Magia a la luz de la luna
 
 
      De Woody Allen

Algunos artistas ya no tienen que demostrar nada. Sin embargo, los seguidores de su trabajo guardan siempre la expectativa de encontrar una nueva obra maestra cada vez que aquellos deciden publicar su última creación. Manifestaciones estéticas como el cine, por su alta dosis publicitaria, obliga  a los directores a renovar frecuentemente su repertorio artístico. De otro modo se corre el riesgo de salir de circulación. Pero esa misma dificultad tiene su antídoto debido a ese poder envolvente de dicha publicidad.  Esta parece tener un poder enorme sobre las personas que forman parte del medio. De ahí la importancia de los medios impresos o televisivos que llenan sus arcas económicas publicitando las vidas personales y profesionales de actores, directores y productores que conforman el espectáculo mediático internacional.

No obstante, la genialidad de ciertos hombres como Woody Allen, otorgan a su público todo el derecho a pedir que el talento del director newyorkino, siga  generando obras de  alta calidad.  Por  el contrario, seguramente un hombre como él no tiene altas expectativas en su público. Por eso, las obras de su última etapa como director, luego de sacar sus películas de los atestados  edificios y calles de Nueva York, están inmersas en un pantano de irregularidades que no alcanzan  a matizarse por su  obra inmediatamente anterior, la tan virtuosa película protagonizada por Cate Blanchet, Blue Jasmine.
 
                                                                  Emma Stone y Colin Firth

Magia a la luz de la luna  la última obra de Allen, parece más bien una excusa para mostrar  parajes de enorme belleza solamente. Las postales del mar Mediterráneo y de las costas francesas no logran ponerse  al servicio de la historia. Esta es más bien una urdimbre insulsa de personajes y situaciones que tienen algo de gracia. Pero eso que en algunas de las películas de este cineasta se convierte en la fortaleza de su obra, aquí  aparece como una excusa desabrida para reflexionar sobre  la eternidad. En esta obra las frases se intercalan torpemente en los diálogos de los personajes que descorren por la trama mientras trastabillan por falta de norte.

El contexto de los años veinte en la Riviera francesa sirve de atmósfera para mostrar las vidas cotidianas de las familias de la clase alta, para quienes los problemas existenciales se resumen en disertaciones metafísicas de palabras y frases grandilocuentes. La época  se caracteriza por la hegemonía del espectáculo a cargo de los ingleses y franceses. Quizás esa importancia de los shows que amenizaban el tiempo libre dicen mucho de las costumbres y hábitos de aquellos individuos que, compartiendo aquello, privilegiaban la socialización cara a cara, algo que el mismo cine ha contribuido a desestructurar veladamente a lo largo del tiempo.

Magia a  la luz de la luna brinda una buena oportunidad para el galardonado actor inglés Colin Firth, un hombre que se acostumbró a interpretar papeles frívolos. Su estirpe inglesa lo caracteriza como un actor serio de comedia  seria. Pero también ha demostrado que puede funcionar en papeles de corte dramático. Con todo y eso no ha podido cuajar un papel reamente sobresaliente. Tal vez su trayectoria como actor versátil llevó  a Woody Allen a escogerlo para interpretar a este mago prepotente. Por otro lado, la joven actriz estadounidense, Emma Stone, luego de su paso por la televisión de ese país, toma el lugar de la mujer protagonista en una de sus películas. Como dicen los argentinos, esto no es un dato menor. De actrices de enorme talento como las musas de los sesentas, setentas y ochentas, Allen ha encontrado en esta anoréxica rubia, la contraparte de Firth. Del candor y la brillantez del personaje que interpreta, Stone logra desempeñar un papel aceptable, pero sin lograr imprimir ese toque de genialidad que podíamos advertir en mujeres  talentosas como Mia Farrow, Diane Keaton y Diane Wiese. En la larga trayectoria cinematográfica de Woody Allen se hallan los rasgos característicos de la evolución fisonómica e histriónica de las principales estrellas  del cine comercial, especialmente a través de los últimos cuarenta años.

De las pocas virtudes de esta película se pueden destacar las excelentes fotografías que como se dijo ya, funcionan como  bellas postales. Aquí se ve la madurez de un trabajo durante mucho tiempo cultivado. De la historia, se puede resaltar su frescura, la exaltación de la magia y  las ciencias ocultistas,  que le dan un toque  de humor  a una trama que tiene apuntes humorísticos pero que no guarda la unidad de una comedia.  Y es que Woody Allen, usufructúa el humor para reflexionar sobre algunas esferas de la condición humana. Atrás quedaron películas como Días de radio, en donde el cineasta nos muestra un fresco de la radio estadounidense; atrás quedan obras como La rosa púrpura del Cairo en donde se diserta sobre indistinción entre la realidad y la ficción; o atrás quedan obras imponentes como Septiembre o Interiores, en las que los sentimientos filiales se convierten en actividades catárticas, etc.
 
                                                                                  Eileen Atkins

De Magia a la luz de la luna queda sólo una cifra cinematográfica  más que engrosará la lista de películas de un gran director. Pero queda también un mal sabor de boca que habrá que soportar hasta que Woody Allen decida  retomar el sendero de sus mejores obras.  No obstante, siempre que exista la posibilidad de que el maestro estadounidense siga haciendo cine, mantendremos las expectativas intactas.  Sólo es cuestión de tiempo para que la sorpresa positiva  vuelva a tener un pequeño lugar en quienes  admiramos la cinematografía de este artista.

 

 

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