiento que oscurece sus vidas en unos ambientes nublados por la perversidad del clima o por la insolidaridad humana. Podemos someternos al ritmo que el movimiento de la cámara imprime en aquellos travellings lentos, que van de ida vuelta sin un rastro de exaltación, sorprendiendo a los espectadores por los recorridos amplios, descubriendo las texturas de los muros, una que otra vez, cortados por hendiduras en las que habitan seres apesadumbradas por las condiciones medioambientales, con caras resignadas, sin una huella de alegría para compartir con los otros, quienes comparten espacio, pero en el fondo, ubicados a miles de años luz de distancia de sus universos interiores. 


                                                                  Kárhozat-Béla Tarr

Las escenas de bailes colectivos parecen ser uno de los motivos privilegiados en el cine del director que sigue mostrando una sutileza sin parangón, tal vez, a la hora de mostrarnos la sobriedad de las manifestaciones humanas, repletas de malas intenciones ante un prójimo que se avecina como un atacante. No obstante, la necesidad de la compañía es un misterio que se devela ante la soledad flagrante que derrochan aquellos planos cubiertos de dolor. Ese memorable recorrido de la cámara en la inspección de un recinto que es envuelto por el sonido de un saxofón con el que se interpreta una canción triste, puede rescatarse como un momento de plena lucidez en toda la película. El baile colectivo sobre unas baldosa sucias y el tumulto de hombres y mujeres que se balancean en círculo, como intentando olvidar sus miserables vidas, quizás es una ratificación de que el escape para la maldad humana, tan sólo es posible encontrarse en la fraternidad de los grupos.

En una historia, envuelta por el sonido de un teleférico, ante unas nubes que avecinan lluvia, ponen en movimiento unos planos en estricto blanco y negro, con el fin de poner en paréntesis la bondad de las personas, bien reflejada en individuos que desafían la furia de un perro en un promontorio enfangado, o en una esposa infiel que ve a su amante arrastrase a sus pies, prometiendo más indignidad, o en frases de corte apocalíptico pronunciadas por una mujer entrada en años como repartiendo salvaciones a las almas atemorizadas por esa pasmosa soledad que hiela unas existencias a la deriva.

En las condiciones actuales del cine que nos bombardea como si fuese la ráfaga de una película de Rambo, la Condena es una demostración de rebeldía que nos desafía como espectadores. Béla Tarr, ha tomado partida por la riqueza estética del cine, un formalista digno heredero de Tarkovski e inspiración para Gus Van Sant y otros grandes directores, que sin duda, aun creen en las enormes posibilidades del cine como un medio de reflexión sobre la condición humana. 


                                                                  Kárhozat-Béla Tarr






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