La vida de Pi, una
película convencional.
La vida de Pi de Ang Lee
El cine de aventuras ha
contribuido al incremento de la imaginación de los espectadores que lo
consumen. Si bien, ha sido fundamentalmente la literatura de ficción la fuente
de las historias que estructuran su
argumentación, sus propias características estéticas, representativas y
técnicas han brindado la materia prima con la cual se ha construido este
género. Podemos enumerar sintéticamente tres aspectos que configuran su cuerpo:
primero, usualmente existe mucha acción
de los personajes que viven situaciones fuera de lo común en ambientes que
pueden ser considerados exóticos. Segundo, la construcción psicológica de los
personajes no es un elemento relevante, por cuanto para la historia importa
mucho más la exposición a los hechos exteriores. Tercero, casi siempre el héroe
sale triunfador frente a las circunstancias que se le oponen.
La vida de Pi, una novela del año 2001, escrita por el novelista
canadiense Yann Martel, es adaptada al cine por el director coreano Ang Lee y es un ejemplo paradigmático de
lo que sería este género cinematográfico actualmente. Por ello, quizás, ha sido
elegida como una de las candidatas a la obtención del premio Óscar a la mejor
película del año en curso.
Ang Lee, acostumbrado a recrear historias difíciles y de resultados
arriesgados como El tigre y el dragón,
Sensatez y sentimiento y quizás su
mejor película, Brokeback mountain,
demuestra que ya es un hijo irredimible de la dinastía fílmica, que ha entrado
en aquello que Luis Alberto Álvarez, denominó alguna vez, “el esperanto”
cinematográfico, cuyo lenguaje tiene sus mejores ejemplos en las figuras de
George Lucas y Steven Spielberg.
Sin duda, su talento audiovisual
ha sido suficientemente mostrado, especialmente cuando desmitifica en una
película de Hollywood, el aura de uno de
los mitos fundacionales más intocables para los Estados Unidos, estamos hablando
de los cowboys o vaqueros, que son desmontados
de su pedestal por las alusiones homoeróticas de las “machos cabríos” de los
que tanto se ufana dicha sociedad.
La vida de Pi
En La vida de Pi, el director nos confirma su gran talento
camaleónico. La película nos cuenta la historia de un hombre de mediana edad
nacido en Pondicherry (India), que crece en medio de animales en un zoológico,
propiedad de su padre. Por problemas políticos la familia entera, compuesta por
el padre, la madre y los dos hijos deben abandonar el país para dirigirse al Canadá,
pasando por el Océano Pacífico. En una tormenta, el barco en el que van toda la
familia y algunos de los animales del
zoológico, naufraga. La cebra salta a un
pequeño bote y se fractura las patas. A bordo, conviven además de la cebra, un
orangután, una hiena, un tigre y el joven Pi. La hiena se come a la cebra y al
orangután. Luego sale de la carpa que recubre el bote un tigre de Bengala y
devora a la hiena. Sobreviven el joven y el tigre, pero la relación se vuelve
tirante hasta que, finalmente, el muchacho doma al hermoso tigre.
Pero esta historia, contada así,
parece una película de aventuras convencional. No obstante, detrás de lo
contado se adivinan resquicios de una incesante búsqueda de un algo que pueda llenar los hondos vacios
dejados por la necesidad de Dios. El joven, interpretado por Suraj Sharma (1991), es un ser que
encuentra en el “alma” de los animales un misterio que alimenta la limpieza de
su espíritu, frente a los males que el medio constantemente le va arrojando.
Existe una especie de exploración
interior que de un modo u otro puede conducirlo
a Dios. La prueba de ello es que el
muchacho abraza con igual fervor varias religiones, quedándose con el cristianismo
pero buscando la deidad en todas ellas.
Y en la pugna con el mar, con los animales y consigo mismo surgen fuerzas que
prueban su capacidad interior de sobreponerse a las adversidades por medio de sus dos más
fieles compañeras: la fe y la razón.
En la película sobresalen los flashbacks manejados correctamente por
el director. En primer lugar el Pi mayor
interpretado por el actor indio Irrfan
Khan (1962), narra las aventuras en ese extraño episodio cuando contaba dieciséis
años. Luego se muestra todo lo que acontece en la travesía por el mar, y
finalmente se muestra el momento en el que el joven sobrevive al naufragio y
cuenta lo que ha sucedido a unos funcionarios de la compañía marina japonesa, dueña
del barco que se hunde en el océano.
El film no es una obra de
contenidos estéticos memorables, tampoco construye personajes inolvidables,
pero lo que al principio parece una película convencional con efectos
especiales impactantes, lentamente nos introduce en una historia que conmueve
por las metáforas desplegadas por el
autor. ¿Y si la historia no fuese esa?
¿Qué tal si hablamos de un marinero, de un cocinero, de una madre y de un joven
que se pierden en mitad del Océano Pacífico y lentamente van muriendo por las
condiciones adversas? ¿Entonces, quién se come
a quién? Solo el joven sobrevive al lado del tigre pero ese hermoso compañero
de viaje se pierde paulatinamente en las profundidades de la selva y el
muchacho se abandona al llanto porque su terrible enemigo se ha convertido en
el recuerdo indeleble de su propia lucha interior, y en el centro de todo se
adivina la omnipotente presencia del Dios que busca.
Ang Lee
En síntesis, la vida de Pi es una
película de aventuras que basa su atractivo audiovisual en el tremendismo de
sus efectos especiales y en una hermosa
metáfora sobre Dios, sobre nosotros como seres finitos y sobre la lucha interna
que debemos afrontar en nuestro camino
por obtener el reconocimiento propio y el que nos entregan los otros.



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