Luchar contra el viento

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De Sebastián Lelio

“Una mujer fantástica” del director Chileno Sebastán Lelio ha pasado por el mundo dejando un buen sabor de boca como una de esas películas valientes, que muestran la osadía de una dama para enfrentarse a una sociedad conservadora, que en este caso, también ha pasado por una desgarradora dictadura, con la cual la historia de ese país meridional, no ha podido desligarse. Lelio ya había dado de qué hablar con su película “Gloria”, en la cual, también muestra la valentía de una mujer al querer reconducir su vida ante las manías sociales de acartonamiento, rendición y sanción moral, de las que, algunas personas difícilmente se escapan. En ambas obras, sus protagonistas son mujeres atribuladas por la represión, con una fuerte convicción de defender su individualidad, vulnerada por las miradas despiadadas de los otros, que también ejercen una fuerte presión con sus restricciones de maniobrabilidad en una clara limitación de desfogue de los deseos que buscan satisfacción como si ese hecho fuese en sí considerado malo.
El cine chileno sigue demostrando que ha llegado a una etapa de madurez artística de proporciones asombrosas y ahora se convierte en la tercera de las potencias fílmicas latinoamericanas que es capaz de expresar en imágenes sus problemas fundamentales, que sin lugar a dudas, son una clara manifestación de voces ahogadas por mucho tiempo en un contexto profundamente conservador, al que las expresiones disidentes, les ha tocado luchar en contracorriente. En esa cinematografía conviven apuestas de marcados tintes políticos con propuestas que intentan expresar necesidades de eclosión y visibilización de obsesiones personales que son interesantes puntos de vista sobre el individuo. Ese es el caso de obras como “Machuca”, “El club”, “No”, “Neruda” y las  dos ya mencionadas. Hoy sus dos principales exponentes son los  jóvenes artistas Pablo Larraín y  Sebastián Lelio que además han sabido ganarse un nombre en el campo cinematográfico mundial, con sus propuestas personales pero también comerciales que le han abierto un camino a ese país en la globalización del cine.
Co esta nueva película Lelio ha ratificado una de sus obsesiones fundamentales  y es la de crear personajes que luchan contra todo por defender sus convicciones en una obstinación personal que vence obstáculos como si el director estuviese enviándole un mensaje de crítica a la sociedad chilena que ha construido una serie de principios liberales, sobre todo económicos, pero con un marcado acento conservador. Ese descontento es descargado en el trabajo de actores que soportan sobre sus hombres todo el peso de la película, sucede con Paulina García en “Gloria”  y ahora con Daniela Vega. Ésta, una cantante lírica talentosa, funciona en el papel de Marina Vidal, Sus aciertos son mayores que sus deficiencias histriónicas, pero la seriedad y la convicción imprimidas en su trabajo, hacen de esta película bien construida, una obra placentera, que se celebra a la vez como una provocación y una ratificación de que temas como este, el de la discriminación sexual, es una realidad desveladora. A Marina se le endilgan recriminaciones lanzadas desde todos los flancos y cuyo único  “pecado” constituye su honestidad, la de expresar sus sentimientos como vienen  aún en contra de  los ataques de personas cercanas. Los familiares de su esposo son un ejemplo de que los odios entre las personas a veces parten de quienes comparten espacio con los individuos aislado de los otros por sus principios. Como mujer transgénero, Marina busca razones para entender por qué ha suscitado odios tan encendidos. Ella se pregunta por qué los hijos de su esposo desconocen casi totalmente la vida de su padre y ahora arrecian sus embates contra ella.
Si bien, el personaje de Marina responde  a las exigencias del trabajo, me parece que hay un acento fuerte en enrostrar excesivamente la personalidad de Daniela. Ambas luchan contra fuerzas parecidas en campos distintos. El trabajo de esta actriz incipiente, cumple con los propósitos de la obra pero hay una tendencia desproporcionada a exaltar a un personaje público que se esfuerza demasiado en mostrar con una aparente naturalidad, su modo de ser. Estamos ante un sobre esfuerzo que se nota demasiado por lograr un trabajo actoral exigente que funcional por la fuerza del guion. Daniela tiene una gestualidad marcada con ceño fruncido que tal vez sea el producto de su lucha contra las prevenciones morales. Se advierte su profunda decisión de mostrarse como es, desafiando preceptos, luchando por continuar con la defensa de las oprimidas como ella. Lelio la trata como un objeto de admiración al meterla en un personaje polémico en un tema menos vedado que antes pero que aún sigue despertando resquemores sociales. Tal vez, el enorme talento como cantante de Daniela es el motivo perfecto para construir un personaje tan complejo, vulnerado repetitivamente por agresores discriminadores.
“Una mujer fantástica” es una buena demostración de que en el cine los temas vedados tienen una apertura distinta, con un poder admirable de influir en un público amplio. El cine chileno ha comprendido que su liberalización económica también debe envolver el arte fílmico, combinando intereses íntimos de autoría con las necesidades del mercado. Porque en un mundo globalizado los medios de comunicación han reemplazado otros métodos de reflexión como la lectura. En ese sentido, el cine sigue siendo la mejor de las posibilidades para que los artistas expresen su sensibilidad. La estética ha ido cambiando con ésta, pero la naturaleza humana permanece abierta a sentimientos que han mutado poco a lo largo de los años.








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