El número dos
Guillermo Vilas
Guillermo Vilas fue y será uno de los mejores
jugadores de tenis de todos los tiempos. El argentino que acuñó una memorable
frase “Serás lo que debas ser o no serás nada” tenía la firme convicción de su
calidad como competidor y cuyo halo deportivo es el producto de numerosas
influencias que lo hicieron pensar distinto. Woodstock fue la ratificación de
que era un espíritu libertario y que la música ya había obrado en él desde
mucho antes, cuando era niño y luego, en su adolescencia habría de ofrecerle
impulsos novedosos en su estilo de vida sereno. De su admiración por Jimmy Hendrix
tenemos noticias los aficionados al deporte en especial los que vemos las
transmisiones masificadas pero que buscamos la parte humana, tan refundida por
el comercio televisivo. Así como la devoción manifestada en todas sus
entrevistas por el músico argentino Spinetta. A Krishnamurti lo había
interiorizado como parte de su entrenamiento espiritual, así como la pasión por
la lectura, en particular de las obras de Antoine Artaud. De su vida pública
conocemos su personalidad tranquila, un poco sombría tal vez, pero de su vida
privada sabemos poco.
Su padre lo alentó desde pequeño a la práctica del
tenis, le compró su primera raqueta, lo inscribió en la academia de tenis y fue
puliendo su entusiasmo. Su madre dejó salir su derroche comprándole un bombillo
por día para que iluminara en las noches su garaje con el fin de que el niño
pudiera practicar su deporte.
Pero su amigo Eduardo Puppo aparece en su vida
recientemente y se convierte en un soporte fundamental de la lucha interna que
el campeón de cuatro Grand Slam a finales de los años setenta del siglo XX,
sostenía. Su represión era y es un llanto potencial que no ha terminado de
parar desde esa década maravillosa del tenis, cuando el número 1 del ranking
ATP se encajonó en dos o tres tenistas, pero injustamente no otorgado en franca
lid al mejor jugador de esos años. Los datos extraviados, las clasificaciones,
las puntuaciones de los torneos y una serie de imprecisiones u omisiones estadísticas
le quitaron la posibilidad de llegar al tope de la tabla, durante al menos 7
semanas, lugar ocupado por Jimmy Connors. Pese a esos números, en la cancha,
Vilas se impuso varias veces a quienes lideraron la clasificación, siendo
destacado por sus golpes tenísticos como el mejor de todos. Sin emprender esa
batalla jurídica aún, los informes de Puppo fueron tan eficaces que el mismo
Vilas decide inmiscuirse frontalmente con ese proyecto. La investigación cuyo
nombre fue “Proyecto V” está compuesto de 1200 páginas en donde se recopilan
informaciones periodísticas de la época, sistemas estadísticos obsoletos y una
gran cantidad de información sustentada con cifras que no fueron considerados
por la ATP para modificar esa injusticia histórica.
Primero Puppo se da cuenta de las deficiencias de
los rankings y se pregunta por qué, un ganador de 4 grandes en dos años
consecutivos, no alcanza la posición número 1 de la clasificación. Entonces comienza a excavar papeles de
diarios y de publicaciones periodísticas deportivas y decide empoderarse de ese
propósito. En un segundo momento contacta a Guillermo Vilas para informarle de
esa anomalía, cosa que el deportista ya presentía. Tal vez su personalidad
pasiva le impidió, por un acto de humildad, luchar por remediar esa
situación. El entusiasmo de éste fue
notorio y se pliega en información y en recursos para patrocinar esa pelea. En
un tercer momento el periodista deportivo se da cuenta que debía emprender una
reelaboración del análisis desde 1973, aspecto neurálgico para el ánimo por el
tiempo y el esfuerzo impresos en ese proyecto. Su esposa, entonces, busca blogs
de estadística asociada con rankings y contacta a un matemático rumano quien
tiene nueva información que puede ayudar en este trabajo. Así, logran demostrar
luego de varios años de compartir información y de analizar datos que la ATP
omite puntos en la clasificación de Vilas y otorga otros a Connors
injustificadamente.
Pese a esto la organización tenística sustenta que
esa clasificación fue hecha con datos de la época y que modificarla sería
atentar contra las personas y los hechos que la historia había labrado, casi
desnaturalizando el campo tenístico. Frente a esto, el último recurso es
contratar a un abogado para seguir luchando por esa causa. Tampoco surte efecto.
Por todo lo anterior “Vilas”, documental dirigido
por el argentino Matías Gueilburt, es una declaración de justicia no cumplida.
Pero más aún es una manifestación de amor. De amistad entre dos hombres que se
conocieron en el tenis pero que fueron unidos por un propósito común. La de dos
argentinos que amaron ese deporte como nadie y que compartieron experiencias a
lo largo de todas sus trayectorias profesionales. La película muestra el
material documental, el esfuerzo de ambos por alcanzar logros profesionales y
el sacrificio personal para lograr sueños. Los abrazos, las miradas, los ánimos
infundidos mutuamente hablan de una relación profunda, como dos hermanos que se
aman. Las escenas de ambos hombres rencontrándose en Mónaco, son conmovedoras,
caminando por las calles mientras un aficionado veterano interpela al campeón
para declararle su admiración, enseñan una complicidad íntima. Las lágrimas afloran varias veces. La autocontención
de Guillermo Vilas es heroica pero muy prolija en momentos de confesiones entre
los dos personajes.
En 90 minutos nos acercamos más a los logros de un
gran hombre, un inmenso deportista latinoamericano que hizo de su vida un
estilo de existencia imitable. Un ejemplo para las nuevas generaciones que hoy
en día necesitan referentes especiales.

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