Los pasos recobrados de un genio




El documental “Favio, crónica de un director” de Alejandro Venturini es una declaración de amor, de ese que siente uno por las personas que impulsan a seguir viviendo a pesar de la desgracia que ocasiona, para algunos, el hecho de tener que vivir. Pocos directores de cine han tenido tanta influencia en las generaciones de cineastas más recientes, como la tuvo y la tiene Jorge Fuad Jury, más conocido como Leonardo Favio, al menos en América Latina.  Esta película es también un regalo para los cinéfilos que crecieron viendo las ocurrencias fílmicas de un artista, con ese tinte romántico de los personajes de esas películas cargadas de movimiento.  Luego de la muerte de Favio, ocurrida en el año 2012, Venturini hace un trabajo de campo, recolectando información sobre el director, en ese lugarcito de nombre “Catitas” en la provincia de Mendoza y en ese pueblo llamado de Luján de Cuyo, donde creció y también tuvo sus primeras desavenencias con el mundo. En ellos podemos ver el paso del tiempo, entrometido en los colores desgastados de las casas barriales y en las tajaduras del cemento, mientras la omnipresencia del maestro argentino se hace voz a través de sus allegados. Todas las personas que lo conocieron, especialmente los que trabajaron con él, hablan de modo elogioso, sin ahorrarse adjetivos para destacar el talento, el empeño y sobre todo el calor humano de un hombre que se acostumbró a vivir con la depresión, pero también con el levantamiento de esas crisis por medio del cine.  Uno de los más envolventes, es el del hermano de Leonardo Favio, el guionista Jorge Zuhair Jury, un anciano de hablar pausado, de rostro limeño y endurecido por el tiempo, con unos ojos fijos que apenas se mueven para pestañear. Sus palabras no denotan emotividad más allá de la que deriva el sonido de su voz, pero habla con una claridad pasmosa sobre el proceso creativo de varias de las obras de las cuales fungió como guionista, entre ellas “Crónica de un niño solo” y “Juan Moreira”, dos de las obras maestras de Favio. Ambos hermanos siempre compartieron la pasión por la imagen, con ese sentido social tan especial en la vida de unos hombres provenientes de zonas desprotegidas por el estado y cuyas infancias transcurrieron en las “Villas Miserias” de esas populosas zonas argentinas de la Provincia.  Una de las anécdotas un tanto dolorosas que relata, fue la del proceso creativo de “Gatica el mono”, filme sobre el boxeador gaucho de ascendencia humilde como casi todos los pugilistas, con una raigambre peronista, afecto compartido por los dos artistas y el personaje. Cuenta que su hermano, Favio, se encontraba sumido en una profunda tristeza, de difícil pronóstico, y no tenía un motivo de inspiración para seguir con su oficio; luego de 16 años de parate, al fin logra convencerlo, con presupuesto y un guion listo para expresarse en el rodaje, por fin el cineasta acepta realizar la película, pero que ese guion elaborado con tanto ahínco, es cambiado totalmente por la mano creativa de su hermano. “No importaba, si mi guion había sido enviado al carajo, había servido para salvar la vida de mi hermano”. También en el documental se muestran testimonios del director Eliseo Subiela y de el director de fotografía Juan José Stagnaro y los actores Edgardo Nieva y Graciela Borges, cuyas palabras guardan una calidez evocativa. Que hace imaginar inmediatamente el trato profesional y afectuoso de este gran hombre, con sus colaboradores de rodaje.  A la misma altura emotiva de las palabras de Zuhair, aparecen las de Edgardo Nieva;  a este actor argentino  se le quiebra la voz recordado y expresando su cariño por Favio; Cuenta que quería hacer una película sobre “Gatica” y que tenía el presupuesto para ello, y quería contratar al artista mendocino; ni su profesionalismo ni su decisión fueron suficientes para refrenar la ansiedad que le producía el encuentro con su ídolo de siempre; Leonardo Favio le dijo que él no podía hacer el personaje principal por su poco parecido con el boxeador puntano. Edgardo le contestó que toda la vida se había preparado para este personaje y que se le iba el alma y la pasión para interpretarlo pero que no importaba si no era elegido porque lo que más quería era ofrecerle un homenaje a “Gatica”; entonces el director le contestó, “perdóname, eres el indicado”. Luego de lo cual unas cuantas cirugías pusieron al actor a punto para el trabajo.  Con esos testimonios, Venturini, logra realizar un recorrido cronológico por el cine de Leonardo Favio, advirtiendo el ambiente emocional de las relaciones de rodaje y extra rodaje y aspectos técnicos como los de los encargados de la música de esa fineza estética llamada “El romance de Aniceto y la Francisca.” O “de “Nazareno Cruz y el lobo”, obra esta que se considera película recurrente en los catálogos cinematográficos de América. Un hombre como Leonardo Favio, que destinó el dinero de su música para hacer lo que más le gustaba: el cine, es uno de los padres de nuestra historia fílmica. Siendo él mismo un precursor y un vanguardista cinematográfico, con películas icónicas, de personajes hermosos, con ese estilo íntimo que habla al oído de los espectadores para no dejarlos solos. Por eso, “Perón, sinfonía de un sentimiento”, está hecho para perdurar y de ahí su enorme calidad como documental, porque más allá de las preferencias políticas, el peronismo para él era, un estilo de vida. Como están hechas todas su películas para el aniquilamiento del olvido.

 

 

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