Sinfonía en negro de
Joaquín Phoenix
De Lynne Ramsey
Con “Todos necesitamos saber
sobre Kevin”, la directora escocesa de 48 años ya se había labrado un nombre en
el campo cinematográfico mundial, prueba de ello, es que Lynne Ramsay, ha
venido siendo invitada a varios de los festivales cinematográficos más importantes
del planeta. Sus películas son creaciones muy íntimas sobre temas espinosos en
donde sus personajes libran una batalla contra su propia personalidad, en la que
esa autodestrucción marcada, se
convierte en quizá la única manera de expiar parte de sus culpas,
adquiridas a lo largo de sus
experiencias anteriores, con lo cual, los actos en que se desenvuelven
constituyen un proceso de destrucción, a
veces consentido por quienes los rodean. Con esta nueva película, por la
cual siguió consolidando lo que hace apenas unos pocos años era una simple
sospecha de buena directora, ratifica ese prestigio labrado a pulso en un medio
artístico que no brilla necesariamente por la falta de machismo y ahora es toda
una celebridad autorial. En Cannes ya tuvo la oportunidad de ser uno de los
jurados en el año 2013, suceso que tuvo su continuidad en el Festival de Cine
de Venecia del año 2015. “En realidad nunca estuviste aquí”, es una película
con un título en primera persona, como un reconocimiento de una víctima a alguien que ha pasado parte de su vida
salvando inocentes de las garras de los proxenetas. Un hombre con un pasado
heroico, pues formó parte del cuerpo de marines de los Estados Unidos, se
dedica cada noche a liberar a jóvenes secuestradas por abusadores quienes las
usan como objetos sexuales en los mercados de adolescentes prostitutas. Joe
toma fuerza para llevar a cabo
semejantes actos de superhéroe nocturno de un sinfín de manías que palian en
algo esa enorme carga de remordimientos, contra los desafueros de su conciencia
porque se debate entre las culpas pasadas y las bondadosas manifestaciones de
ayuda a esos seres indefensos en una sociedad maltratadora. Mediante actos como
respirar al límite entre una bolsa plástica para retener o limitar parte del
aire, o martirizar su cuerpo de un modo extremo, este marine, invoca clemencia
de la providencia para sanarse, aunque sabe que su alma ya está previamente
condenada por un destino sobrenatural e incomprensible para él.
La directora es cuidadosa en
mostrar las razones por las cuales un hombre proscrito como él hace lo que
hace, no cabe un decálogo de principios exógenos que juzgue sino un proceso
interior con repercusiones exteriores que inicia con un menesteroso deber,
impuesto por un Estado autoritario. Esa disposición deliberada en la autora de
la obra, la lleva a construir todo un universo al personaje de Joe porque éste
cimienta sus conductas criminales en crímenes “injustificados”. Este carácter
justiciero parecería tener anuencia moral debido a una provocación impuesta por seres malignos
que pueden atentar contra el sostenimiento de la sociedad, pues atacan la matriz primordial de la vida. Joe tiene una
madre anciana que ya difícilmente se vale por sí misma, Joe parece un buen
hombre que cumple con los deberes en la casa, Joe sale en las noches de manera silenciosa y nadie duda de él, Joe
no tiene amigos, porque su misión fundamental es defender a seres que nadie ve
y todo el mundo descuida, excepto sus familiares o personas cercanas.
Finalmente, Joe, es una víctima más de las circunstancias, un solitario
empedernido que se encarga de limpiar de rufianes este mundo atribulado por el
mal.
La película se esfuerza por no
dar cabida a juicios morales que puedan condenar a un hombre al que los
espasmos de conciencia ya no le caben, porque todo este aparataje criminal que
constituye la sociedad requiere víctimas y victimarios. Los demás están ahí en Joe, han descargado su
responsabilidad en él, para que castigue lo que la sociedad ya ha juzgado
veladamente, por eso, nada de lo que pueda realizarse para curar ciertas
“enfermedades sociales”, es suficiente. En el fondo, Joe es un héroe, a pesar de sus métodos, aciagos paños tibios contra un mundo que
expide maldad por cada uno de sus poros.
La película muestra ambientes
ensombrecidos por las circunstancias para las cuales, la noche se convierte en
una cómplice necesaria. La liberación de esa pequeña joven de manos de los
delincuentes, es el botín favorito de este despiadado héroe que ya ha recaudado
una fama merecida de misántropo sanguinario. Sus procedimientos son poco
ortodoxos, pero son efectivos en un ambiente dominado por el hampa, de la que muchos
prefieren no señalar, porque quisieran ver sometida por unos cuantos. La obra
es una sinfonía en negro interpretada por un solo músico: Joaquín Phoenix
(trabajo éste por el que obtuvo el premio al mejor actor en el Festival de cine
de Cannes) Este actor despliega un talento demostrado en todas las obras en que
ha participado. Ha construido un superhéroe de historieta sin los clichés de
éste género, para quienes solo el bien y el mal constituyen los caminos
posibles a la encrucijada de la vida. Phoenix, hace uso de sus mejores
recursos. Una expresividad fácil de claros visos de sufrimiento que enriquecen
a Joe. De sus facciones, la transformación sutil puede arrancar grandes
demostraciones de penuria representada en actos de plena furia. No pudo haber
una elección mejor que la de este gran actor, uno de los mejores que ha pisado
la escena cinematográfica actual.
“Realmente nunca estuviste aquí”,
es un acto de complicidad de una artista ya consagrada en las lides
cinematográficas, a quien habrá que seguir en sus próximos trabajos con mucha
atención.
