El hombre pájaro

"Birdman"
 
“Birdman” es la nueva obra cinematográfica del director mexicano Alejando González Iñárritu. En ella no solamente se revive una momia de Hollywood como Michael Keaton sino que se consolida la joven actriz  Emma Stone dentro de la  industria fílmica. El primero, luego de la interpretación de algunos papeles exitosos que le granjearon cierta popularidad,  ahora regresa con un trabajo sólido. La segunda, ya había  recibido el espaldarazo de un director importante como Woody Allen en su último filme llamado “Magia a la luz de la luna”.

González demuestra que su filmografía está compuesta de historias bien elaboradas, de una rigurosa puesta en escena y de una simbología personal que parece apuntalarse en una especie de “Realismo mágico  cinematográfico”.  En las tramas que construye, sus personajes se encuentran presos de complejos psicológicos difícilmente pronosticables y no expresados a sus contrapartes. Esa sensación queda  con “Biutiful”, cuyo personaje interpretado por Javier Bardem  parece tener un dón especial para detectar presencias metafísicas. Con “Birdman” el personaje de Riggan Thomson (Keaton) se pone en discusión las presiones que surgen en la vida de las estrellas de Hollywood, después de que la fama se ha extinguido. El director parece decirnos que  la necesidad de mantener la imagen es una lucha por el reconocimiento del público, productores y de sí mimo contra sí mismo. La esquizofrenia que sufre el personaje principal quizás es una obsesión por el éxito debido  a las grandes dosis de  adulaciones de las que se nutren los actores durante toda su carrera.  Si no estuviéramos frente a un director que ya hace parte del status quo fílmico, podríamos decir que la película es una crítica velada a todo el drama interior de los hombres y las mujeres que ya no pueden conservar su privacidad en nombre de su público. El mundo del actor reconocido ya lo había mostrado el director emigrado Billy Wilder con una gran película  llamada “El crepúsculo de los ídolos”. En ella se cuenta la historia de una ex estrella del cine que  intenta recuperar su fama  a toda costa.  Mientras en esta obra la protagonista sobrepasa los mínimos éticos, en “Birdman,” Riggan libra una lucha interna contra los demonios que lo persiguen y que se encarnan en el hombre pájaro, un superhéroe  al que la gente recuerda como un ídolo del pasado.
 
                            Alejandro González Iñárritu

 “Birdman”  es una gran panorámica del cine dentro del espectáculo. Esta vez, el escenario son las tablas de Broadway, una antesala del éxito o una posibilidad de regresar a él.  El filme muestra también las confrontaciones entre los actores y productores por llevar a cabo una representación teatral. Cuando se trabaja con actores acostumbrados a las adulaciones, los egos son algo difícil de controlar, sobre todo si a estas personalidades infladas se les agregan altas dosis de neurosis, esquizofrenias y otro tipo de patologías psicológicas.

 Una sugerencia interesante dentro de la película está constituida por la diferenciación entre realidad y ficción. Como el actor es un gran mentiroso, las representaciones  a veces son la superposición de sus actividades cotidianas trasladadas a la mímesis cinematográfica o teatral. El hombre pájaro parece tomarse la vida de Riggan hasta desviarlo por momentos de la realidad objetiva. Su subjetividad queda viciada por ese cruzamiento entre la vida privada, es decir, la vida de padre, de amigo, de novio y esa vida de superestrella que habita aún detrás de una máscara, quizás la única que le da la posibilidad de sentirse bien. Alrededor de aquel hombre se crea una enorme burbuja que vuela por los aires pero que en algún momento habrá de romperse como una gran ilusión.

 Este nuevo proyecto fílmico del director mexicano es su consolidación como miembro próximo del salón de la fama de un star-system que gradúa con honores a sus miembros más avezados en la conservación de las bases comerciales que sustentan el cine en la actualidad. El Óscar es el premio que legitima la calidad de las obras fílmicas. “Birdman” está nominada para este año como mejor película junto a otras siete obras. González parece ser, junto con Richard Linklater, el cineasta más opcionado para llevarse la estatuilla al mejor director.

 Sin embargo, la película es una obra de alguien que conoce el oficio cinematográfico y además, agrega su propio estilo a los filmes que ha dirigido. Este director parece que ha descifrado los códigos de la taquilla. Con “Birdman”, asistimos a una película interesante, no muy novedosa en su historia pero  ciertamente bien lograda técnicamente. Sus planos secuencia con duraciones extensas sugieren la dificultad de su realización. La planificación de cada uno de ellos refleja la astucia, la ambición y la nostalgia del pasado cinematográfico. El plano de Riggan saliendo del teatro, luego cruzando la calle en medio del público y  después su entrada nuevamente al teatro, en calzoncillos, recuerdan la maestría de otro bello plano secuencia, quizás el mejor de todos, de la gran película “Sed de mal”, del director Orson Welles.
                                                Emma Stone

Finalmente, a las buenas interpretaciones de Keaton y Stone, padre e hija respectivamente, se unen los buenos papeles de Edward Norton, Amy Rian y Naomi Watts. “Birdman” es una película que se encuentra  a caballo entre el cine plenamente comercial y la película de autor. Tal vez sea una estrategia publicitaria para hacerle creer al público de que el cine de los grandes estudios todavía conservan la mística por el trabajo artístico.  Como sea. La obra vale la pena verla porque además de ser una obra estéticamente bien construida, renueva la discusión sobre la presión que deben soportar los hombres del medio fílmico por lograr mantener su fama. Con ello, se puede afirmar que el cine sigue abriendo sus puertas para las interpretaciones sociológicas de ciertas realidades.

 

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