Moderar el miedo
De Ziad Doueiri
Este año el Oscar a mejor
película en idioma distinto al inglés fue para la obra del director chileno
Sebastián Lelio llamada “Una mujer fantástica”. Una de sus contendoras, quizá
la más fuerte, era “El insulto” del director libanés Ziad Doueiri, quien ya
había dado de qué hablar positivamente por una obra fílmica anterior llamada “West
Beirut”, en donde se advierten los mismos intereses de aquel cineasta que
muestra recurrentemente las heridas que aún perviven en los hombres y las
mujeres que tuvieron que padecer esa terrible guerra librada en su patria, y en
donde, tanto palestinos y cristianos, se convirtieron en víctimas de ataques
recíproco por una vieja reyerta entre ambos bandos y que el tiempo ha
hecho que se inflame la llama de la discordia.
“El insulto” es una provocación.
Es la explosión de la furia por un pequeño hecho que arde en los corazones de
personas acostumbradas a acumular miedos, de guardar odios y de lanzar
reacciones ofensivas que no son otra cosa que el resentimiento contenido
durante muchos años, con el cual han sabido lidiar las autoridades, los
civiles, dentro de los cuales se pueden contar madres, hijos, niños, ancianos,
etc, víctimas y victimarios al mismo tiempo, de un conflicto que aparentemente
ha terminado pero que aún conserva una secuela de sentimientos negativos que
aún no permiten reanudar la marcha hacia otra cosa, quizá un país más
progresista. Toni, un día riega las
plantas en un balcón de su casa que no cumple con las normas urbanísticas hecho que provoca la visita de un constructor
llamado Yasser que le advierte sobre esa infracción, a lo cual aquel, reacciona
haciendo caso omiso del reclamo. Este, sella el tubo, y por eso Yasser insulta
al residente. Un altercado simple genera toda una explosión jurídica,
mediática, política y cultural, en donde quedan envueltos todos los familiares
de ambas partes. Incluso, el director hace ver a las mujeres de la película
como seres conciliadores, capaces de hacer de lado su orgullo con el fin de
aminorar un revuelo irracional. Como dos personajes trascendentales de la obra,
encontramos al abogado demandante que ha sido cercano a la causa cristina en el
Líbano y, del lado de la defensa, se haya una abogada renombrada, hija del
litigante opositor, con lo cual, toda la trama adquiere un talante endogámico
no solamente por su forma sino por el trámite de los acontecimientos, pues se
aprecian algunos giros tendenciosos que no dejan fluir libremente el curso de
los hechos. Con todo y ese arsenal de defectos la película permite visualizar
las razones de la partes, es posible advertir las causas de tantos odios contenidos
como una bomba inactiva que en algún momento habrá de hacer explosión.
Asimismo, si los elementos están
expuestos como un conjunto de razones comprensibles, también se ponen las
claves de la conciliación, de la cual solo basta explorar las sensibilidades encontradas por
ese material común del cual está compuesto el ser humano. La paz es posible si
los contrincantes pueden hacer catarsis exponiendo las causas de sus tormentos
que se han asentado casi arquetípicamente en el alma de los hombres. Con las cartas
puestas en la mesa, se pueden extraer las soluciones a una disputa histórica, pero sobretodo
existencial en cada uno de los individuos que forman parte de ese país
devastado por el pasado bélico y que ahora palpita en la vida de sus ciudadanos
con preocupante silencio. Los palestinos, siguen como parias del mundo en su
propia tierra debido al inmenso poder que tiene su oponente y que ha sido un
aliado permanente de los cristianos libaneses, enfrascados en una guerra sin
cuartel con aquellos.
La película, más que una
disertación audiovisual sobre un conflicto regional casi con alcance orbital,
es más bien una reflexión estética sobre la condición humana, en donde, se
muestra la fragilidad del hombre por la ardorosa lucha interna inflamada por
sentimientos de todo tipo que aunados en situaciones concretas, van originando
una historia social e individual que desnuda la esencia del ser humano. Solo los afectos, en la confrontación
directa de hombres de carne y hueso, pueden generar actitudes solidarias que
despiertan aún más la infinita bondad de las personas.
En “el insulto” se trata un tema
que parece manido por la repetición mediática que desata los odios de uno y
otro lado, de algunos que siguen defendiendo el orden y “la compostura”,
mientras que por el otro, se levantan los apoyos a un pueblo menos poderoso que
el judío y que ha sido víctima de ataques sistemáticos. Como se dijo antes, los
problemas políticos son inherentes a la
condición humana porque son las consecuencias lógicas de las necesidades y
deseos humanos de sobresalir en el mundo, incluso algunas veces llevándose a los otros por delante. Las decisiones son
obras humanas que se encuentran impregnadas de la esencialidad que une a hombres y mujeres en eso que llamamos
humanidad.
En varias escenas de la película
se observan muestras de tolerancia y
respeto cuyos individuos reflexionan constantemente sobre sus acciones,
acciones impelidas por las actuaciones de los otros. El director tiene la habilidad de mostrar
distintos puntos de vista sin rigideces de proceder a pesar de la defensa a ultranza de convicciones enquistadas
naturalmente. Se pueden flexibilizar los
actos con las situaciones, en donde los otros expresan sus puntos de vista
sobre la realidad. El miedo y sus consecuencias no son absolutos. El
comportamiento humano también puede dominarse ante las presiones máximas.

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