Los vampiros de Jarmusch
De Jim Jarmusch
Una película sobre vampiros, hoy, parece algo anacrónico.
Luego de muchos intentos por escudriñar nuevos aportes; de replanteamientos del
género de suspenso o de terror, dependiendo del énfasis en los aspectos
característicos de uno u otro modo de fragmentar la representación
cinematográfica y; de propiciar derivas distintas a este tipo de filmes,
aparece una propuesta insólita que, después de obras dolorosamente concebidas
en sagas como la insoportable Crepúsculo o Van Helsing, exploran de otro modo no
sólo a los personajes sino el género en su totalidad.
Sólo los amantes
sobreviven es de ese
tipo de rarezas que destruye todos los prejuicios para quienes están buscando algo que impresione a los sentidos, que rebusque dentro de las
paredes gastadas de la imagen otras formas de mostrar algo tan manido como las películas
de esos extraños seres y que reaniman la
imaginación de la estructura mítica de las diferentes culturas y que parezca
moderno y al mismo tiempo, avive la nostalgia legendaria. En ella, pervive la
esencia del vampiro milenario, desde la maravillosa recreación novelada por
Bram Stoker, sin perder de vista ese toque de juventud que se advierte en la
leyenda del Conde Drácula.
Su director es nada más ni nada menos que Jim Jarmusch, el
director típicamente rebelde que es capaz de expresar todas sus obsesiones,
sin olvidar todas las triquiñuelas
propias del oficio. Y digo “típicamente rebelde” porque él mismo se
esfuerza, a través de su obra, de
enfatizar los temas de sus películas como una prolongación de su inquietud
manifiesta frente a la poca innovación fílmica de sus colegas.
Sus temas siempre están oscilando entre el marginado que se
suma a otro marginado para compartir las sobras que el mundo les ha dejado como
un acto de caridad, pero que por un acto de solidaridad, al brindarse apoyo
mutuamente, son capaces de resistir toda la tristeza que implica no participar
de los beneficios que el capital ofrece. En ese acto tan humano de compartir
las desgracias y buscar el reconocimiento de seres similares a uno, se pueden encontrar actitudes
sorpresivas, de donde se extraen los comportamientos más sustánciales de eso
que algunos llaman naturaleza humana. Jarmusch
siempre disloca la lógica de los fenómenos cuando desnuda al hombre en
toda su grandeza pero al mismo tiempo, en toda su maldad, encontrando lo otro
de lo esperable, la superación del gesto manido o la actitud complaciente con
un público adherido a lo usual. Por eso, varios de sus filmes subvierten las
tipificaciones de género por las cuales los espectadores se identifican con el
pasado de aquel. El género es un asunto que tiene un modo de presentar una
serie de películas con las cuales y por las cuales se despierta el
reconocimiento del público a lo largo del tiempo. En el director nacido en Ohio,
los géneros no son indestructibles. Dead man
se desmarca del género tradicional del Western o El perro fantasma,
propone otro tipo de experiencias que no parecen pertenecer a las películas de
gángster.
Tilda Swinton y Tom Hiddleston
En esta ocasión, Jarmusch, nos muestra las experiencias de
una pareja de vampiros que parece difuminarse entre la sociedad actual, como si
no existieran y fueran por el mundo entremezclados con seres humanos
decadentes a los que llaman zombis. Él,
interpretado por el joven actor inglés Tom Hiddleston, vive en medio de guitarras
eléctricas, adminículos antiguos y vasos de sangre refinados. Ella,
representada por la genial y
“eternamente” joven de 53 años, Tilda Swinton, ama por encima de todo a su
esposo y pasa su tiempo leyendo los clásicos de la literatura europea,
especialmente las obras de Shakespeare. A su lado, se encuentran el excelente actor
John Hurt, caracterizando al decadente Christopher Marlowe y la actriz Mia
Wasikowska, conocida por su papel de Alicia
en Alicia en el país de las maravillas, en este caso, una vampira efusiva
que viene a romper las reglas establecidas por este par de vampiros.
La atmósfera, oscurecida por noches iguales, es el marco perfecto
para que seres atípicos desplieguen sus
acciones cotidianas. El paso de los años, ha dejado en estos amantes de la
dimensión estética, una tristeza que se manifiesta en los gestos y en las palabras
suavemente pronunciadas. Los travellings y los encuadres destacan la grandeza
del director que es capaz de reflejar un vacío existencial producido por los hábitos
del hombre moderno. Detrás de estos vampiros se esconden individuos agobiados
por la urbanización, la súper industrialización y la modorra de la modernidad.
En la frase grandilocuente, impregnada de nihilismo
desbordado, habitan personas ilustradas que en el fondo adoran lo que odian. La
música brinda un toque de sentido a los espacios habitados por nuevos
cantantes, como la maravillosa artista libanesa Yasmine Hasdam que entona una
canción oriental mientras los dos amantes observan a la distancia semejante
espectáculo exclusivo. Esos vampiros son los vampiros de Jarmusch. Esta es su
visión personal, expresada en una película enmarcada en un género especialmente
caracterizado. La pareja prioriza el amor por encima de sus rasgos como
especie. Su existencialismo bien puede aplicarse a cualquier pareja de amantes
que ven en el amor el único medio de salvación ante la incertidumbre y el tedio
del mundo moderno.
Sólo los amantes sobreviven, un filme que difícilmente llegue a
nuestros teatros, contiene la marca Jarmusch. El género es solo una excusa para
esgrimir todas las ansiedades como autor que el artista norteamericano nos
brinda. En su rebeldía encontramos una simbología personal que aporta una obra
llena de virtuosismo.



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