El nacimiento de una
Nación.
De Nate Parker
Un nombre tan sugestivo para la
historia del cine acarrea responsabilidades que ni siquiera los productores de
esta película se imaginan. Pero por los contenidos de ella, uno se da cuenta de
que el título es irónico. O más bien, es un nombre conscientemente puesto para
llamar la atención sobre los mensajes
emitidos por la película de 1915, y dirigida por el maestro D.W.Griffith. “El
nacimiento de una Nación”, en esta oportunidad viene dirigido por el actor,
productor y autor, Nate Parker, quien reivindica el nombre del predicador y
esclavo de Virginia, Nat Turner, en 1931 cuando lideró una rebelión de afro
descendientes en contra de los esclavistas del Sureste de los Estados Unidos,
país que llevó hasta sus límites la expoliación humana. Aquélla obra había
causado un escándalo a nivel nacional, cuando los mismos espectadores, recién
abandonaron los teatros, arremetieron con personas de esta población, en varias
de las ciudades icónicas de la Nación gringa. Esas alusiones amistosas a los
miembros del Klu Klux Klan como defensores de los derechos esclavistas de
hombres honrados que cultivaron la tierra de ese país, afianzan los recelos contra los esclavos en
ese territorio. Con todo y ello, la obra de Griffith es un monumento a la
técnica cinematográfica. La historia, en esa obra, resume todos los adelantos
narrativos expuestos hasta ese momento por los autores que mostraban a un joven
arte que nadie tomaba en serio, excepto como un mero divertimento. Primeros
planos, narraciones en paralelo, movimientos de cámara, angulaciones creativas,
todos esos recursos técnicos permiten el renacimiento del arte fílmico. Por su papel denunciante la
película tiene todos los visos de una obra valiosa pero con fuertes
inclinaciones melodramáticas que con toda seguridad tendrá un lugar importante
en las nominaciones y premiaciones de los Oscar que se llevarán a cabo el
próximo 26 de febrero del presente año. El mensaje central de la obra puede resumirse en la importancia que
tuvo la población negra en la construcción de un país que, sometiendo a
poblaciones minoritarias, llegó a convertirse en la nación más poderosa del
mundo. Toda la sangre derramada por hombres y mujeres que a la luz de la historia
aún yacen anónimos por las injusticias que comete, al menos tiene algo de
expiación a través del esfuerzo por
hacer visible la ignominia cometida por los blancos. Y no es para menos, pues
el cine ha venido resaltando hechos velados que
se han venido mostrando en obras que cada vez tienen mejor hechura.
Películas como “Selma” y sobre todo la buena pieza del director inglés Steve
McQueen, “12 años de esclavitud”, han visibilizado a personas que se atrevieron
a desafiar los poderes de la época en ese país del Norte americano.
La obra se engolosina con las
vejaciones sufridas por los afro descendientes en las primeras décadas del
siglo XIX. Las escenas, a veces parecen destinadas a producir conmiseración, en
lugar de enfocar la trama en el levantamiento mismo contra los
esclavistas. Faltan detalles de los
momentos de preparación de esa rebelión
que dejó como resultado miles de ejecuciones de personas cansadas de la
opresión. Por ejemplo, hubiera sido más
interesante mostrar la historia como un transcurso de predicaciones sobre las
tierras sureñas, en donde se iban viendo los abusos, y en las cuales los esclavos eran tratados como objetos
inferiores a las rocas. Es evidente que escenas como la fractura de los dientes
de un esclavo para suministrarle comida a la fuerza por medio de un embudo,
logra su efecto conmovedor en el público.
El predicador Nat Turner, es obvio, va lavando sus culpas con la
rebelión, luego de que fue cómplice de los maltratos contra sus hermanos
martirizados por los caminos de herradura de esa tierra calcinada por el sol.
La lectura y la formación de un hombre que logró alcanzar otros niveles de
conciencia política son suficientes para darse cuenta de que la humanidad no es
algo privado sino un conjunto de elementos comunes de esa condición humana que
nos hace iguales en deberes y derechos ante la sociedad. Ese proceso que va de
la deshumanización del mundo a la rehumanización de la vida, parece producirse
por los factores de ilustración que en el filme son producidos por el conocimiento
y la palabra de Dios.
En “El nacimiento de una nación”, cuenta de
cobro a los padres fundadores del cine, no se encuentran grandes virtudes
narrativas ni técnicas. Las escenas, incluso, se opacan por el excesivo tinte
melodramático que expiden sus personajes. Ninguna de las actuaciones se
destaca. La obra está encaminada a despertar
en el espectador la indignación y el dolor que tantas injusticias
dejaron enganchados en el seno de la historia. El personaje central, al parecer
es una figura importante para miles de hombres que hoy defienden y antes
defendieron los derechos de las negritudes. Si hoy, los Estados Unidos, son lo
que son, es también debido al trabajo de héroes anónimos que yacen enterrados
en la tierra que labraron, sin los más mínimos de reconocimiento histórico.
Ahora que el poder del Estado
viene saneando deudas, con el apoyo y la defensa de derechos de
poblaciones debilitadas por el olvido,
se siguen presentando obras cinematográficas, que dicho sea de paso, son las
fuentes de divulgación masiva más poderosa de la estética actual. El mismo
Griffith, sintió algo de culpabilidad con su película y por ello quiso lavar su
nombre con otra obra maestra llamada “Intolerancia”, exhibida un año después.
Con eso se sumó a las disculpas públicas emitidas por el presidente Wilson,
porque ese director icónico quiso enredarlo en una trama contra el pueblo afro
de los Estados Unidos.

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