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“Qué es la juventud? Un sueño. ¿Qué es el amor? El contenido de un sueño”
Con este epígrafe de Kierkergaard comienza la última obra fílmica de Thomas
Vinterberg. Un artesano. Sus películas anteriores contienen ya una marca de
identidad como creador, proveniente de ese maravilloso suceso autodenominado: “Dogma
95”, fundado por Lars Von Trier y él como sus exponentes más renombrados. De ese código dogmático ya no sobreviven
varios de los aspectos que contenían sus reglas de realización como algunas
modificaciones de edición. Pero el hábito de la cámara en mano sigue presente
como un actor más que junto con las interpretaciones y las historias de las
películas, son pilares fundamentales de este modo de ver el cine.
“Druk” u “otra ronda”, en español, nos habla de un tema tan habitual como
el consumo de alcohol. Pero no es sólo eso. También y sobre todo, es una exploración
audiovisual sobre las implicaciones individuales y sociales que tiene el exceso
de la ingesta de alcohol, no solamente en la vida familiar sino en la vida
laboral. La falibilidad humana, llevada a sus últimas consecuencias con la debilidad
que entraña la resistencia a las tentaciones, especialmente cuando se ha
labrado una vida desposeída de emociones nuevas, a punto de tocar o ya en la
cuarta decena de la vida de una persona, se revela con máximo acento. En ese
momento, los hijos, la relación de pareja, la construcción de una carrera o un
oficio que depende de las relaciones con colegas que se han acostumbrado a una
vida plana, configuran razones suficientes para replantear aquello que se está
haciendo. La crisis de la mediana edad, en algunas personas, puede constituirse
en un momento ideal para cambiar de hábitos, con los cuales, por la fuerza de
las circunstancias, ya no se tiene una conexión cercana.
A cuatro maestros de secundaria, partiendo de sus conocimientos e
inquietudes intelectuales, se les ocurre la idea de ingerir un porcentaje de licor
diariamente, según los desarrollos investigativos de un psicólogo quien
recomienda continuar con la cuota de alcohol en el cuerpo, contenida naturalmente
desde el propio nacimiento. El número es 0.5%. Pero los resultados obtenidos
por estos hombres, hacen que las copas aumenten, dañando con ellos la poca
armonía que tienen, en cada uno de sus entornos. El director, criteriosamente
no centra la película en el consumo por el consumo, sino que intenta explorar
las causas y las consecuencias de este fenómeno social. No intenta juzgar, sólo quiere mostrar los sucesos de un modo desinhibido,
con la máxima objetividad posible. El personaje principal, interpretado por el actor
finlandés Mads Mikkelsen siente que su esposa hace tiempo ha distanciado su
relación y de lo cual no hace conciencia hasta que la situación se exacerba,
producto del consumo desmedido de alcohol. En su clase de historia, las
emociones cambian, la consistencia y la calidad de sus aportes, potencian el
aprendizaje de sus estudiantes, logrando el afecto de ellos y la buena
preparación para los exámenes de Estado. Sus méritos académicos son indiscutibles,
algo que resalta uno de sus compañeros de experimento. La alegría que le
producen los estados de ebriedad, son advertidas como un salirse de lo
cotidiano para potenciar su rendimiento en todos los aspectos de la vida. Pero
esa alegría es un globo que empieza a desinflarse con la verdadera realidad. La
ilusión que crea ese estado de ebriedad, sólo evidencia las verdades que todos
saben pero que sólo salen a la luz con la efusividad de un momento. Es el día a
día la oportunidad para construir una serie de relaciones de manera sólida. El
sueño del epígrafe se pierde con los años, con las relaciones, con el estado de
las cosas que es un producto social, del cual se puede escapar o no, con las
obligaciones asumidas de manera, a veces antinatural. Las escenas de
alicoramiento, muestran una sensación de libertad, como una liberación latente,
que por los prejuicios y las responsabilidades no se pueden destapar. Cuando Martin,
el profesor de sociales, libera sus deseos contenidos detrás de su vida
cotidiana, supera su propia autocontención. Al final, luego de la graduación de
sus alumnos, baila como no lo hacía hace mucho tiempo ya. La juventud retorna
en la ebriedad, pero para ese momento, su vida personal se ha convertido en un
caos no retornable.
Vinterberg va construyendo su película con una intensidad progresiva. Los
aditamentos se van sumando paulatinamente y el clímax de la obra sucede con la
muerte de alguien, pero ese escepticismo siempre deja algo por hacer, de modo
que los hombres y las mujeres, de sus obras, son seres duales, que caminan por
el mundo de modo real. Su cámara en mano, explora los distintos ángulos de la
felicidad, especialmente en aquellas escenas, donde surge la felicidad en estos
cuatro maestros que aman su profesión pero que se han anquilosado en la
comodidad de su apartamento vital que les da la costumbre, el reconocimiento y
el aburrimiento de sus posiciones. Mads Mikkelsen, es ese actor escogido
escrupulosamente por el director, sus gestos, su aplomo, sus palabras, la
credibilidad que se adivina detrás de esa figura rígida, se difumina con la flexibilidad
de sus movimientos cuya interpretación exige.
Si bien el consumo excesivo de licor, puede ocasionar problemas en la vida
de una persona, también puede ser un motor de cambio. El estado de ilusoria
transformación que genera puede conducir a repensar la existencia.
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