Django, un film de
género
Leonardo DiCaprio-Jamie Foxx-Cristoph Waltz
Django Unchained es la última película del director estadounidense
Quentin Tarantino. Está nominada en cinco categorías en los premios Oscar del
presente año. No es su mejor obra, pero sin duda es la ratificación de un
director que puede catalogarse como un autor en todo el sentido de la palabra.
¿Pero qué se entiende por autor?
Fue el advenimiento de la Nouvelle Vague,
una corriente de realización cinematográfica francesa, el primer intento
ideológico de replantear los modos de producción fílmica que, aunados a la
crítica de cine, se atrevieron a
cuestionar los estándares comerciales
que habían, en los años cincuentas del siglo XX, constituido un patrón en la
construcción de guiones, en la dirección y la distribución de películas
uniformadas y sujetas a los clises
más insulsos que un arte hubiese adoptado hasta ese momento. Entre sus
“principios” encontramos la originalidad de las obras que llevaran a la pantalla,
la no adaptación de películas anteriores ni de
creaciones literarias, entre otros aspectos. Asimismo, se priorizaron
movimientos de cámara que pudiesen
introducir formas novedosas de encuadre y el rompimiento de las normas que
determinan el lenguaje audiovisual como el salto del eje, algo que podemos
apreciar de un modo genial en los 400 golpes, de Truffaut.
Entonces, el autor como creador
es un posibilitador de formas siempre nuevas en el desarrollo de sus
manifestaciones estéticas, no necesariamente mediante la introducción de una
corrección en la técnica cinematográfica, ni en la absoluta originalidad de
temas que no suelen explorarse en los films que caracterizan un momento
histórico. Más bien, el autor es capaz de ofrecernos su mirada particular sobre
problemas recurrentes que sean significativos para la vida humana en todas sus
posibilidades. Por ello no hay temas vedados en el arte y el cine se ha
encargado de demostrarlo a lo largo de su centenario de existencia. Un autor es
también el dueño de una poética propia en alguno o en varios de los
instrumentos que le sirven para mostrar
su arte, bien sea en un modo propio de encuadrar, en una composición especial o
en unos movimientos de cámara que lo identifiquen frente a los espectadores,
quienes serán siempre los que terminen de llenar el vacío de la obra en tanto
no pueda ser vista. Su mirada es un punto de vista intimista sobre la realidad,
capaz de inscribirse en los ojos del público como una huella indeleble y
difícilmente borrable de la memoria de quienes aprecian sus creaciones.
El autor fílmico es aquel que se
incrusta en nuestra memoria mediante las
imágenes audiovisuales para trastornar, de una vez y para siempre, la
percepción y la afección que tenemos como público de la realidad que nos rodea
y en la que habitamos y nos reconocemos como
seres humanos.
Por ello, Tarantino continúa con su estilo fílmico, algo que nos
vino mostrando desde su primera película Reservoir
dogs (1991) hecha cuando sólo contaba con
28 años, y a cuya edad ya tenía escritos los guiones de True Romance y Asesinos por Naturaleza, este último posteriormente reescrito
y dirigido por su coterráneo Oliver Stone. Su poética es una combinación de
cine de género con inserciones bastante exacerbadas de escenas violentas en
donde la sangre fluye de modo desbordado. No obstante, su estética no está
inscrita en el cine de violencia. ¡Violentas las películas de Rambo o de Terminator que en muy pocos segundos
asesinan a un número elevado de personas sin ningún recato!
Leonardo DiCaprio-Django
En esta oportunidad,
acudiendo a una película filmada en 1966
llamada Django, inscrita en el género del western pero con el nombre más
completo de Spaghetti Western y
protagonizada por el eterno Franco Nero, el director acierta una crítica
bastante explícita sobre uno de los genocidios más grandes que infligió la
sociedad norteamericana sobre una comunidad expuesta a las ambiciones de
propietarios esclavistas que desde el sur de los Estado Unidos, mellaron la
población negra proveniente del África
hacia “la tierra de la promisión”. El condimento para la denuncia se encuentra
en los inconfundibles zooms propios del genero western que hicieron tan famoso
a Sergio Leone, director de la trilogía del dólar en décadas anteriores.
La historia de Dajngo es bastante
simple. Un cazador de recompensas alemán, interpretado por el actor austriaco Cristoph Waltz, compra a un esclavo, interpretado por Jamie Foxx, quien es entrenado para el oficio
de su nuevo dueño, con el fin, a la larga, de liberar a su esposa, interpretada
por Kerry Washington, de las manos de su anterior dueño, un despiadado
esclavista sureño, interpretado por Leonardo DiCaprio, quien es asesorado por
un viejo sirviente negro, interpretado por Samuel L. Jackson.
La película de dos horas cuarenta y cinco minutos de
duración, nos muestra en una fotografía exuberante, las caracterizaciones de los personajes como caricaturas que
exhiben grandes dotes retóricas a sus
interlocutores, acompañando sus palabras con acciones impresas de artificios violentos. Sus vidas parecen
caricaturas del comic que se deslizan en
medio de una realidad brutal para los
estadounidenses. Las actuaciones son bien logradas, pero en ocasiones la
saturación verbal de los personajes resta
un tanto de interés al marco general de la trama que es un homenaje a las películas de vaqueros tan importante para
la inspiración cinematográfica de Quentin Tarantino.
Vale destacar también las
tonalidades de la iluminación que en
alguna ocasiones se nos presentan opacas e intensas como para darle vida a
escenas desgarradoras como las pelas de esclavos o el despedazamiento de un
esclavo en las fauces de caninos sedientos de sangre o los castigos propinados
a la esclava esposa de Django.
Quentin Tarantino-Django
Finalmente, la verosimilitud de la historia
queda compensada por la firme determinación de mostrar una película de género,
en la que la denuncia es una píldora para la memoria a una sociedad que ya
parece no recordar sus propios desafueros en un pasado no tan lejano.



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