Mujercitas en el margen
De Greta Gerwig
Un hombre maduro se va a la cruenta Guerra de Secesión que sumió a los
Estados del Sur y a los Estados del Norte en Estados Unidos en un marasmo de
familias separadas, mientras sus cuatro hijas se quedan en casa junto a una
madre escasa de recursos económicos para alimentarlas. Las cuatro jovencitas
tienen intereses distintos en la vida; una de ellas, Amy, la mayor, se
compromete con un hombre a quien no ama y el matrimonio se convertiría en una
forma fácil de configurar su futuro, pero también en la manera más expedita de
arruinar sus sueños de ser una artista consagrada que aspira sin duda al amor
con un muchacho que está enamorado de su segunda hermana; Jo, es una joven
madurada prematuramente y desencantada de las posibles consecuencias que
tendría en su vida si asume un rol natural para las mujeres de la segunda mitad
del siglo XIX, en esa época victoriana tan autocontenida moralmente:
matrimonio, asumisión de labores domésticas, guardar los protocolos sociales…,
por el contrario ella prefiere salirse de los esquemas para dedicarse a su pasión que es la
escritura de novelas; la tercera de ellas, Beth, es una joven usual de temperamento
domable y poco resistente a las críticas
que algunas personas de su medio le lanzan y, la última, la más jovencita, es
un pequeños ser enfermizo que concita los cuidados y los cariños de sus padres
y hermanas mayores.
Esa es la historia de “Mujercitas”, novela publicada en el año de 1868 por
la escritora de la misma nacionalidad, Louisa May Alcott, cuyas vivencias
infantiles en Concord, Massachusetts, se convirtiera en fuente de inspiración
para la obra que inmediatamente se erigió en la novela más leída de su década,
aunque también algunos capítulos y personajes hagan alusión clara a una obra
literaria de 1678 llamada “El camino del Peregrino” que sirvieron para terminar
de estructurar esa obra. Aunque la novela, inicialmente se consideró modelada y
dirigida a mujeres y por tanto menospreciada, inmediatamente se volvió un éxito
de ventas que cruzó el océano para ser leída en el mundo entero.
Ahora, se estrena la octava adaptación cinematográfica de esta novela de
época con unos tintes refrescantes tanto por su forma como por su contenido,
siempre vigente. Por su forma, las actuaciones de estas cuatro actrices que son
marca garantizada de éxito dentro de los jóvenes por sus apariciones frecuentes
en el cine y en la televisión del mundo, no solamente ofrecen un buen trabajo
interpretativo sino que se hayan en una clara coordinación estética con la
modelación actoral actual. Actrices como Saoirce Ronan, han tenido una
trayectoria vertiginosa y al mismo tiempo exitosa, desde su bella “Brooklyn”
hasta la tan comentada “Lady Bird” serán llamadas a convertirse en las
intérpretes histriónicas que dominarán la escena fílmica mundial durante varias
décadas, así como la joven inglesa de 24
años, Florence Pugh cuya aparición meritoria en “Lady Macbeth” ya le abrieron
lugar en el cine de la actualidad; también la hermosa señorita de la saga de
“Harry Potter”, Emma Watson, complementa esta obra al lado de su hermana de
historia, Beth, interpretada por la actriz australiana Eliza Scalen. De estas jóvenes actrices surgen actuaciones
pertinentes para esta historia, son funcionales para la reedición estética de esta
obra literaria que muestra un mundo diferenciado por clases sociales en donde
el dinero sigue mandando aun en medio de una conflagración tan sanguinaria como
La Guerra Civil estadounidense. Por el contenido, la película muestra la moral
de la época, heredada ineludiblemente de una sociedad inglesa, compelida a
desahuciar los talentos intelectuales de las mujeres de la época. Tanto la
novela como la película siguen fieles a las intenciones de las autoras de ambas
obras, quienes muestran un cuadro de costumbres de una serie de niñas de
estrato social bajo que asumen las obligaciones maritales como un superyo
inviolable que es imposible traspasar
sin no sufrir las consecuencias represivas de la sociedad, especialmente
de los hombres para quienes son dispuestas por las superestructuras y por la misma
familia, institución que consciente e inconscientemente ofrece las herramientas
para que se adapten a unas condiciones necesarias si quieren insertarse en la
moralidad de aquella época. Además, el contenido viene dado por los personajes
masculinos que buscan una compañera para compartir sus vidas y los demás
personajes de la película son arquetipos necesarios que alumbran los hilos de
la religión, por ejemplo, del estado como un gran jefe que tiene como fin
defender a la Nación americana. El joven rico, interpretado por el excelente actor
francoestadounidense Timothée Chalamet, usa sus maneras sarcásticas para
denotar en la conciencia de las niñas, la ordinariez de vestuario y de
comportamientos en las jóvenes niñas que hacen parte de una clase social baja.
Su comportamiento recibe un fuerte golpe con los rechazos sistemáticos de Jo,
la escritora, quien tiene otras aspiraciones en la vida distintas a las de ser
madre, pero la presión social, mejor la presión interna, la que le ordena la
conciencia, la impelen a buscar una compañía masculina para compartir su
existencia. El amor, tal vez, es una idealización de las propias obsesiones que
se encarnan en otra persona. Pero, como muestra la historia, las mujeres de esa
época prefieren adaptarse sin chistar para encajar en un entorno desventajoso
para ellas.
“Mujercitas” es una película que sigue enfatizando la carencia de ideas
nuevas y que las historias son atemporales cuando pueden escarbar en las
entrañas del alma humana.

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