El negacionismo de los españoles



El documental “El silencio de otros” de Almudena Carracedo y Rober Bahar es el ganador de la  68 edición de la Berlinale en la sección de “Panorama Dokumente”. Producido por los hermanos Agustín y Pedro Almodóvar es un registro audiovisual de las atrocidades cometidas por la dictadura del genocida español Franco desde los años 1936 a 1976 y de la lucha por parte de las víctimas octogenarias y de algunos de sus descendientes por lograr algo de justicia ante un gobierno español que como vocero del Estado, se ha encargado de ignorar las múltiples querellas en contra de los perpetradores de semejante salvajada.
Si bien la calidad estética de la película es prescindible, las emotivas imágenes y los testimonios de miles de personas que perdieron a alguno de sus seres queridos en la dictadura es claramente la fortaleza de la obra. Las estatuas de barro divisando el panorama desde sus sitios de piedra, son testigos de la barbarie pero también del silencio de otros que no hicieron y no hacen lo suficiente para que se calme el dolor en el alma de quienes ni siquiera han podido recuperar los restos de sus familiares.
El documental inicia con el lento caminar de una anciana en su recorrido desde su casa hasta una cuneta de una carretera poco transitada donde se encuentra una fosa  que podría albergar el cuerpo de su padre. Los directores entienden que esa mujer es una víctima desprotegida por el estado y que la única manera de mostrar su dolor parece ser esta película. Es inevitable no solidarizarse con los que piden justicia aun después de la famosa ley del olvido promulgada en 1977, con la fuerza todopoderosa de sólo políticos españoles y especialmente de esa realeza falangista que lejos de ser decorativa se ha convertido en una cómplice de los delincuentes torturadores pertenecientes al franquismo. A continuación se registran los testimonios de las víctimas a quienes se les abre una puerta de justicia por la aceptación de las querellas por parte de la jueza argentina Servini de Cubria sobre los casos que ella considera de lesa humanidad, por tanto, imprescriptibles para la ley internacional. En ese proceso las victimas deben trasladarse, a pesar de sus impedimentos físicos y sobretodo de su cansancio de luchar por una causa minoritaria, desde España a Argentina. En sus rostros se pueden observar los rayos de esperanza ante un mínimo de posibilidades de ver a los asesinos de sus familiares en juicio o por lo menos que se pueda obtener un poco de verdad para paliar un el dolor de tantas décadas de incertidumbre. Las protestas y las manifestaciones públicas de las víctimas son una constante pelea por ser escuchadas en las principales calles de algunas ciudades españolas.  De las más de 100.000 desapariciones solo se han podido esclarecer cerca de 22.000 personas que todavía tienen a sus dolientes. Finalmente estremecen algunos casos particulares como los testimonios de una mujer que cuenta como en los años 80 del siglo XX, cuatro años después del fallecimiento de Franco, fue internada en un hospital  con el propósito de a dar a  luz a su hijo, pero unas horas después al despertar le dicen que su niño ha fallecido; unas décadas posteriores se da cuenta que en los periódicos hay investigaciones por niños desaparecidos fruto de la queja de varias mujeres que denuncian lo súbito de los hechos en el hospital donde estaban albergadas.  Un libro llamado “La eugenesia de la hispanidad”, escrito por Vallejo Nagera, un médico al servicio de Franco que intentaba continuar las curiosidades genética del doctor Joseg Mengele en Alemania para encontrar el modo de mejorar la raza aria pero en España. Al parecer esa práctica de investigación genética fue común en España. También conmueven las declaraciones de un hombre que fue torturado hasta el límite  en sus partes genitales por los militares de la época; con 22 años pensaba que jamás iba a tener relaciones sexuales por las atrocidades que infringieron contra él en los años 50.
Un hombre con el dolor en la voz dice que en su mismo vecindario madrideño vive uno de sus verdugos y reclama con furia por qué no se ha hecho nada al respecto.  Los intentos por llevarlos ante la justicia lentamente se han venido concretando. Es el caso de un hombre al que llaman “Billy el niño” al que no se le puede registrar su rostro en juicio, pese a que los periodistas se han empeñado en mostrarlo ante las cámaras o de otro cuyo alias  es amedrentador; “La muñeca” es retirado en un vehículo particular y blindado contra cualquier comunicación con la prensa. En algunas imágenes del documental se muestran a Franco y  a sus buenas relaciones con políticos reconocidos mundialmente como héroes excepto a Hitler, con quien tuvo relaciones inmejorables.  Los adoradores de ese dictador español aún hoy niegan la responsabilidad de su líder en las muertes, desapariciones y torturas de cientos de miles de “izquierdistas” a los que había que combatir para salvar a España de los rojos.
El negacionismo parece ser el patrimonio de la injusticia para que se pueda salvar la integridad de los asesinos. El olvido es necesario siempre y cuando se pueda conocer la verdad y se obtenga algo de reparación y justicia, sino queda incompleto.  Los tribunales españoles no han permitido que las cientos de querellas instauradas ante la jueza argentina, tengan un buen puerto. La inútil monarquía española ha sido  la mejor aliada del franquismo.

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