Con “Todos necesitamos saber
sobre Kevin”, la directora escocesa de 48 años ya se había labrado un nombre en
el campo cinematográfico mundial, prueba de ello, es que Lynne Ramsay, ha
venido siendo invitada a varios de los festivales cinematográficos más importantes
del planeta. Sus películas son creaciones muy íntimas sobre temas espinosos en
donde sus personajes libran una batalla contra su propia personalidad, en la que
esa autodestrucción marcada, se
convierte en quizá la única manera de expiar parte de sus culpas,
adquiridas a lo largo de sus
experiencias anteriores, con lo cual, los actos en que se desenvuelven
constituyen un proceso de destrucción, a
veces consentido por quienes los rodean.
Con esta nueva película, por la
cual siguió consolidando lo que hace apenas unos pocos años era una simple
sospecha de buena directora, ratifica ese prestigio labrado a pulso en un medio
artístico que no brilla necesariamente por la falta de machismo y ahora es toda
una celebridad autorial. En Cannes ya tuvo la oportunidad de ser uno de los
jurados en el año 2013, suceso que tuvo su continuidad en el Festival de Cine
de Venecia del año 2015. “En realidad nunca estuviste aquí”, es una película
con un título en primera persona, como un reconocimiento de una víctima a alguien que ha pasado parte de su vida
salvando inocentes de las garras de los proxenetas. Un hombre con un pasado
heroico, pues formó parte del cuerpo de marines de los Estados Unidos, se
dedica cada noche a liberar a jóvenes secuestradas por abusadores quienes las
usan como objetos sexuales en los mercados de adolescentes prostitutas. Joe
toma fuerza para llevar a cabo
semejantes actos de superhéroe nocturno de un sinfín de manías que palian en
algo esa enorme carga de remordimientos, contra los desafueros de su conciencia
porque se debate entre las culpas pasadas y las bondadosas manifestaciones de
ayuda a esos seres indefensos en una sociedad maltratadora. Mediante actos como
respirar al límite entre una bolsa plástica para retener o limitar parte del
aire, o martirizar su cuerpo de un modo extremo, este marine, invoca clemencia
de la providencia para sanarse, aunque sabe que su alma ya está previamente
condenada por un destino sobrenatural e incomprensible para él.
La directora es cuidadosa en
mostrar las razones por las cuales un hombre proscrito como él hace lo que
hace, no cabe un decálogo de principios exógenos que juzgue sino un proceso
interior con repercusiones exteriores que inicia con un menesteroso deber,
impuesto por un Estado autoritario. Esa disposición deliberada en la autora de
la obra, la lleva a construir todo un universo al personaje de Joe porque éste
cimienta sus conductas criminales en crímenes “injustificados”. Este carácter
justiciero parecería tener anuencia moral debido a una provocación impuesta por seres malignos
que pueden atentar contra el sostenimiento de la sociedad, pues atacan la matriz primordial de la vida. Joe tiene una
madre anciana que ya difícilmente se vale por sí misma, Joe parece un buen
hombre que cumple con los deberes en la casa, Joe sale en las noches de manera silenciosa y nadie duda de él, Joe
no tiene amigos, porque su misión fundamental es defender a seres que nadie ve
y todo el mundo descuida, excepto sus familiares o personas cercanas.
Finalmente, Joe, es una víctima más de las circunstancias, un solitario
empedernido que se encarga de limpiar de rufianes este mundo atribulado por el
mal.
La película se esfuerza por no
dar cabida a juicios morales que puedan condenar a un hombre al que los
espasmos de conciencia ya no le caben, porque todo este aparataje criminal que
constituye la sociedad requiere víctimas y victimarios. Los demás están ahí en Joe, han descargado su
responsabilidad en él, para que castigue lo que la sociedad ya ha juzgado
veladamente, por eso, nada de lo que pueda realizarse para curar ciertas
“enfermedades sociales”, es suficiente. En el fondo, Joe es un héroe, a pesar de sus métodos, aciagos paños tibios contra un mundo que
expide maldad por cada uno de sus poros.
La película muestra ambientes
ensombrecidos por las circunstancias para las cuales, la noche se convierte en
una cómplice necesaria. La liberación de esa pequeña joven de manos de los
delincuentes, es el botín favorito de este despiadado héroe que ya ha recaudado
una fama merecida de misántropo sanguinario. Sus procedimientos son poco
ortodoxos, pero son efectivos en un ambiente dominado por el hampa, de la que muchos
prefieren no señalar, porque quisieran ver sometida por unos cuantos. La obra
es una sinfonía en negro interpretada por un solo músico: Joaquín Phoenix
(trabajo éste por el que obtuvo el premio al mejor actor en el Festival de cine
de Cannes) Este actor despliega un talento demostrado en todas las obras en que
ha participado. Ha construido un superhéroe de historieta sin los clichés de
éste género, para quienes solo el bien y el mal constituyen los caminos
posibles a la encrucijada de la vida. Phoenix, hace uso de sus mejores
recursos. Una expresividad fácil de claros visos de sufrimiento que enriquecen
a Joe. De sus facciones, la transformación sutil puede arrancar grandes
demostraciones de penuria representada en actos de plena furia. No pudo haber
una elección mejor que la de este gran actor, uno de los mejores que ha pisado
la escena cinematográfica actual.
“Realmente nunca estuviste aquí”,
es un acto de complicidad de una artista ya consagrada en las lides
cinematográficas, a quien habrá que seguir en sus próximos trabajos con mucha
atención.
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