Introducción o
preámbulo a una despedida
La novena película del director
estadounidense nacido en Knoxville, Tennessee, en 1963, Quentin Tarantino es
una obra cargada de nostalgia y es el preámbulo a una despedida definitiva,
cuyos trazos el viene dando hace unos años y cuya concreción puede privarnos
de los trabajos de uno de los autores
más relevantes para el mundo audiovisual de las últimas tres décadas. “Erase
una vez en Hollywood” recuerda, homenajea y enseña sobre el universo
cinematográfico tomando el ocaso de una época dorada de Hollywood, finales de
la década del sesenta del siglo anterior, en cuyo seno también se prepara el
fin de una cultura que tantos réditos le dio a la vida de una época. Los personajes fueron tomados de actores
reales de bajo perfil pero paradigmáticos del mundo que construyeron las bases
del cine de ese momento, como por ejemplo, el
del western, del cual, Rick
Dalton, personaje ficticio, es una figura en franca picada aunque haya logrado
algún grado de notoriedad. O el del doble Cliff Booth, mano derecha del actor
que presenta una personalidad recia, fruto de su paso por el ejército
estadounidense que participó en la guerra de Corea. El primero es inspirado en
el actor Ty Hardin que brilló en la televisión de ese momento pero que en el
cine no alcanzó a cuajar una carrera de superestrella como la de otros
actores a los cuales Dalton admira, como
el de Steve McQueen, cuyos trabajos eran elaborados a través de escenas de acción para las cuales
no necesitaba dobles. El segundo, es inspirado en el doble, director y actor
Hal Needham, un profesional del cine de acción, mejor amigo y doble de Burt
Reynolds que fue homenajeado en el año 2012 cuando la Academia le concedió un Oscar
Honorífico por sus contribuciones al mundo cinematográfico.
También hay un homenaje póstumo a
una de las actrices más prometedores de la época, la joven Sharon Tate, muerta
trágicamente por la locura de los seguidores de Charles Manson, denominada “La
familia”, caricaturizada por Tarantino. Tate era la esposa embarazada del
director polaco Roman Polansky, que por aquellos días se encontraba trabajando
en Europa. Su encanto queda inmortalizado por la interpretación del nuevo
fetiche del director estadounidense, Margot Robbie. La actuación de ésta brilla
en la casa cuando reposa, o en la fiesta cuando baila desenfadadamente con
otros invitados de gala, al lado de estrellas como McQueen, o su mejor amigo el
peluquero Jay Sebring, interpretado por Emile Hirsch. Parece que la muerte de
Sharon es también el deceso de los artistas que siguieron viviendo a la sombra
de las estrellas, que habitaban los mismos condominios sin reparar en ello por
parte de éstos, mostrando así unas diferencias de estrato entre los mismos
compañeros de oficio. Otras dos estrellas sobresalen en la película, el trágico
actor James Stacy, interpretado por Timothy Oliphant, que es mostrado como un
paciente actor ensayando una escena con Rick Dalton, el otro es Wayne Maunder de la serie televisiva gringa
“Lancer”, interpretado por el recientemente desaparecido Luke Perry, conocido
en los noventa como el “chico malo” de
la serie de televisión “Beverly Hills
90.2.10”. Finalmente, encontramos a Martin Schwarzs, un representante de actores
como Burt Reynolds y Steve McQueen que en la película es interpretado por Al Pacino
y, el personaje de Bruce Lee, que aparece como un actor arrogante, humillado
públicamente por Booth en una pelea que cazan ambos en un set de rodaje.
En “Erase una vez en Hollywood”,
Quentin Tarantino, muestra su enorme amor al medio cinematográfico, rindiendo
homenaje a todas estas estrellas emergentes y a “las piezas” que han
configurado este universo que también ha dejado a uno de sus más valiosos
cultores. La escena de Dalton y Stacey es una elaboración de digna maestría por
los tenues movimientos de cámara que muestran las perspectivas de cada uno de
los personajes creando una atmósfera psicológica que Dalton termina por sortear
adecuadamente. Esas pequeñas fallas de Dalton son parte de la historia pero no
una acusación de falta de talento. Además, el encuentro de Booth con los
miembros de “La familia”, está cargado de una gran tensión propia del thriller
pero resuelta a lo Tarantino, con
situaciones disparatadas repletas de violencia física que se balancean
entre el humor y la condescendencia. El movimiento hippie es motivo de burla por parte de los conservadores
representados por los militares que veían el movimiento como un circo pasajero.
En esas escenas, el encuentro entre Booth y George Spahn, famoso por prestar
sus predios a productores cinematográficos para rodar algunas películas baja la tensión a la sospecha del doble. El
humor se encarga de reducir el miedo construido previamente por el director que
se conmueve cuando Spahn agradece la
visita de un antiguo colega que se acuerda de él y luego, en un gesto de desdén,
sigue durmiendo sin que nada lo perturbe. La última de las escenas que se destaca es la de Dalton bailando ye-ye
con Lana St. Edmund, una doble
reconocida y bien paga, en el show rival de “The Mamas and The Papas”, “Hullabaloo”
emitido por la NBC en los años sesenta. Finalmente, una de las últimas escenas
muestra a los miembros de la secta de Manson en la casa de Dalton, intentando
rendir venganza por las humillaciones de Booth. Una perra pitbull y la pericia del doble se encargan de matar a los asesinos
que terminan como bufones. Esa orgia de violencia vertiginosa da fin a una
intensidad dramática que el director ha mostrado durante toda la película un
modo de vida que fenece. Eso también es Tarantino, pero no lo único.
Ojala Tarantino juegue con
nosotros y nos permita seguir apreciando su talento con nuevas ideas y nuevos
universo cinematográficos que constituyen sus películas. “Erase una vez en
Hollywood” esta cargada de nostalgia, es un canto a la
memoria de un medio que ama como ninguno. Su talento cinematográfico está al
servicio de revivir épocas, de ampliar la mirada de las personas a través del
recuerdo, de encender las luces de la cultura por medio de la remembranza
cinematográfica, íntimamente ligada al
devenir de la cultura.

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