La imitación del
juego
Una de las figuras más prominentes de la
ciencia en el siglo XX es el matemático inglés Alan Turing. Su vida estuvo
colmada de llamativas particularidades no solamente en el plano profesional
sino en su vida privada. La nación inglesa nunca supo reconocer plenamente la
importancia de aquel genio solitario que, con su trabajo, contribuyó
enormemente a evitar la humillación y la derrota frente a los nazis en la
Segunda Guerra Mundial. Recientemente
los primeros ministros Gordon Brown y David Cameron confirmaron la
injusticia con la cual fue tratado Turing durante su últimos años de vida,
acusándolo de homosexual (“indecencia grave y perversión sexual”, exactamente
fueron los cargos, los mismos que llevaron
a la cárcel al gran Oscar Wilde, medio siglo antes).
Alan Turing fue un gran
matemático y el precursor de la computación moderna. De su esfuerzo se
desprendieron las bases de la cibernética que llevaron al desarrollo de
estudios pioneros del primer computador automático. Pero el aporte más sonado
es su trabajo en el desciframiento de los códigos de la máquina “Enigma” del
ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Dicha máquina podía cifrar y descifrar
códigos que se utilizaban como fuentes de comunicación entre los nazis. La ruptura del código fue posible debido a la
construcción de la máquina “Bombe” que permitía desechar los mensajes candidatos
para el desciframiento detectando sus contradicciones y eliminándolos de la lista.
Con la película “The imitation
game” del año 2014 y fuerte candidata para ganar el ´Óscar a mejor filme de
este año, podemos conocer algunas intimidades en las relaciones de Turing con
su equipo de trabajo, especialmente con Joan Clarke, una joven mujer dotada con
una inteligencia superlativa. Habría que realizar un estudio más detallado
sobre la biografía de Alan Turing para saber si los detalles contados en el
filme corresponden o no a los acontecimientos reales.
“The imitation game” centra su
esfuerzo en la narración de los conflictos de un grupo de científicos que
lideró Turing para la desencriptación de los códigos de la máquina alemana. La
confrontación, como suele suceder en una película que tiene aspiraciones de
Óscar, pretende construir la intensidad dramática entre el científico inglés y
su principal contradictor Hugh Alexander, para luego distensionar la relación
entre ambos por mediación de la joven Joan. Sin embargo, las pocas facultades
de socialización desarrolladas por Turing, se convierten en un factor
insignificante frente al proyecto genial que llevan a cabo estos científicos
ingleses. Otro de los anclajes dramáticos de la película se desenvuelve entre Turing y
el responsable del proyecto, quien permanentemente impone ultimatum para el logro de los objetivos de desencriptamiento.
El juicio contra Turing se llevó
a cabo en los últimos años de la vida de aquél un poco antes de su muerte en
1954. Las causas públicas fueron la impúdica vida del genio matemático. Obviamente,
aquel científico también tenía demasiados secretos de Estado que el Gobierno
inglés no quería revelar a la opinión
pública nacional e internacional. La película tiene a su favor que muestra este
hecho como un montaje.
“The imitation game” tiene una
narración que cuenta la vida de Alan Turing en tres momentos distintos de su
vida, recurriendo a flasbacks continuamente para mostrar al niño en su
descubrimiento de su orientación sexual, al científico que recién se da conocer
al mundo de la ciencia y finalmente al científico consagrado, el cual ha
servido enormemente a El Estado inglés para
ganar la guerra. Lastimosamente la primera línea narrativa no se despliega
acertadamente debido a que se exponen las vivencias iniciáticas del niño Turing
incluida su primera relación homosexual en el colegio, pero no se cierra
adecuadamente.
Del director del filme Morten
Tyldum se conocen cuatro filmes. Dos de ellos han alcanzado algún renombre:
“Buddy” y “Fallen angels”. Ahora con
esta película retrocede en su carrera como autor cinematográfico. El papel de
Alan Turing corre a cargo del actor inglés Benedict Cumberbatch, con el cual esgrime
su talento ya demostrado en otras producciones anteriores como la insuficiente
“War horse” obra ésta de Steven
Spielberg. Su compañera de actuación Keyra Knightley cumple con un papel
intrascendente, no por la importancia del personaje sino por su mecanicidad. Esa
propensión de directores que quieren contar las historias de personajes
complejos como Alan Turing de inclinar la balanza narrativa solo en torno a la
historia, olvida frecuentemente la necesidad de construir personajes vivos. En la actualidad la tendencia a configurar tramas en las cuales se cuentan
demasiados acontecimientos en el exiguo tiempo que la película permite,
descuida la puesta en escena. Ni los personajes ni las situaciones en las que
estos se imbrican, quedan impregnados de viveza como si la poética hubiese sido
desterrada del mundo del cine.
Igual que “The theory of
everything”, esta película de Tyldum, parece tener el propósito de visibilizar
la vida de un hombre público como Alan Turing. Para el espectador promedio el
científico inglés es un individuo desconocido que el cine, con sus
posibilidades de difusión ha permitido conocer. Es usual hoy en día que los
productores cinematográficos configuren tramas cinematográficas basadas en
personajes reconocidos históricamente como una manera de contar La historia
audiovisualmente. Además, esa suerte de sino adverso estimula a los guionistas
faltos de imaginación y de talento para construir este tipo de obras fílmicas.
“The imitation game” es una película ligera sobre un gran hombre, el científico
que recibió todo el peso de la moralidad inglesa y que debió luchar contra sus
propios demonios para poder satisfacer su sed de conocimiento.



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