“El Che”, ícono del hombre latinoamericano
Paco Ignacio taibo II

El documental de Netflix “El che” del año 2017 muestra las declaraciones de varios de los compañeros de armas y de vivencias que supieron transitar los pasos de Ernesto Guevara, especialmente en su productivo recorrido por la Cuba pre Batista y luego, cuando la Revolución ha triunfado y era necesario organizar El Estado. El encanto del reconocido hombre de letras Paco Ignacio Taibo II saca lo mejor de los caminantes que narran las experiencias de sus luchas al lado de este argentino cosmopolita y de su camarada Fidel Castro. Ninguno de los protagonistas se guarda nada, todo es contado con esa calidez que tienen los cubanos.
El filme es un experimento. Uno guiado por las narrativas y por las enseñanzas de un libro biográfico sobre el revolucionario argentino, ambientado en escenarios naturales, por donde corren varios ríos icónicos de nuestra región suramericana. Taibo, ahora director del Fondo de Cultura Económica y escritor de novelas policiacas se moja los pies, camina por las calles de ciudades latinoamericanas como la Paz, Iquitos o Ciudad de México, en tanto las personas miran ese extraño acontecimiento y remueven el paisaje de unos sitios que aún guardan los recuerdos de los barbudos que escalaron la Sierra Maestra y luego descendieron a la Habana para fundar una nueva forma de ver el mundo.  En las camisetas de Taibo siempre abundan los mensajes sobre la lectura o sobre los libros asociados a los sueños de los lectores. Sus preguntas son más que una interpelación inquisidora, pasadizos a otra dimensión, a otro tiempo olvidado por los acicates del neoliberalismo.
La aventura es acompañada de un archivo fotográfico que enseña la evolución física de Guevara. Su cambio ideológico es el producto natural de las vivencias, de los amigos que dejó, de los trabajos que desempeñó en cada una de las ciudades por donde pasó o donde vivió, siempre con la convicción de que habría que cambiar de sitio para iniciar otro proceso revolucionario. Según vemos en las imágenes, "El Che" fue dueño de una personalidad afable, con deseos de superar retos autoimpuestos o impuestos por las circunstancias.  Su manera de percibir y de expresar el mundo era distinta. Las cosas que le regalaban sus padres las compartía sin importar si se las regresaban o se las destrozaban. Su asma no fue óbice para dejar salir esas energías juguetonas que sabían cómo granjearse el respeto y el cariño de los otros. Su carisma lo heredó de su padre, hecho que se aprecia en las declaraciones ante la cámara.   Su decisión de estudiar medicina quizás haya salido de su imperiosa necesidad de ayudar a los otros.   Con su amigo Granados emprende ese famoso viaje por Suramérica, desde Argentina hasta Caracas donde finalmente toma un avión para Miami, sin un céntimo en los bolsillos. Probablemente para esos años de juventud ya hubiera tomado la decisión de adscribirse dentro de un movimiento revolucionario panamericano. Cuando atraviesa el Amazonas a nado, sabe que ese acontecimiento es la carta de nacimiento de su empresa personal. Su contacto con los campesinos bolivianos le da un animo especial, sabe que ese fragor latinoamericano está incrustado en el sudor de cada uno de los hombres y mujeres que sufren las condiciones adversas en materia económico política y que ese entusiasmo revolucionario es un sentimiento universal, que lamentablemente traerá consecuencias divisionistas a nivel mundial.
De su paso por México le quedaron los encuentros con Castro y con los revolucionarios que iban a llegar a Cuba, ante la mirada aterrada del ejército Batista. Menos de un centenar de hombres contra toda la institucionalidad militar. El recorrido por las provincias cubanas es un ataque y una huida llena de estrategias por parte de ambos bandos que finalmente culminarán con la toma del poder por parte de los rebeldes.  Lo interesante de esta parte del documental es el recuento de las andanzas y de los planes de los protagonistas que combatieron juntos. Varios de los coroneles o de los generales ya octogenarios, narran sus experiencias a Taibo. Ahora son ilustres héroes de la Revolución y cuentan con el beneplácito del pueblo. El Che, después del triunfo, ayudó a construir la burocracia cubana, pero con un enfoque distinto. La de trabajar junto a la gente. No tenía mucho sentido dividir el trabajo intelectual del trabajo físico. Por eso se ocultó varios meses en los cañaduzales cubanos, manejando máquinas y limpiando la tierra para construir una nueva productividad que diera riqueza a la gente en Cuba. Hay una reverencia, un agradecimiento por la figura del Che en Cuba. Cuando regresa a esta isla vestido como un burócrata calvo y camuflado para evitar su reconocimiento, luego de haber dejado una carta de despedida leída públicamente por Fidel Castro, quiere retornar a la calidez de ese país caribeño. En África recordaba sus épicas jornadas al lado de sus compañeros de lucha. La nostalgia era un sentimiento que disimulaba con la marcha continua de nuevas empresas revolucionarias.
Su director, Matías Geilburt, hace de este documental un homenaje del ícono, quizás el más importante de Latinoamérica. El asesinato del “Che” por parte de militares estadounidenses y bolivianos es un crimen innecesario. Al perpetrarse, el mito se erigió para siempre en el imaginario de las luchas mundiales. De nuestros limitados confines surgió una figura de características universales.


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