Los dos papas de Fernando Meirelles



Sin la exuberancia visual de algunos de sus filmes anteriores, como el tan renombrado “Ciudad de Dios”, el cineasta brasileño de 64 años y nacido en Sao Paulo, Fernando Meirelles, esta vez nos presenta “Los dos papas” con una narración más bien pausada aunque tenga ciertas discontinuidades estéticas que no logran deslucir esta obra tan humana a pesar de centrar su atención en dos figuras  relevantes para el mundo contemporáneo. Esos hombres disimiles en ideas pertenecen a dos caras de la misma moneda porque llevan dentro de sí una fe  a prueba de todo que les granjeó el respeto de la gente, el primero por su enorme erudición pero alejado de las necesidades de los feligreses que lo  han denostado cada vez que pueden y el segundo, por el sincero afecto de la gente común que caminando por las calles bonaerenses le hacían saber su cariño hacia ese hombre humilde, proveniente de las gargantas más abandonadas de esa nación porteña.
Joseph Ratzinger asumió el trono de San Pedro en el año 2005 y renunció a  este para convertirse en papa emérito en el año 2013 mientras Jorge Bergoglio, luego de haber sacado la segunda votación en el cónclave de 2005, asume su investidura en medio de una grave crisis en que se encontraba la Iglesia Católica. Ambos papas se desencuentran en puntos esenciales que la Iglesia lucha por desempañar de las críticas frecuentes de la comunidad de fieles y a pesar de esas diferencias lo que prima dentro de esa obra canónica es la institucionalidad.
La película no escarba en el pasado de Benedicto XVI por sus actuaciones polémicas durante sus años juveniles en medio de los crímenes cometidos por los nazis en Alemania y en gran parte de Europa. En cambio, remueve agudamente las actuaciones de Francisco durante la tenebrosa dictadura de  Jorge Rafael Videla, quien sumió a la Argentina en una serie de atropellos contra la población civil desde el año 1976 al año 1981. Meirelles parece cobrarle los devaneos con  el militar argentino que hizo parte de la junta, Emilo Eduardo Massera, uno de los lugartenientes del dictador, cuyos ataques contra los franciscanos los llevaron a  asesinarlos porque estos sacerdotes se pusieron del lado de la gente que se atrevió a criticar el Régimen. Bergoglio, por estas actitudes, ha recibido la animadversión de gran parte de la sociedad argentina que parece ser más crítica de este papa que el resto de la población mundial. Sin embargo, el director recalca el carisma del papa suramericano; su personalidad, su profunda entrega a la gente más humilde, su coherencia con la comunidad franciscana, son elementos que se destacan en esta película. Para Bergoglio, la prioridad siempre fueron sus  sacerdotes  a quienes protegió durante la dictadura según le cuenta a Ratzinger en esas largas conversaciones sostenidas en distintos escenarios del Vaticano y de la casa papal de verano en Italia. En esas confidencias, el papa  le cuenta a quien sería su sucesor sobre algunos detalles de su personalidad como las preferencias musicales por lo clásico y también por el amor que le profesa  a la lectura y a la escritura. Por su diferencia de personalidad, ambos papas se unen en la entrega al mundo católico. Ratzinger es una figura que intenta conservar los principios fundadores de una iglesia en continuo desprestigio, en medio de escándalos de pedofilia y abuso sexual por parte de la jerarquía eclesiástica con el agravante de que los prelados  taparon esos crímenes para mantener el buen nombre de la institución. Aunque sobre esos aspectos la película no ahonda, el carácter polémico de las dos figuras tiene  en la mira el mantenimiento de la fe católica por encima de todo.
El director hace uso de los flash backs para mostrar la formación de Bergoglio en Argentina hasta el año 2013. Los años 1956, los años 2005 y los años 2013 son claves en el transcurso de su vida. Parece que, a pesar del protagonismo de Ratzinger, la película es una biografía sobre el papa argentino. Ratzinger es solo un apalancamiento para contar la vida de su sucesor. Estas idas y venidas entre años, rompen un poco con la narración porque aparecen como un conjunto de escenas ajenas a la unidad de la obra. Con “los dos papas” asistimos a la exhibición de dos películas en una misma obra fílmica
No se pueden dejar pasar los buenos roles asumidos por Anthony Hopkins en el papel de Ratzinger y de Jonathan Pryce, en el papel de Bergoglio. Complementados por el actor argentino Juan Minujín, estos actores construyen interpretaciones sólidas, Hopkins con esa recia mirada que retrata bien la  mirada del papa emérito, en tanto, Pryce, asume esa calidez de gestos y de miradas que transparentan el rostro de Bergoglio. Esos dos actores han llegado a la madurez con su talento interpretativo intacto.  Logran  desarrollar trabajos superlativos especialmente en la intensidad que se trasluce en cada uno de los diálogos que alcanzan sus máximos posibles en la Capilla Sixtina, con las figuras angelicales registrando cada una de las palabras que salen de la boca de ambos personajes
“Los dos papas” es una obra bibiografica que magnifica dos prelados importantes para el mundo actual. Pese a los cuestionamientos narrativos de la obra, técnicamente la película pasa la prueba. No sólo su bella musicalización, sino el enorme virtuosismo virtual, permiten favorecer las críticas sobre este filme.


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