Desaparecida

Rosamund Pike y Ben Affleck

Las películas en las cuales las mujeres se convierten en las protagonistas han sido más bien escasas. No obstante algunos directores han sabido explotar estas temáticas y estas posibilidades psicológicas, descubriendo universos psicológicos  cargados de oscuridad. Rebeca, la obra de Hitchcock, por ejemplo, muestra a un personaje femenino como el origen del mal y como la causa de las desdichas  de un personaje masculino que carga con su pasado como una gran roca. Así mismo directores como, Bergman, Almodóvar y quizás el más incisivo de todos: Claude Chabrol han sabido explotar este tipo de contenidos. Este último ha sabido construir mundos ensimismados en los cuales las mujeres vienen y van, aparecen y desaparecen como una exhalación para los hombres; si bien son la causa de estados de felicidad breves, también ahondan las propias falencias de los personajes masculinos haciéndolos parecer como unas simples víctimas de una mente maquinadora tal como sucede en la La flor del mal.

Aunque David Fincher no intenta hacer una disertación psiquiátrica, psicológica o psicoanalítica del mundo anímico de una mujer que se encarga de  arruinar la vida de varios personajes, en este filme: “Desaparecida”, construye distintas situaciones que aparecen desquiciadas por el exceso de deliberación en cada uno de los planes macabros para destruir la imagen de un hombre. Ese hombre es su marido. Como antecedentes, las vivencias de  Amy con sus anteriores esposos, contribuyen a dar un tono creíble  a la historia. Su esposo, un hombre joven, es la víctima de una mujer inteligente que, al ver en peligro su matrimonio, urde un plan que parece digno de un asesino de los relatos de Sherlock Holmes. Precisamente por conocerla más que todas aquellas personas con quienes ha tenido una relación, el marido encuentra que todo lo que su mujer ha planeado obedece a intenciones no muy loables.

Uno de los puntos fuertes de la película tiene que ver con el manejo del tiempo. El punto cero está constituido por la desaparición de la “inocente” mujer. Los días transcurridos luego de este hecho se refieren a un pasado que se cuenta desde el presente. Los días que transcurren después marcan el movimiento de un presente que obviamente deriva en un futuro.  

Los distintos bloques narrativos de la película son claramente diferenciables. En el primero de ellos, se muestra el encuentro de la pareja, su enamoramiento y el matrimonio hasta la desaparición, en donde nosotros como espectadores todavía no sabemos nada de lo que hay detrás de este hecho. En un segundo, la tranquilidad del esposo y las dudas de los policías  permiten que el público, direccionado por la televisión y los periódicos, se ponga en contra de aquel hombre tranquilo. En un tercer, bloque intercalado por medio de flashbacks, vamos descubriendo los hechos que permiten la imbricación de los motivos por los cuales la esposa lleva a cabo el plan de auto secuestro. Ese manejo del tiempo se mezcla adecuadamente con los puntos de vista y las voces narrativas en los cuales los personajes exponen, mediante situaciones, cada una de sus razones. Desde esa perspectiva, la narración se muestra difícil de realizar por las variaciones permanentes de perspectivas que nos van encaminando al desenlace de la historia.
                              De David Fincher

En Desaparecida los personajes tienen niveles de credibilidad desiguales. Por un lado, Amy, interpretada por la hermosa actriz británica Rosamund Pike, de 35 años, construye un papel sólido. Su desequilibrio mental arroja un trabajo bien elaborado y coherente con la totalidad de la historia. En las escenas más exigentes brilla la caracterización exacerbada del temperamento de una mujer obsesionada con sus parejas. Por otro lado, su esposo, interpretado por Ben Affleck, aparece como una caricatura apenas funcional a la trama. Grandes directores como Terrence Mallick y ahora Fincher lo siguen llamando para sus obras. Quizás los acuerdos entre productores y directores  han determinado la participación de este actor californiano en películas de este talante. Los otros personajes como la hermana de Nick urden buenas interpretaciones pero no descuellan particularmente. Ni siquiera el actor de televisión ya clásico Neil Patrick Harris, conocido por su papel, en Doogie Howser de 1989.

Fincher, luego de películas sobresalientes como Seven, Figt Club y Zodiac, ha fluctuado entre obras de menor calidad como Alien, El juego, Red social y El extraño caso de Benjamin Button, nos trae con desaparecida un thriller psicológico que intenta aproximar la mirada audiovisual al universo anímico de una mujer atormentada por sus propias pulsiones. Entre el amor, sus maquinaciones y  las dudas, la vida de Amy aparece como la consecuencia necesaria de un entorno que la ha forjado de ese modo. Sus razones son válidas pero no los medios que utiliza para obtener lo que quiere. La infidelidad de su esposo, la sobreprotección infligida por sus padres y la inteligencia  que en ocasiones la sobrepasa, comprenden aspectos que influyen en sus comportamientos desquiciados.

De la estética de Desaparecida, el ritmo de la película es irregular. Algunos bloques narrativos aparecen balanceados. Otros adquieren un tono demasiado cuadriculado. El movimiento de cámaras muestra la materia de un director que conoce su oficio. La tonalidad opaca de la iluminación recuerda un poco algunas películas de Polanski. Pero en conjunto la película apenas alcanza a enganchar por algunos momentos la atención del público medianamente calificado.

Con Desaparecida Fincher recupera un poco su credibilidad, luego de su Benjamin Button, una película que tal vez obedeció  a un encargo publicitario de alguno de esos productores que ata las manos a ciertos artistas con el fin de  dirigir obras de poco valor. Lamentablemente, la irregularidad del trabajo del director nacido en Denver, Colorado, agite cada vez la decepción en sus admiradores.

 

 

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