Nunca me llamaron “negro”
De Spike Lee
El afinado instinto estético de un gran artista como Spike Lee está
consignado en la mayoría de sus obras cinematográficas, sin que en ello pueda reprocharse
su activismo político como un agregado indeseable. Por el contrario, su
compromiso con la causa afro es su mayor virtud porque el apasionamiento con el
que asume sus empresas fílmicas es un torrente inevitable que fluye por el
curso de la cultura contemporánea. Con “5 sangres” asistimos a un registro audiovisual
de gran calidad que tiene su contexto en la Guerra de Vietnam, entre los años
1967 y 1971. Cuatro veteranos de guerra
regresan a ese país con el fin de encontrar el cadáver de su amigo, desaparecido
en combate, el héroe Norman, cuyas ideas inspiraron las actuaciones del grupo. Asimismo,
esos cinco soldados buscan un cargamento de lingotes de oro que encontraran en
uno de sus tantos combates en las selvas vietnamitas y que habían enterrado con
el fin de rescatarlo luego del conflicto.
La película va subiendo de intensidad y con ello, se va refinando mediante
la descripción de caracteres, con la inmersión en esa aventura que emprenden en
un lugar inhóspito al que deben regresar como un destino inquebrantable. El oro
se convierte en un motivo para que el director diserte sobre los odios y los
afectos. El uso del dinero como símbolo se puede comparar a esas grandes
tragedias literarias en donde todos mueren producto de sus ansias de ser acaudalado.
Entre las primeras escenas, cargadas de mensajes políticos que recuentan la
historia de los Estados Unidos, rescatando personajes de la población
afrodescendiente que llevaron a cabo actos heroicos pero que han sido
silenciados por el rasero de la historia oficialista y el cruce de acontecimientos
entre los personajes, parece existir un abismo. Sin embargo, a medida que transcurre
la historia nos damos cuenta que esa preparación documentalista es funcional al
marco de la obra, que la información suministrada por el director, es parte constitutiva
y esencial del conjunto.
Los cuatro exsoldados están interpretados por grandes actores: Delroy
Lindo, Clarke Peters, Norman Lewis, Isiah Whitlock Jr y el joven Jonathan
Majors, además de actores secundarios como los franceses Jean Reno, Mélany Thierry, y Chadwick Boseman. Pese a que la película es
una obra coral bien fundamentada, el papel de Lindo encarnando a Paul, se toma
toda la atención de esta historia. A este actor lo hemo venido viendo reiteradamente
durante los último 25 años del cine estadounidense, siempre cumpliendo
correctamente con sus trabajos fílmicos, pero sin proporcionarle los reconocimientos
del caso por su gran calidad como intérprete. Paul es un hombre con un estrés
post traumático luego de haber afrontado esa guerra sanguinaria e innecesaria
en la que se tranzaron los Estados Unidos. Él es un símbolo de las víctimas, de
aquellos soldados enrolados sin que objetara su participación en esa
conflagración, excepto por la admiración a personajes como Muhammad Alí, al
cual se refiere el director en la película. Sus conflictos personales son desprendimientos
de sus recuerdos, su falta de sueño, su paranoia, sus agresiones permanentes a
otras personas, viendo enemigos en todas las personas han creado una manera de
ser difícil, incluso para sus amigos íntimos, quienes lo acompañaron en esos
años desgarradores para tantos jóvenes asesinados en esa guerra fratricida. Paul
no ha olvidado a sus enemigos; en una escena de la película, unos ex
vietcong le ofrecen un trago de cortesía mientras levantan las copas en
señal de saludo, a lo que este hombre atormentado dubita en responder. La relación con su hijo es una ida y venida de
afectos. En momentos en que está a punto de perderlo debido a que este joven que
ansía recuperar el amor de su padre pisa una mina terrestre, aflora una
sensación de pérdida que luego se difumina con las palabras hirientes y los
gestos destinados hacia su único bastión en la tierra. Sus culpas como aquella
relacionada con la muerte del legendario Norman, pesa como una roca inmensa
sobre sus espaldas pero sobre todo sobre su conciencia hasta que logra el
perdón de este espíritu que merodea en su mente todo el tiempo.
“5 sangres” es una película sobre los afectos entre hermanos de sangre que se
apalanca en la guerra para debatir sobre la
esencia humana. El dolor que causa en sus compañeros de combate el haber hallado
el cadáver de Norman conmueve hasta la saciedad. Ese cierre de ciclo es el
culmen de una expiación que el presente ha decidido traer a la memoria en su
encuentro con el pasado. Hay grandes reflexiones
explícitas sobre los otros, sobre la solidaridad que debe reinar entre los
hombres, sobre la confianza y el abrazo de causas políticas para seguir viviendo
en este mundo. Las frases grandilocuentes sobre el apoyo afro son notas al margen
sobre algo más grande que está inmerso en la filmografía de Spike Lee: la
capacidad de sobreponerse a los obstáculos que la misma cultura va imponiendo.
Por eso la resignación no es una opción. Es necesario protestar por los fenómenos
que oprimen la vida de las personas. Los grandes monólogos de Paul en la
película son tormentos que habitan en el alma de la gente como un anzuelo que debemos
lanzar hacia el prójimo para despertarlo de su anomia. La guerra ha sido
peleada por los más vulnerables, por las minorías que no toman en cuenta los
líderes políticos. Los vietnamitas también fueron víctimas del ansia de poder
bipolar que desangró la humanidad durante esos flagelantes años de la guerra
fría.
La potencia de cada uno de los planos hace de Lee uno de los mejores
directores del mundo. La tensión que imprime a cada una de las situaciones desnuda
el fragor del artista comprometido con su arte que usa la política como medio
de discusión.
La libertad que tiene el director para realizar su trabajo es uno de los
grandes beneficios que Netflix le provee. Seguramente Leroy Lindo al igual que Spike Lee
recibirán grandes homenajes y premios por esta buena película que sin duda se
convertirá en uno de los mayores clásicos del siglo XXI.

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