El hombre que amaba las películas
Uno de los hombres consagrados plenamente al mundo del cine es el director
estadounidense Quentin Tarantino. De sus 21 años de carrera han surgido miles
de admiradores y se han realizado cientos de homenajes en su nombre. Pero este
documental llamado “QT8 The first eight” es el más vivo de todos porque trabaja
con los mismos medios de los que se vale aquel para producir las obras
fílmicas, que ya completan la novena, con las cuales su genio quedará para la posteridad.
Tara Wood, una directora que además ya había hecho un trabajo similar con la
figura de Richard Linklater, nos muestra la maestría profesional y el universo
personal del director. “Erase una vez en Hollywood”, su, hasta ahora, última
obra, es un homenaje a los dobles y a las personas que aparecen detrás de
bastidores en muchas de las escenas que disfrutamos enormemente quienes amamos este
campo, por ejemplo.
Lo valioso de este documental, es la introducción en los episodios que han
marcado el trabajo de Tarantino, recreando el proceso creativo dentro y fuera
del set, pero especialmente, el encanto
que tiene radica en las mismas declaraciones de sus actores, productores y
dobles, quienes, a pesar de su reconocimiento
y bagajes profesionales, quedaron deslumbrados desde el primer momento, con las
ideas de éste, a pesar de lo
extravagantes que pudieran sonar algunas de ellas no suficientes para desvirtuar
el talento de ese hombre, sencillo, pero
radical en sus convicciones. Los detalles que se muestran, muestran el trabajo
de elaboración de cada una de sus películas.
No sólo las palabras elogiosas de sus productores, si no de actores como Samuel L. Jackson y Tim Roth, cuyas personalidades son cáusticas, siempre referencian el genio del director nacido en Knoxville, en el año 1963. En esta obra de vida, se cuentan anécdotas que, a todas luces, dan cuenta de
l mundo personal del director, de ese creador prolífico entregado a sus obras. Por ejemplo, se dice que cuando la mamá del director lo increpa de niño por la utilización de palabras soeces en su habitación, Tarantino le dice a ella que no era él, eran los personajes quienes hablaban así. Uma Thurman, tuvo que vivir la pesadilla que le suscitaba la idea de que Tarantino se le abalanzara para tomarla del cuello e intentar estrangularla, todo como una preparación para una de las escenas de Kill Bill. O el suplicio que vivió Eli Roth, para su personaje de Bastardos sin Gloria, que fue aplazado durante varios días en una de sus escenas, hasta que por fin salió iracundo para destrozar a palos a uno de los nazis perseguidos por el grupo élite.
El documental hace un recorrido breve pero ilustrativo de su calidad como
director, por las nueve películas dirigidas por él, excepto, eso sí, por la
última, quizás por motivos de lanzamiento del documental. Por las otras se muestran
experiencias en boca de los actores que hablan de hasta donde está dispuesto a
llegar Tarantino con sus obras. Esta película recuenta detalles de “Reservoir
Dogs”, como su primera gran obra, con muy poco presupuesto, pero con un reparto
de ensueño, que supo pertenecer a este trabajo pese a la novedad de un realizador
fílmico en ciernes. Harvey Keitel o Michael Madsen, apostaron su talento a esta
producción sin mayores miramientos, porque descubrieron algo nuevo, algo que se
salía de los rótulos de algunas películas enclaustradas en ciertos géneros.
Luego de haber mostrado “Natural Born Killers “, a productores que le dieron la
obra a Oliver Stone, continúa su trabajo con “Pulp Fiction”, que deslumbra a la
crítica internacional y relanza la carrera de John Travolta. En Cannes, asiste
con Harvey Weinstein y se roba todos los elogios. Con “Jackie Brown”, Tarantino
tenía la difícil misión de sacudirse de su éxito anterior. Con Palm Grier,
recurre a las películas de “Blackxplotation”, como una demostración de su amor
por cierto género con el cual creció y al cual rinde homenaje tomando lo mejor
de la época, pero siempre acertando con su sello personal. De su anterior “Death
Proof”, se destacan sus escenas acrobáticas, en donde toma fuerza la figura de
su doble Zöe Bell, con quien ha mantenido una sólida relación profesional desde
sus inicios como director. Con “Django”, vuelve al género Western, pero con una
reivindicación antirracista que queda demostrado en su final, con el héroe
caminando con la chica al lado y dirigiéndose hacia el horizonte victorioso. Y
con su “Hateful eight”, revitaliza la figura de Kurt Russell y filma en 70
milímetros con el fin de mostrar el paisaje en toda su dimensión, así como la
figura de los actores que participan en esta gran película.
De este recuento se pueden colegir varias cosas. La primera es la gran
familia que ha ido edificando a lo largo de estos 21 años de carrera. Segundo,
la disciplina y la fijación de normas claras de trabajo, acogidas por los
actores con plena fidelidad. Tercero, la independencia artística que ha tenido y
por la cual ha tenido la desfachatez de contratar a los actores que ha querido,
como Robert Forster, cuya carrera había sido oscurecida por los productores
actuales. Cuarto, su relación con Harvey Weinstein dio muy buenos frutos
profesionales, pero la mancha inequívoca de aquella supuso un silencio
reprochable de Tarantino que no lo niega, pero no lo excusa. Muchas de sus
amigas fueron acosadas sexualmente por el productor, como Uma Thurman, por
ejemplo.
“QT8 The first eight” es un elogio justificado a uno de los artistas audiovisuales
más originales de las últimas dos décadas. Los temas de sus películas han inspeccionado
las vísceras de la cultura estadounidense mostrando sus proclividades agresivas
y violentas que tienn una sociedad presa de sus propios demonios hiperconsumistas. De su estética, hay un mundo singular que embellece
la vida de personajes que pertenecen al mundo exterior. Ver una película de Tarantino es aprehender la
realidad a través de la belleza de sus imágenes.


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