La anestesia de la
reina
De Bryan Singer
A Ramy Malek se le apareció un
papel que lo sacó del ostracismo cinematográfico en que vivió durante todos
estos años, en que interpretó papeles de
baja denominación. Con “Bohemian Rhapsody”, de Bryan Singer, por fin ha podido
demostrar lo buen actor que es. Esta película, puede decirse, está soportada en
su mayor medida por el trabajo de este actor de ascendencia egipcia, en cuyo
regazo descansa el recuerdo de Freddye Mercury, un coterráneo inmortalizado
para la música por su rol en la vida, que fue la de alegrar el alma de miles de
admiradores de él y de su arte a lo largo y ancho del planeta.
A su director le rescindieron el
contrato por faltas al orden del rodaje, según dicen algunos miembros del
equipo de trabajo. Singer es un realizador eficaz, con la rara habilidad para
hacerse querer del público masivo como del público especializado. Por eso, los
productores del filme iban a la fija cuando pensaron en su nombre.
La película tiene por nombre una
de las canciones más emblemáticas del rock. Su letra es una nebulosa brillante
en el universo musical porque además de anonadar con su unidad, es una
combinación excepcional de canciones y ritmos dentro de la misma obra de más de
6 minutos de duración, hecho que se convirtió en un hito sonado una y mil veces
en las radios del mundo entero. En la obra, esta elaboración puede asimilarse a
la de un artesano que quita y pone pedazos de material para darle forma a algo
que su mente ha confeccionado con ese talento que sólo los artistas pueden
llevar a cabo. Mércury se encuentra reflejado en esta canción como si hubiera
puesto los trozos de su alma en la obra de su vida. Un iconoclasta como él supo
romper todos los esquemas, experimentar con todas las posibilidades del sonido
y además hacer que su público siguiera adorándolo, aún hoy, cuando “Bohemian
Rhapsody” se añeja como el vino, en este
mundo musical actual tan monolítico.
Varios son los puntos fuertes que
tiene la obra cinematográfica. En primer lugar, como ya se advirtió en párrafos
supracitados, la interpretación de Malek, revive la figura de Mércury, incluido
su aspecto físico que ayuda a hacer más creíble dicho personaje. El actor
estadounidense, conocido por “Yo robot”,
se entrega en cuerpo y alma en todas las escenas, sobresaliendo las que tienen
lugar en Wembley en un maravilloso
concierto que todos sus fans recuerdan. Ese es precisamente el retorno del
grupo a la vida pública luego de su separación por decisión unilateral de su
cantante, harto de hacer lo mismo. No sólo su gestualidad, sino su voz, la
simulación de los shows, sus miradas llenas de picardía pero también de un
profundo dolor, hacen de este papel un trabajo impresionante que, junto a
Willem Dafoe, se estarán disputando el premio a mejor actor en los Óscar 2019
como los más opcionados. En segundo lugar, las escenas musicales, tanto en los
estudios como en los grandes escenarios públicos donde
Queen realizaba sus conciertos, están bien elaboradas; la expresividad
de Malek, la conjunción de la voz con el resto de miembros de la banda, las
caídas y los levantamientos del grupo, especialmente de Mércury, coadyuvan a la constitución una buena obra. En tercer
lugar, porque la película es un buen esbozo de la vida de un gran artista y de
una banda icónica para la música del siglo pasado. Las nuevas generaciones
pueden absorber un pequeño polvo de aquella música creativa que se infiltra por
los poros de un ser humano como un bálsamo.
No obstante, también hay aspectos
débiles que valen la pena mencionar. Por
ejemplo, por momentos pretende ser grandilocuente, ensalzando de modo supremo
la figura de Mércury, con sus gestos y con algunas frases que se quieren
presentar a la posteridad, pero, en lugar de lograr ese propósito este conjunto
de escenas en las que aparecen, cojea.
También se puede hablar de los papeles secundarios como los de Briam
May, Roger Deacon y Roger Taylor, quienes no se encuentran a la altura del rol
interpretado por Ramy Malek; sus expresiones de rencor o de decepción o sus
gestos de complicidad con su vocalista, apenas son un chiste. La única actriz
que se encuentra a la altura del
protagonista es Lucy Bointon, quien interpreta a la mujer de Mércury, Mary Austin.
Su credibilidad está presente en cada una de las escenas en que aparece,
especialmente, al lado del vocalista de Queen. Austin, vivió 6 años de su
existencia al lado de Mércury y luego sería su máxima heredera.
A “Bohemian Rhapsody” le faltan
cosas como la profundización de la relación entre el hijo pródigo y su familia.
Al final, obra la reconciliación entre un padre zoroastrista y un rebelde con
causa que le entregó felicidad al mundo a costa de la propia. De la enfermedad del músico no se habla mucho,
sólo para dar información a un público que profesa una gran admiración por un
artista consumado. El SIDA lo atacó como un bandido despiadado que se adelantó
a los avances de la medicina actual.
Como un homenaje la película funciona. “Bohemian rhapsody” ha quedado como una buena
fotografía en movimiento cuya
composición se confunde con la música. Freddye Mércury nació para el
arte musical. Su personalidad y su trabajo le han guardado un lugar en el
corazón de la eternidad. El siglo XX no sería el mismo sin Queen.

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