Tolkien el temerario
Alguna vez el escritor de “Las
crónicas de Narnia”, C.S. Lewis propuso a su amigo del círculo de Inklings, J.R.R. Tolkien como candidato
al Premio Nobel de Literatura. En esa propuesta se encontraba contenida toda la
admiración y el afecto que ese escritor de ascendencia anglosajona profesaba
por el padre de la literatura de fantasía moderna. Quienes conocieron al autor
de “El Hobbit”, lo apreciaron por su dedicación al trabajo que tenía como
función rastrear los orígenes de las palabras de su idioma materno. Ese
reconocimiento de sus amigos se vio transferido con la llegada del éxito
literario apenas fue publicada su obra que ahora goza de la consideración de
los jóvenes lectores y especialmente por la representación fílmica de sus
libros.
La vida de este escritor
surafricano estuvo marcada por varios acontecimientos dignos de mención. Su
madre Mabel Suffield leía cuentos a sus hijos en torno a la chimenea, de donde el pequeño
Ronald extraía sus primeras historias que posteriormente sirvieron de
inspiración para sus escritos. Su
diabetes terminó por cerrar sus ojos definitivamente hecho que dejó a sus hijos
huérfanos a temprana edad. Los hijos
fueron luego tomados en custodia por el padre Xavier Morgan quien se encargó
de cuidarlos y ofrecerles una educación
integral. El pequeño Ronald ingresó a King
Edwards, una institución de educación media que le dio a conocer a sus tres amigos con quienes
conformó una especie de secta académica a la que denominaron C.T, B.S.(Club of
tea, barrovian society), en donde convergieron distintos gustos estéticos como
la música, la composición prosística, la poesía y la filología. Pero su grupo
se vio truncado por los avatares de la Primera Guerra Mundial a la que fueron
millones de jóvenes ingleses en su lucha contra los alemanes, ni el gas
mostaza, ni las balas de los fusiles fueron suficientes para que aquella
amistad terminara, ni aún ante las puertas de la muerte, a la que sucumbieron
dos de los integrantes de aquel gueto. El hijo del preceptor de la Escuela se
convirtió durante aquellos años en el principal amigo de Ronald. Con esa ausencia, una mujer llamada Edith,
previamente comprometida y a la que el escritor de “El señor de los anillos”,
había conocido antes de la guerra, se convirtió en la esposa de este. La pasión
por el arte musical, especialmente por las obras de Wagner, unió a Edith con el
grupo durante varios años. En su ingreso a Oxford mediante una beca concedida
por su inteligencia y algunos contactos, continúa su amor por la filología. Su
encuentro con el profesor titular de
Lingüística histórica Joseph Wright, fue fundamental para afianzar sus
habilidades en el desentrañamiento del origen de las palabras germánicas y
anglosajonas que tanto le sirvieron para su trabajo como docente no titular en
Leeds. En esos años felices de aquella universidad Tolkien se las arregló para
sortear sus graves problemas económicos y pese a los cuales siempre contó con
el apoyo de sus compañeros de clases y de su novia.
La película del director fines
Dome Karukoski es incisiva en la construcción de las escenas de la vida del
escritor en donde se muestran las influencias estéticas que tuvo. Su aguda
sensibilidad unida a la información que
fue advirtiendo cotidianamente, le permitieron configurar un universo imaginativo
singular. El amor por los árboles catapultó la propensión a otorgarles alma a esos seres estáticos pero
de tanto movimiento narrativo de las obras que Tolkien escribió. Los lenguajes
inventados hablan del amor por la palabra, como la inspiradora de mundos que
constituyeron creaciones originales para
la época. El temperamento singular de
Ronald no le granjeó bastantes amigos pero sí los suficientes e indudablemente
quedaron plasmados en sus cuentos y novelas.
Quizás puede extraerse como una
conclusión temeraria que la excesiva represión de una sociedad acostumbrada a
la obediencia, como la inglesa, también haya eclosionado culturalmente en
historias de fantasía novedosas. Esas experiencias bélicas que marcaron el
ritmo de la sociedad de principios de siglo ampliaron la visión de aquel país
imperialista, que se representó en el arte a través de las obras. La
preparación profesional de los ciudadanos británicos dio como resultado una
gran profusión de intelectuales que se encargaron de expandir los campos
culturales a nivel orbital.
Por otro lado, las actuaciones de
la película tales como la del intérprete inglés Nicholas Hoult le dan un toque
de misterio a la obra fílmica. Sus rasgos adustos, su carácter tranquilo pero
turbulento en ciertos momentos, enriquecen la personalidad de Tolkien. Los diferentes estadios de la vida del personaje requieren de un talento
actoral importante, lo cual se logra convenientemente. Tambien Lily Collins en
el papel de Edith, una mujer que se convierte en el soporte espiritual de
Ronald, cumple correctamente con la obra. Su carácter tranquilo aunado a sus
profundos sentimientos estéticos la configuran como un ser complejo. Finalmente
el actor galés Colm Meaney se erige como la guía segura de Tolkien. Su talante
férreo junto con sus sabios consejos conforman un patriarca comprensivo en una
sociedad autoritaria como la de ese país insular.
Finalmente, “Tolkien” es una obra
fílmica que realiza un barrido por la historia general de la primera mitad de
sigo XX, y en cuyos meandros, se forjan algunos literatos que obedecen a los
intereses de expresión propios de un mundo congestionado por los belicismos
internacionales. Su director tiene la feliz intención de resaltar las
circunstancias de la vida del artista por encima de la obra por la cual es
conocido mundialmente.

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