Ofelia






Esta versión cinematográfica goza de la libertad creativa de moldear un personaje extraído de la mente de Shakespeare y darle la vuelta, casi construir otro, pintándolo de un color distinto. “Ophelia” es un personaje secundario de “Hamlet” pero no por ello tiene menos importancia dentro de la trama que nos regaló el dramaturgo inglés. La directora australiana Claire McCarthy adapta la tragedia clásica con los sofisticados medios tecnológicos existentes en el cine de hoy, pero no consigue esa oscuridad que las historias shakesperianas arrojan para que los lectores perciban, como si la naturaleza, el individuo y la cultura fueran un mismo cuerpo. Esa hondura de pensamiento traspasa las fibras del alma humana para quedarse eternamente en la mente colectiva y por eso, toda obra basada en cualquier creación del genio de Stratford, connota niveles altos de presión; la exigencia que sobre ella se pone tiene sensaciones e ideas que perforan con profundidad los intentos por representar ese patrimonio universal.

Con actores noveles pero famosos, como Daisy Ridley y George MacKay, la película, adaptación de la novela de Lisa Klein, da un nuevo aire a Ofelia en su relación con su contexto, le concede una personalidad más férrea capaz de rebelarse contra los principios rectores de su época, en donde la moralidad no permitía a las mujeres expresarse de modo pleno. Menos aún, desafiar las normas de género que pudieran atacar el poder tal y como se concebía en el siglo XVII en Inglaterra. Ese es el gran error de esta joven: pretender que una mente abierta contrarrestara las duras medidas de convivencia de aquel siglo, sin enfrentar consecuencias mayores. En la obra cinematográfica, la formación de Ofelia es superior, sabe leer, puede interpretar textos, se apasiona por detalles que no lucen bajo las mantas de la realidad cotidiana, configura y deja fluir el amor hacia un príncipe caído en desgracia por la traición. Como actitud feminista en un medio conservador y machista en la era isabelina parece una actitud admirable. La versión de la escritora australiana es un cuento interesante que insufla la imaginación de las historias de Cenicienta. Por eso esta película solo puede juzgarse a la luz de la novela mencionada y no bajo los aspectos dramáticos propios del teatro de Shakespeare. Ofelia es una muchacha encapsulada en un momento de la historia que no le da las libertades para ser ella misma. Toda su vida ha debido amarrar las potencialidades que la naturaleza le dio por el temor a enfrentar los hilos flexibles de la cultura y estirarlos al máximo para expresar sus habilidades. Su esfera afectiva parece un mero suplemento de un medio que la sigue oprimiendo y que no le da espacio para elegir en la vida. Tanto el matrimonio como la sumisión a figuras masculinas, son instrumentos de un estado que simplemente cuida los dictados morales para mantener el orden. Su férrea determinación de seguir su corazón toma confianza por el encuentro con su amado Hamlet, se funde en matrimonio con él, soporta las intrigas y busca un plan secreto para defender sus sentimientos frente a un rey   ilegítimo y autoritario, cuya víctima más grande debe recibir injustamente la visita de las furias como un castigo divino. Su protectora la reina Gertrudis traiciona su admiración por las decisiones sumisas en las cuales perjudica a su hijo Hamlet. La ve como todo lo que una mujer no debe hacer cuando tiene otro modo de ver la realidad. Tal vez este hecho adverso, sea el detonante de su rebeldía ante el rey Claudio cuya figura representa todo lo que una persona no debe ser. Esa mirada moralizante se opaca por el tono feminista que se observa en esta obra fílmica que sigue repercutiendo la obra de Shakespere en el siglo actual.

Por el contario este Hamlet, es un personaje impedido desde el principio y sólo libre cuando encuentra el amor de esta enigmática dama que le brinda un baño de autonomía. De ahí en adelante, las fuerzas del destino lo subyugan a través de las circunstancias. El juzgamiento de su madre la reina queda atado por las normas reales, pero su dolor consiste en que esa figura de autoridad cede fácilmente a aquellas. Su visión preclara no puede entender cómo, esa traición a la progenie que su padre y él representan no hayan sido resguardados hasta el final. En esa relación del joven príncipe con la trama celeste, asoma el aroma de Shakespeare. La experiencia y la calidad actorales de Naomi Watts y de Clive Owen aportan serenidad en las interpretaciones, pero sin dejar de lado la pasión de ambos personajes en la obra del escritor inglés.

“Ofelia” es una versión muy singular de un mundo construido y legado para la posteridad que revitaliza un personaje admirable. Constata la profundidad de Shakespeare en sus enormes tragedias, la complejidad de los personajes femeninos siempre protagonistas de las tramas tan humanas, perdurables para cualquier tiempo. Quizás el acicalamiento en la misma línea de los estereotipos juveniles que el cine comercial actual viene promoviendo es un intento por captar la atención del gran público que también merece conocer y apasionarse con la grandeza de un genio que sigue presente en la vida del mundo contemporáneo. Esta película no es nada desdeñable porque exprime a un personaje que permite generar nuevas discusiones sobre temas que son universales y que los dramaturgos clásicos ya nos expusieron de modo magistral.

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