“Parasite”, los
planes no sirven para nada, es mejor dejar que las cosas se acomoden solas
De Bong Joon Ho
Desde “Okja” no teníamos noticia
del director coreano, nacido en Daegu en 1969, Bong Joon Ho. Su carrera como director y guionista ha
estado repleta de grandes éxitos internacionales, donde la crítica
especializada le ha otorgado los mayores elogios, incluso hoy, en medio de
directores connacionales de tanto prestigio. Su Palma de Oro de este año por
una película disparatada llamada “Parasite”, es quizá su logro más emblemático.
“Parasite” es comedia, drama,
suspenso, thriller… que ratifica la propensión del director coreano de elaborar
obras fílmicas liminales que enmarcan su libertad para poner en imágenes ideas
descabelladas con una puesta en escena genial.
El autor narra la historia de dos familias, una de ellas asume
protagonismo por sus condiciones de vida incipientes y la otra que complementa,
nada en la opulencia, con lo cual, el director exacerba el contraste de clases
en una sociedad llena de oportunidades económicas. La simetría parece perfecta
por el número de miembros que tienen cada una. La primera está compuesta por un
padre que vive junto a su esposa e hijos en un apartamento subterráneo, desde
el cual puede divisar a los que deciden soltar sus desechos en la calle,
mientras aquella familia disfuncional desvía el wi-fi de los vecinos para poner
distraerse. Su hijo mayor entra en el seno familiar de sus nuevos empleadores
cuando hace un reemplazo de un tutor de inglés amigo suyo que enseña ese idioma a la hija de aquellos.
Desde ese momento, la familia pobre
trama el ingreso abrupto de todos los miembros a ese hogar, utilizando una
serie de artimañas que terminan dando buenos resultados.
Las buenas intenciones de la
familia rica es una posibilidad de entrar en un ambiente natural de buenos
propósitos, de buenas maneras y de buenos comportamientos, pero el director
parece decirnos que las actuaciones reales hacen fluir el destino de las
personas hasta ponerlas en el lugar que
les corresponde. Torcer demasiado la
realidad desvía el engranaje que tira los hilos del mundo en contra. Una empleada de servicio
despedida, devela las malas intenciones de estos vividores que habitan en los
extramuros de una inmensa ciudad a la cual caminan en medio de las inclemencias
naturales. Bong Joon Ho es bastante explícito en la exposición de las
diferenciaciones sociales y esto lo hace porque se ha inventado una obra que no
respeta los géneros y con la poca sutileza de la comedia muestra la tragedia de
los desposeídos económicamente cuyo ingenio da para tramar planes despiadados
en contra de quienes pueden ofrecerles un poco de dinero. Y a propósito de los
planes el personaje interpretado por uno de sus actores fetiches, Son Kang Ho,
dice que la vida es un marasmo de hechos que son incontrolables, por eso
cohibirla no sirve para nada, porque el mundo tiene sus propias leyes que los
humanos no podemos conocer.
Las situaciones en las que entran
los personajes tienen un dejo de las películas de Serie B por lo insólitas,
pero la planificación de la obra goza de una calidad refinada; cada plano se
encuentra armonizado con el total de la obra, siempre enseñando algo novedoso
mediante las nuevas informaciones en medio de todo el conjunto. Las más de dos
horas de duración del filme transcurren fluidamente, sin limaduras que pudieran
aburrir al espectador. Las ocurrencias están bien registradas por la cámara que
se mueve rítmicamente en direcciones plagadas de ingenio. La anchura del cuadro
aporta una belleza estética cargada de sutileza como un verdadero entretenedor
que la gente conoce. El trabajo del director coreano es el esfuerzo por distensionar el arte a través de una obra
compacta por la forma pero ligera por el contenido. La densidad de la película
se encuentra en los pies de páginas que son parte del trasfondo que un buen espectador
debe leer entre líneas. En esa banda sonora se escucha la elegancia del artista
que acompaña los ojos del público con esos tintes humorísticos ligeros que
hacen de la obra un manjar para todo tipo de público.
En esa actitud desenfadada por el
tema, la grandeza de un director se conecta con los espectadores con el fin de
no alejarlos de la pantalla. La
intención final de la película es poder expresar obsesiones internas mediante
imágenes desenfadadas que puedan llamar la atención de un público grueso. Para
quienes tienen un poco más de exigencia la puesta en escena no admite ninguna
crítica negativa y para quienes sólo buscan entretenimiento las historias de
Bong Joon Ho, colman las exigencias de sus gustos relajados.
La premiación de esta película
por parte del jurado en Cannes es un homenaje a todos esos directores
orientales de la última generación que se encuentran realizando esfuerzos por
encontrar nuevas historias, que fuerzan la imaginación hasta llevar a cabo
ideas frescas que pueden calar en gustos de espectro amplio. Los temas son
válidos siempre, la calidad de un artista audiovisual se mide en la manera como
realiza la puesta en escena. Bong Joon Ho nos trae con “Parasite” una crítica a
las desviaciones sociales que radicaliza los excesos a manera de broma y una
obra que expone algunos miedos que los coreanos patentizan en su vida cotidiana
como la posible confrontación con su vecina Corea del Norte o las amenazas
económicas que el mundo actual les podría traer.

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