Hunger de Steve McQueen, el director.



Steve McQueen y Michael Fassbender

Sólo tres largometrajes convierten a Steve McQueen en uno de los directores jóvenes más crudos  y polémicos de la última década. Sus películas son un canto a la tragedia moderna: la soledad reinante que se adivina en los rostros inexpresivos de los personajes, hombres y mujeres que son víctimas paradigmáticas de los nuevos fenómenos sociales que corren y, tal vez, por su novedad, no hemos encontrado los códigos apropiados para descifrarlos.
Tanto Hunger(2008) como Shame(2011) retratan la claustrofobia de los espacios. Pero el verdadero encerramiento es aquel que enfila los espíritus hacia la propia desesperación en un mundo interior que no encuentra satisfacción en los estímulos exteriores. No hay salidas. Sólo el martirio del cuerpo podría brindar un poco de alivio al sufrimiento.
En la primera película, McQueen ofrece un escueto cuadro sobre el drama de un hombre. Más que la figura de Bobby Sands, encontramos a un individuo  agredido por el imperio británico en manos de sus guardias carcelarios. Afuera de la prisión los militantes del IRA  y del INLA luchaban denodadamente por la unificación y la libertad de Irlanda del Norte en los albores de la octava década del siglo pasado. Adentro, Sands emprendía una huelga de hambre, sustentada por setenta y cinco defensores de la causa que se irían relevando en la medida que los anteriores huelguistas fuesen muriendo. Lo curioso es que el líder del  republicanismo irlandés, en plena huelga se convierte en candidato a la Cámara de los comunes  obteniendo una votación muy alta, siendo por ello elegido representante. Ni la dignidad de un parlamentario, entonces, pudo conmover la férrea decisión de la primera ministra de no ceder ante las pretensiones de los rebeldes. No obstante, “la dama de hierro” Margareth Thatcher no accedió al otorgamiento del estatus político a  los presos irlandeses.

                               Michael Fassbender en Hunger

La protesta se inicia en 1980 porque el gobierno británico decide no reconocer el estatus político a los miembros detenidos del IRA. En respuesta, estos inician la huelga anunciada. Pero ante las dilaciones de los británicos, Bobby Sands proclama la medida nuevamente para llevarla a cabo durante sesenta y seis días hasta su muerte. El día del sepelio 100.000 personas salen a las calles para rendirle un homenaje al líder revolucionario. En total fueron diez republicanos los que perdieron su vida durante estos acontecimientos.
La grandeza del film radica en que podemos sentir la decisión de un hombre juzgado políticamente, sin la menor posibilidad de declinar sus convicciones. Hechos como la refriega de excrementos en las paredes de la prisión o la negativa a utilizar uniformes carcelarios, hicieron parte de las demandas que estaban encaminadas a  evitar el igualamiento de los prisioneros con delincuentes comunes.  El deterioro del cuerpo se aprecia claramente en el transcurso de los planos secuencias, construidos de un modo magistral. Con un ritmo intenso, asistimos al desencadenamiento de situaciones extremas, que  muestran correctamente la determinación del representante irlandés de llegar hasta el final, abandonando su integridad física en manos del todo poderoso imperio británico, inflexible ante una causa política válida para los rebeldes irlandeses.
McQueen, es un director hiperrealista sin presumir de ello. Los cuerpos se exponen a lo más extremo del sufrimiento físico. La voz y  el aspecto del actor alemán Michael Fassbender, aparecen como la lucha del individuo contra la institución, en la cual el rastrillo de la sociedad es capaz de dejar marcas indelebles en las carnes lastimadas de sujetos inermes.
Los personajes no son máquinas dialogantes, pero cada conversación, cada palabra cumplen una función  protagónica en la construcción de la película. Así se muestra en el extenso diálogo de aproximadamente veinte minutos, filmado en cuatro planos desde puntos de vista subjetivos, en el cual nos damos cuenta de las intenciones de un líder político que fue capaz de ofrecer su vida por la liberación del pueblo irlandés. El interlocutor de Sands es un cura católico de corte revolucionario que cuestiona los métodos de su interlocutor, aunque estén de acuerdo en lo fundamental. Las palabras se pronuncian con claridad y con fluidez, confrontando a  dos hombres que no albergan dudas sobre lo que cada uno cree. El final es una especie de parábola sucedida en el mundo real, en el que Sands le cuenta una historia al padre Don en la que cierto día un grupo de  niños atletas se pierde en las montañas de Donegal, Irlanda. Un potrillo se hiere  con alguna roca. El grupo entra en una especie de marasmo, ¿qué hacer?, entonces Sands toma al pequeño animal y le sujeta la trompa dentro del agua hasta que el potrillo muere. Un padre que iba con el grupo observa el hecho y lleva a Sands hacia el bosque para castigarlo. En el fondo todos saben que  el joven había hecho lo correcto… Con aquel cuento el padre Don entiende la esencia de la lucha de Sands pero no está dispuesto a patrocinar un suicidio como ése. Para Sands no cabe la palabra suicidio, más bien es el asesinato de todo un imperio contra una lucha justa.
Quizás uno de los planos mejor logrados y más representativos del film corresponde al que muestra a un dependiente de la cárcel limpiando el agua sobre la baldosa. En el estrecho y extenso corredor la luz opaca enmarca las palabras de la primera ministra:                                                       

“Nos enfrentamos ahora con la falla de su desacreditada causa. Los hombres de la violencia han elegido en los últimos meses jugar lo que puede ser su última carta, han vuelto la violencia hacia ellos con la huelga de hambre hasta morir. Buscan trabajar sobre una de las emociones humanas más básicas: la compasión. Como un medio para crear tensión y aumentar los fuegos de la amargura y el terror”


                          Actor  alemán Michael Fassbender

Finalmente, Hunger impacta, nos lleva al renacimiento del cine político pero con personajes reales. El individuo expuesto, torturado y maltrecho en carne y sangre por el imperio de las instituciones que siguen golpeando como siempre a los que se atreven a enfrentarlo.



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