Todd Solondz
Todd Solondz (1959)
Tras
los rostros de personas normales, a menudo encontramos vidas desencajadas,
sensibilidades maltratadas por relaciones invisibles que apenas adivinamos por
unas vidas públicas ejemplares. La sociedad regula parámetros de
comportamiento, establece normas, modos
de ser y de pensar, dice quiénes son “los
monstruos”, quiénes los hombres, las mujeres, los niños, las niñas, los
ancianos y las ancianas que pasan por la vida sin inmutar la calma. La
disfuncionalidad se ha venido construyendo como un modo convenido de marginalización social.
Esa
disfunción es efectiva especialmente cuando tocamos uno de los temas más caros
para la sociedad: La familia. Y la controversia se dispara frente a los ataques
de dicha institución en un contexto tan complejo como el de los Estados Unidos.
Cuestionar las relaciones filiales es lo mismo que desestructurar los cimientos
de la moral. Con ello se menoscaba el imperio por dentro pese a que el imperio
siga funcionando por fuera.
Esa
es la empresa defendida por el director
estadounidense Todd Solondz, nacido en 1959. Su trabajo podemos
sintetizarlo en películas como Bienvenido
a casa de muñecas(1995), Happiness
(1998), Storytelling(2001), Palíndromos(2004) y Vivir en tiempos de guerra (2009).
En
todas ellas Solondz aproxima la mirada a los entornos familiares, a las
relaciones cotidianas sin ahorrar en consideraciones reflexivas sobre el dolor
que padecen los niños ante la mirada gélida del otro, desnudando relaciones jerárquicas entre padres e hijos y entre
hermanos mayores y hermanos menores, entre mujercitas y jovencitos desprovistos de amor y entre el
adentro y el afuera, entre la vida pública pletórica de roles vacíos y la vida
privada densificada por el dolor y la soledad.
En
Bienvenido a casa de muñecas, una
jovencita de nombre Dawn, “feita” para los otros, ansía ser vista al menos por
el chico rockero que ni siquiera nota su presencia. Su lamento es un grito
desesperado en la noche silenciosa, en donde miles de personas intentan ahuyentar su dolor en tanto claman
por un poquito de afecto. Es necesario dar mucho a cambio para ganarse la atención
de los demás. La discriminación puede ser peor cuando no se sabe de su presencia,
cuando los padres prefieren a los niños pequeños e ignoran a los grandes o
cuando los niños más extrovertidos opacan a los otros porque éstos no tienen la
desenvoltura social de los primeros.
En
Palíndromos, encontramos leves
noticias de Dawn. La continuación del drama se traspasa a nuevos personajes
pero en el fondo todo es lo mismo:
"Nadie cambia. La gente cree que sí pero no es cierto. Si eres depresivo,
siempre lo serás. Si eres del tipo descerebrado feliz en la juventud, lo serás
igualmente cuando madures. Con trece años o con cincuenta, siempre es lo
mismo”, dice Mark, el hermano mayor de la joven suicida. En este caso, la
protagonista es Aviva, una niña que
quiere tener un hijo y que es interpretada por siete actrices distintas,
mostrando que no importa el sujeto del que se hable, las cosas permanecerán
iguales porque la sociedad no ofrece condiciones distintas para aspirar a otra
realidad. En la película se muestra y se habla de la tensión entre la norma
moral y la norma jurídica, entre los defensores del aborto y los
aintiabortistas, entre quienes
defienden las “buenas” maneras y
los que en defensa de la norma moral traspasan la ley formal.
Y en el fondo,
los servidores del bien, van creando monstruos como los niños que recogen una
pareja para brindarles la protección que el Estado y la sociedad no han querido
ofrecerles. La película, bien puede ser una referencia a una obra de 1931
denominada Freaks (monstruos) y dirigida por Tod Browning.
Mientras en Storytelling
los temas fluctúan entre la redención de los culpables, la competitividad familiar
entre hermanas, y la soledad de los hombres y las mujeres relegados por la
norma, en Vivir en tiempos de guerra
el director acude a la discriminación laboral y a la construcción de los hábitos
al interior del entorno familiar que permiten la proliferación de una moral
ortodoxa en donde la armonía se defiende como valor supremo de la sociedad de los
Estados Unidos. Entre la apariencia de bienestar y la realidad cotidiana puede
existir un abismo infranqueable pero las apariencias deben mantenerse por
encima de todo.
Finalmente, Happiness es una obra maestra. La
pederastia, la disfuncionalidad familiar y el vacío existencial no como
solipsismo existencial de personajes marginados sino como producto de factores
sociales, convergen en esta película. No
hay contemplaciones ante la realidad. Las imágenes impactan porque muestran
aquello que negamos en la sociedad. En el reino de la felicidad se esconde un
mar de miserias humanas que nos negamos a aceptar. ¿Acaso la pederastia, la
masturbación, el incesto no son fenómenos de los que vale la pena hablar?
Ese es el cine que nos propone el director
nacido en New Jersey. Su mundo es quizás uno de los más extraños del mundo
fílmico contemporáneo. Sus obras ponen a pensar, sus películas, con un ligero
toque kitsch, hablan de un país que
parece vivir en el reino de la felicidad. Todd Solondz, es por ello, un rebelde
con causa que devela lo que aparentemente no existe, pero que todos, por las
normas construidas moral y jurídicamente, se niegan a aceptar. En la regulación
existe el control cotidiano y en su seno se ven oscurecidos miles de hombres y
mujeres que padecen la exclusión pública y privada.


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