Una joven prometedora y una hermosa venganza



Carey Mulligan protagoniza una obra fílmica que exuda todos los aditamentos de una película feminista. La directora inglesa Emerald Fennell, conocida sobre todo por sus interpretaciones de actriz secundona, no realiza ningún tipo de concesiones para quienes se imaginan un mensaje ortodoxo detrás de los activismos feministas actuales. La historia rodea la comedia negra el drama y un sentido político propio para estos tiempos de libertades civiles tan enfatizados por el cine contemporáneo. Una joven que ronda la treintena, trabaja en una cafetería, cuya dueña es una mujer irónica y desinhibida que profesa un inmenso aprecio hacia su única empleada; en las noches, la joven finge estar ebria para darle una lección a quien se le acerque con las intenciones de violarla. Sus padres la presionan para que tenga una vida normal. De sus estudios de medicina, solo quedan malos recuerdos, una violación colectiva de unos jovencitos borrachos que ahora son renombrados  médicos que están  a punto de contraer matrimonio con despampanantes modelos y unas heridas apenas confesadas a los protagonistas de semejante vejación: un abogado que se siente culpable por defender a los delincuentes sexuales y de los cuales Cassandra es una víctima latente aunque no quieta y por el contrario, busca hacer justicia; un pretendiente que funge como cirujano pediatra que participó en la violación pero ahora no  lo recuerda y cuya justificación califica como un error de juventud pese a que la joven no ha cancelado del todo sus posibilidades de compartir su vida con otra persona; una decana de la Facultad de Medicina que obvió la investigación por endilgar el beneficio de la duda y por lo tanto adjudicar la inocencia a  los perpetradores; una mujer de su misma edad que le resta importancia al hecho pero que criteriosamente guarda el video de la violación.

Desde este punto de vista las concesiones son parciales, pero no lo suficientemente sólidas para adivinar si quiera el desenlace de los acontecimientos. Cassandra es un personaje bien delineado, está cargado de dolor, de sufrimiento contenido durante mucho tiempo. El humor negro que despliega en todas sus relaciones es un mecanismo de defensa tan desesperado que sólo las personas más cercanas lo entienden. Por eso la nueva relación con Ryan es coherente con su personalidad. Desde este punto de vista, la directora, le quita presión a la historia, que por todos sus flancos puede resultar trágica. Esta en sí misma se dibuja en los hechos, pero, cada situación enrostra un vitalismo por salir del estado de insatisfacción en que se encuentra aquella mujer abusada por los hombres.

También Fennell sugiere que el pasado puede perdonarse, pero es imposible curar las heridas que ha dejado en personas víctimas de violación. No es un delito como otros, el dolor es imperecedero.  La personalidad del médico es un ejemplo de que muchos individuos pueden continuar su vida independientemente de lo que hayan hecho. La misma sociedad se ha encargado de olvidar los crímenes que por su naturaleza machista, apenas considera, pese a que las leyes los castigan severamente en la actualidad.  Su carácter tranquilo y su actitud relajada muestran que los hombres y mujeres de hoy, son respetables, pero que tal vez, sus acciones pasadas pueden jugarles en contra. Y el machismo, como un mal silencioso y, lo peor, invisibilizado, es un problema de todos. No son los hombres los principales juzgados aquí. El joven actor y comediante músico Bo Burnham logra construir un papel sólido, con los tintes adecuados de funcionalidad, que cohonestan con la personalidad de Cassandra. De los padres de la mujer, sobresale el papel de Stanley Thomas, comprensivo, silencioso sufriente que intenta contrapesar las quejas de su madre.

“Una joven prometedora” sobresale como una de las películas más prometedoras en la temporada de premios que se avecina, cuyo tema, se pone en primer plano de la denuncia actual, especialmente para activistas del feminismo que encuentran, más allá de la denuncia explícita una metáfora agridulce de una personalidad acribillada por los parámetros sociales, cuyos índices de machismo se han intentado difuminar. De su puesta en escena, con planos bien logrados, encontramos como destacable también, una escenografía de tonos rosa que contrasta fuertemente con los caracteres recios y convencidos de que los principios deben defenderse hasta el final. La directora contribuye estéticamente a la suma de credibilidad en las instituciones, con esta joven vengadora. Si bien, acumula dudas de impunidad en este tipo de crímenes, aporta una mirada optimista sobre lo sucedido a millones de mujeres en el mundo. El mundo de las mujeres solo puede comprenderse desde el dolor propio. Una experiencia de violación es imposible de borrar simplemente con la mano de la justicia porque las heridas de cada una de ellas, es una marca indeleble que solo se logra superar con la muerte. Y en esta sentencia tan fuerte, vale la pena seguir apostando por la vida, porque sólo en ella se puede obtener algo de satisfacción. La verdad y la reparación son logros que deben proyectarse hasta que se puedan concretar definitivamente.

Con este filme, se cumple una cuota que en años anteriores ha quedado en déficit: las mujeres haciendo cine y en ello registran varias de las problemáticas actuales que visibilizan su realidad. Ojalá esa misma propensión cinematográfica se cultivara en nuestro país dadas las condiciones de vida lamentables den la cuales deben vivir cotidianamente. La violencia sexual contra las mujeres suele ignorarse como un problema común del cual ellas mismas son responsables.

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