El irlandés de Martin
Scorsese. ¿Una despedida?
Es difícil saber si esta película
de Martin Scorsese es una despedida, o es simplemente una más de la larga lista de obras fílmicas que llevan su rúbrica
y que lo convierten en uno de los autores audiovisuales más significativos de
todos los tiempos. Y es que una despedida genera expectativas en todos aquellos
admiradores de ese cine maravilloso a
modo de obra sinfónica que ha dejado grandes dosis de creatividad en un
lenguaje que le debe mucho al director newyorkino. “El irlandés” nombre
emblemático dentro del cine de mafia en los Estados Unidos, es la adaptación
cinematográfica de un libro llamado “I Heard you paint houses” de Charles
Brandt que narra la historia de un sicario a sueldo que trabajó para un gangster siciliano de nombre Russell
Bufalino y cuya figura ha pasado a la historia por ser el asesino del
sindicalista estadounidense “Jimmy” Hoffa, quien controló el sindicato de
camioneros de ese país de 1957 a 1971.
Estos tres hombres tuvieron vidas
paralelas que en algún momento se encontraron como miembros renombrados de “la
cosa nostra”. Hoffa entabló una relación con Bufalino a quien se le asoció con
el delito de fraude para mantener el sindicato más grande de Estados Unidos que
rondó los 2.3 millones de afiliados. Por ello pagó 5 años de condena que fue amnistiada por el
presidente Richard Nixon a cambio de dinero y de que no pudiera participar en
actividades sindicales por 10 años. En
una declaración posterior a la muerte de
Hoffa quien desapareció misteriosamente en 1975, se dice que Frank Sheeran fue
finalmente el asesino del sindicalista. Sheeran era simplemente un camionero
que ingresa a la mafia por su fama de homicida tranquilo en quien todos podían
confiar.
A Hoffa lo interpreta un casi octogenario Al
Pacino quien se reencuentra con su amigo Robert de Niro luego de su “Fuego
contra fuego” de Michael Mann. De Niro,
tres años menor que su contraparte se une a otro actor emblemático de cine de
Scorsese, Joe Pesci que ya había hecho parte de las películas del director de
“Malas calles” en “Casino” y “Buenos muchachos”. Esa triada interpretativa es
también una triada de amigos cuyo
otorgamiento de papeles es un gesto de cariño por parte del director. Mientras Robert De Niro se aleja de esa
propensión explosiva de sus últimas películas y realiza una actuación sobria,
propia de un hombre que cuenta una historia tenebrosa, Al Pacino inicia una
actuación estrambótica y va virando a un papel más reposado que termina por
convencer en este trabajo. Joe Pesci es el mismo mafioso que participó en los
filmes previos de Scorsese. Sus gestos, su mirada de matón, su verborrea
punzante, su lento fenecer al lado de su
esposa y de su gran amigo, envuelven al público con este grandioso rol.
“El irlandés” se aleja de esa
notoriedad que reclama la cámara en casi todas las películas de Socorsese y se
adentra en un mundo de continua tranquilidad que compagina con el ritmo parejo
y lento de la obra, cuyas 3 horas y media se figuran excesivas. Sin embargo, la
narración parece ameritarlas, especialmente por la intención de mostrar esas
relaciones más que laborales entre dos amigos que recorren las carreteras
despejadas de carros por el noreste estadunidense. El director construye un
universo psicológico de los personajes de esta película. Sheeran lleva el
soporte de la obra, camina muy lento, asesina sin aspavientos en un torrente de
imágenes que son de lo más realistas
posibles; Sheeran no traiciona a su
amigo Russell pero traiciona a su propia hija porque le roba la vida a una figura paterna alternativa quien se
supo ganar los afectos de esta niña que crece y asiste al sepelio de Hoffa y a
su padre no le vuelve a dirigir la
palabra; Sheeran planifica todo lo que hace
con meticulosidad y no se inmuta porque sí lo hace su vida corre peligro. Hasta
el último momento de su vida, en plena narración de su historia lo único que
lamenta es la pérdida afectiva de su hija; su narración es sobria, desde un
ancianato donde deslumbra el anillo identificatorio de los italianos mafiosos.
El asesinato de Hoffa es una sorpresa para el público, quien no se imagina
siquiera semejante desenlace. La naturalidad de aquella muerte es un final
intrépido que Scorsese ha planificado bien durante el 85% de la película. Por
su parte Hoffa es un hombre dicharachero, es un buen hombre dentro de lo que
cabe en el mundo del hampa. Sus códigos son variables pero se entrega sin
miramientos a quien le brinda su amistad. Sheeran es como un hermano para él a
quien trata de un modo diferenciado y a quien les ha confiado toda su vida.
Como un gran líder sindicalista necesita una persona de confianza que le cuide
la espalda. Scorsese apuesta por el mantenimiento de la confianza que parece
quebrarse detrás de un conjunto de círculos concéntricos a modo de laberinto. Igual que en “Los infiltrados”,
es difícil saber quién traiciona a quién
hasta el desenlace de la obra. Finalmente, Russell Bufalino es un personaje
sombrío que tiene una gran devoción por su familia, algo que logra paliar con
los intentos infructuosos por ganarse el cariño de la hija de Sheeran. Sus
apariciones en la pantalla son majestuosas. Su peso existencial que se ha
posado en la habilidad para maquinar muertes se nota demasiado en esa
decrepitud amistosa.
Esta es una película nostálgica.
La vejez empieza a cobrar factura en el marco general de la obra. Los
personajes son antiguos gangster que
viven retroactivamente, cada personaje se viste de mafioso pero lleva dentro de
si remordimientos con los cuales apenas si puede lidiar.

Comentarios
Publicar un comentario