Sexo, amor y cine de autor
Gaspar Noé es uno de esos
directores que siempre levanta ampollas con
el estreno de cada una de sus películas. Esa propensión al tremendismo se
encuentra inscrita en su código genético
como una marca identitaria. Sus obras no quedan indemnes y el tiempo se encarga
de conservarlas frescas porque el director se las arregla para mantener los
aspectos característicos de sus propuestas pero sin dejar de agregarles
sorpresas estéticas que delinean contenidos actuales e imágenes vertiginosas.
Lo esencial de su cine descansa en esa obsesión por desestructurar la duración
del tiempo, evidenciando la subjetividad intratemporal que se relaciona con los
estados emocionales de las personas. Asimismo, enfatiza la diversidad de género
y las relaciones de pareja con fuerte carga sexual que muestran los conflictos
humanos de manera descarnada.
Ya lo había hecho con
“Irreversible”, una obra audiovisual que tenía grandes pretensiones moralistas o
éticas, según como se mire. Pero más
allá de eso sus escenas causan un
poco de dificultad por el desaceleramiento de los sucesos que se
explicitan en las imágenes que a cada paso hacen de la duración un actor desencadenante de orden temático. La
famosa escena en tiempo real en la que se muestra una violación en un túnel, ha
despertado todo tipo de comentarios, mucho más cuando a esos hechos se les ha
agregado consumo de “poper” por parte del perpetrador de tamaños
acontecimientos. Para un público indispuesto a la poca novedad, la velocidad de
las imágenes al principio del filme, ocasiona impactos visuales que pueden
causar una fatiga. Pero cuando se estudian dichas imágenes en la unidad de la
obra, se entiende la pertinencia de ellas. Con “Solo contra todos”, Noé se mete
de frente en los pensamientos de un hombre con múltiples preocupaciones
existenciales que desnudan lo mejor de los hombres pero también lo peor. La
mente, se quiere mostrar, es una especie de máquina de vértigos desordenados
que reflejan interiormente una dialéctica de ensoñaciones provocadas por el
contacto de las personas con el mundo. Parece excesiva la relación pero el
director francés quiere con esta película, encontrar los ritmos de la mente
humana y la ambigüedad de sus derivas al modo como lo describe James Joyce en sus obras literarias. La
utilización sistemática de los flaschback
sirve para enterarnos de los detalles que se muestran en la primera parte
de la obra. En eso acierta el director porque aprecia la inteligencia del
público al retar su concentración para que no pierda el hilo de la historia.
Cuando se ha perdido algún detalle
no se pueden explicar imágenes
que al principio aparecen de súbito, lo que puede causar una desorientación en
el público
Ahora, con “Love”, el cineasta
francés, habla del amor de pareja. Pero el medio más notorio que tiene para
ello es el sexo. Las imágenes de la película, si se miran
descontextualizadamente pueden parecer simple pornografía. La explicitud de las
relaciones sexuales puede ahogar la intencionalidad del autor, que no es otra
que mostrar estados emocionales por medio de las disposiciones corporales en su
compenetración física como una objetivación del alma. En ello hay una tragedia
de la carne que no alcanza a satisfacer las enormes inconformidades de la
interioridad humana. Puede que algunas de esas imágenes redunden, puede que el
número de ellas agoten los contenidos
del mensaje. No obstante, la planificación de cada una, guarda características
estéticas que respetan las proporciones
y la distribución, conjuntamente con una buena calidad.
El reparto de la película no
admite crítica, ni siquiera a la modelo Aomi Muyock que aparece bien en las
escenas de sexo conjuntamente con el actor reconocido Karl Glusman. El manejo de la dirección de
actores está bien planeada y ejecutada, porque cuando hay que desplegar
habilidades histriónicas, los actores cumplen correctamente. Las obvias
dificultades de las actuaciones se sortean adecuadamente por la plenitud de la
obra que, en términos generales, parece como una obra que suscita reflexiones
importantes sobre el amor.
Con “Love”, una obra que logra
mejores resultados de autenticidad debido al tratamiento del sexo por medios
cinematográficos que tal vez no se encontró en “Ninfomaniac”, la película del
director danés Lars Von Trier. Quizá, con este filme, se avance un paso más en
la aceptación de las escenas sexuales de las películas admisibles al público
que flexibilicen la censura. El criterio central de esta lucha pasa por la
calidad de la obra. En tanto se hagan propuestas con guiones bien estructurados
y en los que las grandes preguntas sobre la condición humana sigan sosteniendo
las obras cinematográficas, es posible esperar que el sexo siga su camino de
desmitificación como posibilidad estética. En la pornografía, el mensaje se
supedita a la explicitud sin el ahondamiento de aspectos que nos edifican como
seres humanos. La censura es el reflejo de los cambios morales que una sociedad
tiene como una manera de controlar lo que atenta contra los valores que la
mantienen en pie. El progreso reflexivo requiere de ciudadanos más atentos a
los cambios sociales para repensar los contenidos de los comportamientos que se
desarrollan en las comunidades.
En ese sentido la educación y la formación espiritual
constituyen un largo proceso que necesitan de propuestas pioneras capaces de
desafiar la moral vigente. “Love” es una película sin la suficiente fuerza
estética pero que propone una nueva mirada de las relaciones sexuales en la
cinematografía mundial.

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